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domingo, 28 de mayo de 2017


Es casi un chiste con mi pareja que cada vez que a él o a mi nos duele algo, físico o psíquico, invariablemente culpo al clima o a cualquier otro suceso atmosférico o estratosférico que esté ocurriendo en ese momento.
Ahora bien, no hago esto para liberarme de mi parte de responsabilidad en la situación doliente; es más un tema de poner mis problemas dentro de un contexto más amplio y reconocer como, en cierta medida, todo ejerce su influencia sobre todo lo demás y nada existe en un tupper aislado.
Reconocer la interrelación de todo me devuelve un poco de poder, ya que pone ciertas acciones a mi alcance. Quizás no pueda hacer nada por solucionar directamente lo que me duele, pero sí puedo jugar un poco con modificar mis circunstancias, mi contexto, mi ambiente interno o externo (ponerme un buzo, limpiar la casa, tomar agua, salir a correr, dormir una siesta, etc.) para acomodarme mejor a las condiciones “atmosféricas” presentes. A veces, es trabajando sobre algo aparentemente alejado y desconectado de mi problema actual que el tema en cuestión parece solucionarse “mágicamente” y por sí solito.
Algo parecido ocurre con los dolores o lesiones articulares.
Por ejemplo, cada tanto alguno de mis alumnos de re-educación postural viene con un problema de hombro… una tendinitis digamos. No soy ninguna experta en hombro, y por tanto asumo que para cuando llegan a mí ya han visto al especialista y tienen un diagnóstico y han seguido algún tratamiento convencional (si no han visto a un especialista y están con dolor los insto a consultar).
Pero en lo que a mi trabajo se refiere, no me focalizo tanto en trabajar directamente sobre ese hombro. Lo que a mí me interesa es ver cómo todo el resto del cuerpo está trabajando en relación al funcionamiento de ese hombro.
Es fácil asumir que si lo que duele es el hombro entonces el problema es del hombro y lo que debe ser tratado es el hombro… Pero esto no es necesariamente así. Es más, a veces el hombro está tan dolorido e inflamado que es mejor ni siquiera mover la articulación directamente, o totalmente, ya que hacerlo sólo aumentaría la irritación de los tejidos del área y por tanto el dolor en la zona.

Por lo tanto, generalmente comienzo mi trabajo evaluando el movimiento en otras articulaciones y cómo estos movimientos repercuten en la gran autopista de la comunicación de los movimientos del cuerpo: la columna vertebral.
En la Técnica Alexander, así como en muchas otras modalidades de movimiento somático, se trabaja desde la perspectiva del cuerpo como una unidad (también se trabaja desde la perspectiva de la unidad mente-cuerpo… pero eso es tema para otro artículo).
Por lo tanto, en cualquier evaluación de las capacidades o incapacidades de movimiento de una parte específica del cuerpo, se toma en consideración las capacidades e incapacidades de movimiento de todas las otras partes, y cómo esto afecta a la primera parte en cuestión.
En otras palabras, todas las articulaciones del cuerpo (articulación es dónde dos o más huesos se encuentran y relacionan) están relacionadas de alguna manera, son todas parientes cercanas o lejanas y forman una gran “familia de articulaciones”. Por eso, si un integrante de esta gran familia tiene problemas para cumplir sus funciones (por la razón que sea), todas las otras articulaciones van a compensar de alguna manera el desequilibrio funcional con tal de mantener a la familia unida y funcionando.
Tomemos a la columna vertebral como ejemplo.
Tu columna está formada por más de 24 vértebras (huesitos) apiladas una sobre la otra en una unidad funcional flexible y ondulatoria. O sea, que tan sólo en la columna hay por lo tanto más de 24 articulaciones. Una columna sana y coordinada puede doblarse hacia adelante, atrás, derecha, izquierda y torsionarse sobre sí misma. No todas las articulaciones de la columna pueden moverse la misma cantidad en todas las direcciones, pero pueden moverse un poquito al menos en cada dirección.
Cuando todas las articulaciones inter-vertebrales colaboran con la cantidad justa de grados de movilidad hacia la realización de cualquiera de las acciones de la columna, el movimiento resultante es percibido como elegante y armonioso, tanto por quien lo ejecuta como por quien lo observa.
Por otro lado, cuando una o varias de las articulaciones inter-vertebrales, por la razón que sea, pierde su capacidad de colaborar con sus grados de movilidad a las acciones de la columna, esta falta de movimiento es compensada por las otras articulaciones inter-vertebrales (y por todas las otras articulaciones del cuerpo claro). Esto significa que algunas articulaciones se mueven menos de lo necesario y otras pasan a moverse demasiado. El resultado es un movimiento que se percibe rígido y descoordinado.
El problema no es estético, ya que nos podemos acostumbrar a y habituar los movimientos más extraños, las coordinaciones más inverosímiles y las modas posturales más incomprensibles, incluso si estas al principio van en contra de nuestro sentido del ritmo, la armonía y el “flow”.
El problema es que cuanto más compensan con hiper-movilidad ciertas articulaciones la falta de movilidad en otras articulaciones, eventualmente llegamos al punto donde no hay más adaptación posible sin lastimarnos de alguna manera.
Quedamos entonces ante un escenario poco alentador: por un lado se arrestó nuestra capacidad de movernos en cierta dirección lo cual puede derribar nuestra fe en nuestra capacidad de progresar; por otro lado, si insistimos en avanzar a como sea e intentamos derribar el sano límite que nos está marcando el cuerpo, podemos llegar a lesionarnos… y seguramente nos lesionemos aquellas articulaciones que llegaron al límite de su capacidad de compensación.
Volviendo entonces al ejemplo del hombro lesionado: ¿es el hombro el problema?
Probablemente no.
¿Necesita tratamiento el hombro?
Sí, estoy 100% a favor de recurrir al fisioterapeuta para recibir tratamiento para los tejidos dañados, de forma que estos tengan las mejores chances de reconstituirse correcta y rápidamente.
Pero ¿se curará definitivamente el problema original con el tratamiento localizado?
Probablemente no. Si hay un problema de coordinación en la familia articular, el problema del hombro no es más que la punta del iceberg.
Sé que esto suena terrible. ¿Cómo podemos coordinar todas las articulaciones “correctamente”? y ¿quién tiene el tiempo para aprender a hacerlo?
No te preocupes, por suerte la coordinación de nuestras articulaciones no es algo con lo que tenemos que meternos directamente.
La coordinación es algo que nuestro sistema neuro-motor hace constantemente y por cuenta propia con lo que tiene disponible en cuanto a información sensorial (tanto externa como interna), información conceptual (nuestras ideas subconscientes sobre nuestros cuerpos y sus posibilidades de movimiento) y las capacidades reales de movimiento en todas nuestras articulaciones.
Lo que sí podemos hacer es darle a nuestro sistema información sensorial y conceptual más precisa y, dentro de lo posible, devolverle movimiento a las articulaciones que la han perdido.
En este proceso puede que te encuentres, así como yo descubro cuando trabajo sobre mi contexto y no sobre mi problema directamente, que al mejorar tu uso y el funcionamiento de otras partes de tu cuerpo, el problema de tu hombro (o de cualquier articulación que esté dando problemas) desaparece “milagrosamente”…  y con un poco de suerte, no vuelve ya más.

viernes, 27 de enero de 2017


Técnicas somáticas son aquellas que consideran al cuerpo desde su experiencia y regulación ‘desde adentro’, a diferencia de la mirada más tradicional que toma al cuerpo como una ‘máquina’, separada de la mente y la imaginación creativa.

Las técnicas somáticas se centran en la pregunta de cómo la conciencia habita el cuerpo vivo (el término deriva del griego ‘somatikos’, de ‘soma’: persona viva, consciente y encarnada) y estudian al ‘ser’ desde la perspectiva de la propia experiencia vivida en cuerpo, psique y espíritu.


Las técnicas de educación somática del movimiento intentan despertar la consciencia del propio cuerpo en y a través del movimiento. Son ejemplos de técnicas somáticas la Técnica Alexander, el Método Feldenkrais, el método de Movimiento Inteligente de Ruthy Alon, entre muchas otras. 

El Método Pilates puede ser tanto una técnica somática como un sistema de ejercicio físico, según cómo se encare su práctica.

sábado, 14 de enero de 2017


A veces no sabemos si el cambio es el correcto, y no tenemos feedback inmediato de que vamos bien rumbeados... o el feedback parece negativo.

Estoy (re)aprendiendo a correr utilizando los principios de The Art of Running, el método de Corre-Camina-Corre de Jeff Galloway, la física de Pose Method y ciertas modificaciones que deducí de mi experiencia con los principios de organización postural de la Técnica Alexander, el Método Pilates y el método de Inteligencia del Movimiento de Ruthy Alon. Creo firmemente en la validez de todos los principios de estas técnicas y su utilidad para lograr una mejor organización de mi cuerpo y mente en la acción.

Sin embargo me estoy encontrando que corro más lento que antes, y esto me resulta muy frustrante. Por un lado confirmo que corro sin dolores: no se inflama mi tendón de aquiles tanto como antes, no tengo dolor en mi banda iliotibial izquierda ni molestias en mi flexor de cadera,  no me canso, y jamás me duele nada después de correr aunque no estiro ni antes ni después (esto último de perezosa nomás). Pero por otro lado me encuentro que mis tiempos en los 5k se volvieron mucho más lentos.

Esto me deja en una encrucijada, ¿volver a la forma anterior antes de adquirir hábitos nuevos, o seguir con el experimento? También entran los miedos.  ¿Estaré en lo correcto? ¿Y si estoy haciendo todo mal y encima me estoy llenando de hábitos raros?

Quizás es hora de replantearse los objetivos y las metas a largo plazo. ¿Quiero ser rápida o poder correr por mucho tiempo? ¿Qué estoy dispuesta a sacrificar, y qué no, en pos de mi objetivo principal?

Esta es una situación bastante común cuando empezamos a encarar la vida desde la somática. La somática plantea una forma totalmente diferente de enfrentarse a los desafíos físicos y mentales. Por lo tanto los parámetros viejos de medición de eficiencia no siempre son los adecuados.

Esto da miedo al principio, hasta que aprendemos a confiar. Y aprendemos a confiar porque vemos resultados. Y vemos resultados porque nos mantenemos firmes en el nuevo camino.

Quizás elegimos un nuevo camino sólo cuando nos damos cuenta que el viejo ya no nos está llevando a dónde queremos, y la única opción es cambiar algo. Cambiar algo a veces significa retroceder por un tiempo antes de avanzar. Hay que desarmar lo viejo antes de armar algo nuevo. Quizás no hay que desarmarlo todo, pero algo siempre hay que reconfigurar. Después de todo, nuestras ideas ya se han vuelto cuerpo, y no basta cambiar la idea si el cuerpo no cambia. En los hechos, si el cuerpo no cambia, entonces la idea no ha cambiado tampoco.

¿En qué confiar entonces? Hay que confiar en los principios. O confiar en el profesor o mentor que te inspira. O simplemente tocar fondo y confiar que peor que donde estamos hoy no podemos estar, y que el cambio es todo lo que nos queda para salir de allí.

En resumen, el cambio requiere confiar en algo.


- Victoria Stanham

martes, 15 de marzo de 2016

On 9:29 by Unknown in ,    No comments

Un método de reeducación, de entrenamiento o de terapia no se define por la serie de ejercicios, procedimientos o técnicas puntuales que se utilizan en ella. Si un método no es más que su cascarón externo (eso que se observa a simple vista) entonces cualquiera que aprenda la “coreografía” de movimientos que lo componen podría decir que lo está practicando.

Si bien la gran mayoría de clases de Técnica Alexander en cualquier parte del mundo comparten características (por ejemplo, es habitual que se divida el tiempo de clase en “trabajo de silla” y “trabajo de camilla”) esto se debe más a la metodología empleada por las escuelas de formación de profesores, que a un requerimiento de la Técnica Alexander en sí. La Técnica Alexander no posee ni ejercicios, ni técnicas puntuales de manipulación, por lo que es “in-copiable”.

Esto la vuelve, sin embargo, extremadamente difícil de explicar: ¿cómo se describe algo que no tiene forma concreta?

Ya he hecho mi intento en blogs pasados de explicar qué es la Técnica Alexander y cuáles son sus beneficios, por lo que no voy a aburrirte repitiéndome. En aquellos blogs hago hincapié en que la Técnica Alexander es una serie de principios desde los que se aborda la relación cuerpo-mente para devenir en movimiento.

Hoy me gustaría describir estos principios brevemente.

Principios de la Técnica Alexander

1. Unidad Mente-Cuerpo (Unidad Psicofísica):
Reconocemos que mente y cuerpo son dos caras de una misma moneda. La una es un reflejo perfecto de la otra de tal forma que nuestro estado mental estará reflejado en un estado corporal y viceversa.
A la hora de movernos esto es importante porque las ideas que tengamos sobre el cuerpo y el movimiento, generarán una cualidad de movimiento particular.

2. Los medios por sobre los fines (El Cómo sobre el Qué):
Hay mil y un formas de lograr un fin; queremos ser capaces de elegir entre esas mil y un formas la más conveniente en cada situación, y no estar atados siempre a una misma respuesta estereotipada.
La manera en que habitualmente hacés algo crea tu forma, moldea tu vida, genera tus condiciones. Un movimiento repetido inconscientemente cientos de veces al día genera una reorganización general de todo el sistema para facilitar ese movimiento (o sea arma un molde a su medida). Esto no es en sí un problema, pero puede volverse uno si esta forma pasa a ser nuestra única manera de realizar una tarea.

3. El Uso afecta la Estructura y su Funcionamiento:
Estructura y función están íntimamente relacionadas mediante un diseño.  Existe por lo tanto una “lógica de uso” para esa estructura que es la más eficiente para que cumpla su función. O sea, cómo “usamos” la estructura para llevar a cabo la función afectará la eficiencia de esta última, y a la larga o corta generará cambios en la estructura también.
Nuestra forma de “usarnos” (o sea de generar nuestros movimientos físicos y mentales) está basado en nuestras ideas sobre nuestras estructuras y su funcionamiento.

4. Mapa Corporal y Apreciación Sensorial Descalibrada:
Nuestras ideas inconscientes sobre nuestra estructura y su funcionamiento están basadas en la calidad de la información sensorial que recibimos desde cada parte de nuestro cuerpo. Hay áreas que están claras en nuestro mapa y áreas que no lo están tanto. Los mapas corporales se construyen de la confluencia de información sensorial (percepción) y su interpretación a nivel de la corteza cerebral (apreciación). Esta apreciación está a su vez fuertemente influida por nuestras ideas y nuestras emociones.
Por lo general nuestra apreciación sensorial tiene muchos datos inexactos, cuando no directamente erróneos. Esto es importante de corregir, ya que la calidad de nuestro movimiento está basada en la claridad y calidad de estos “mapas corporales”.

5. Fuerza del Hábito e Inhibición de la Respuesta Habitual:
El hábito es inconsciente y domina nuestro accionar. El hábito se puede volver consciente nuevamente, y sólo entonces lo podremos cambiar. Sin embargo, el hábito viejo siempre estará allí, automatizado y pronto para resurgir si las condiciones se dan.
Saber esto es importante para estar sobre aviso a la hora de movernos y así tomar recaudos extra para darnos mejores condiciones para la acción. La inhibición es este acto de recordar la fuerza del hábito, y tomarse el tiempo necesario para generar el espacio y las condiciones para una respuesta consciente.

6. Permitir que el Movimiento Ocurra (No Hacer) y Dirigir el Uso:
Esta frase que parece contradictoria habla en verdad de un pensamiento lateral o “indirecto” en vez de un abordaje directo. Queremos trabajar con las direcciones que el cuerpo tomaría naturalmente si nuestros hábitos adquiridos no se interpusiesen, queremos “permitir que ocurra” el movimiento.
Pero para ello debemos dirigir nuestro uso de nosotros mismos con el pensamiento, recordándonos constantemente aquello que queremos evitar que ocurra (inhibir) y aquello a lo que queremos darle permiso para que se manifieste.[1]

7. Control Primario (Coordinación de la Respuesta Global del Cuerpo al Estímulo):
El Control Primario habla de la cualidad de la relación que mantienen la cabeza, la columna y la pelvis. Esta relación determina la cualidad de la respuesta de tensión global del cuerpo. El grado de “libertad del cuello” en el movimiento es un barómetro para reconocer el grado de libertad de la respuesta global del sistema.
Cuando el “control primario” funciona sin mayores trabas hay un equilibrio dinámico entre los reflejos posturales de soporte y de movilidad. Los profesores de Técnica Alexander llaman a este estado de equilibrio dinámico “poise”, y a la cualidad de vitalidad y espacio que aparece en todo el sistema el “up”.

- Victoria




[1] Las direcciones “tradicionales” de la Técnica Alexander son :
1. quiero darle libertad a mi cuello   (allow my neck to be free)
2. para que mi espalda se alargue y se ensanche  (to allow my back to lengthen and widen)
3. para que mis rodillas vayan hacia adelante y lejos de mis caderas   (to allow my knees to go forward and away)
4. para ensanchar la parte alta de mis brazos a medida que jalo hacia los codos (to widen across the upper part of the arm as you pull to the elbows)

miércoles, 7 de enero de 2015



Esto significa primero parar para darnos la oportunidad de “decirle no” (inhibir) a nuestra manera habitual de movernos y reaccionar. Esta manera habitual está conformada por nuestros patrones de tensión continuos y arraigados que implican un “punto de partida” o “set point” ineficiente.

Por eso, luego de reconocer el estímulo a la acción, nos damos una micro pausa, un poco de espacio para observar y (de ser posible) frenar nuestra reacción habitual y considerar realmente “cómo” queremos responder.

Lo que queremos es un mejor punto de partida; por ello le damos lugar a nuestro “movimiento primario”. Este “movimiento primario”, que concierne la relación dinámica entre cabeza y columna, nos deja en las mejores condiciones posibles para cualquier acción: una situación de equilibrio dinámico.

Pero con esto aún no has ido a ninguna parte.  Y es el empezar a moverte, y el continuar moviéndote en la manera que decidiste lo que está en juego aquí.

Tenés que primero habilitar el movimiento primario. Pero luego tenés que mantenerlo habilitado mientras entrás en acción, y es aquí cuando tu cerebro reconocerá lo que querés hacer y querrá insertar el viejo patrón de tensión.

¿Cómo mantener el movimiento primario habilitado durante el movimiento? Necesitás usar tu mente: atención plena en cada movimiento, consciencia de tu cuerpo como un todo durante el movimiento. En la jerga “Alexandriana” a esto se le llama: “mantener tus direcciones”. F.M. Alexander dijo una vez, “Ustedes creen que la Técnica Alexander es algo físico; yo les digo que es la cosa más mental que jamás se haya descubierto.”

Es un estado persistente y continuo de monitoreo, de atención plena del movimiento y consciencia de ti mismo en relación a tu espacios internos y externos. Lo que querés es atraparte cuando el hábito asoma su nariz, para dejarlo ir antes de que tome por completo el control de tu sistema. Tu monitoreo continuo le da la fuerza, la energía a la nueva manera.


Así es como construimos un nuevo “hábito”.

jueves, 18 de diciembre de 2014

La Técnica Alexander se concierne primero con aclarar tu pensamiento para que puedas moverte en la dirección que deseás, y no en la dirección que tu hábito inconsciente te llevaría.

Por eso, antes de moverte, haces una micro pausa para recordarte soltar tus patrones de tensión habitual. Y luego de la pausa es cuestión de comprometerte con la nueva dirección.

En última instancia, una dirección es un movimiento de un punto A un punto B. Pero, en la Técnica Alexander, nos interesa sobre todo cómo atravesamos esa distancia.

En términos corporales, ese “cómo” está determinado por un “movimiento primario” que viene antes de cualquier paso que tomemos en dirección al punto B. Este “movimiento primario”, que tiene su manifestación física en la relación dinámica entre cabeza-columna-costillas-cinturas-miembros, es controlado por dos aspectos “mentales.”

El primer aspecto “mental” es la conciencia corporal (mapa corporal). Durante las clases de Técnica Alexander intentamos afinar nuestra apreciación sensorial de las partes de nuestro cuerpo y su relación entre sí y con el todo.

El segundo, y más importante, aspecto mental es quizás particular a la Técnica Alexander.

Habiendo determinado “cómo” queremos viajar de A a B, la Técnica Alexander se centra en asegurarse que comencemos y continuemos moviéndonos en esa dirección en las condiciones que nos establecimos. Lo que seguro no queremos es que nuestros patrones de tensión habitual nos asalten en el momento que entramos en acción y deshagan nuestro “movimiento primario.”

Hay infinitas formas de viajar de A a B. El “movimiento primario” se asegura que lo hagamos de tal manera que no interfiramos con los reflejos posturales naturales. Alexander lo llamaba “alargar (y ensanchar) la estatura” que es algo así como decir “descomprimir las articulaciones para el movimiento” o “crear espacio para que el movimiento ocurra.”

jueves, 11 de diciembre de 2014


Dos de los beneficios principales de la Técnica Alexander son mejoras en salud y postura. Sin embargo, estos beneficios no son exclusivos de la Técnica.

El objetivo de la Técnica Alexander puede describirse como “lograr ligereza y libertad de movimiento con el mínimo esfuerzo.” Pero aquí tampoco tiene monopolio la Técnica Alexander.

Lo que distingue a la Técnica Alexander de otras disciplinas mente-cuerpo no es el resultado final, sino el énfasis que se pone en cómo llegamos a ese resultado. La clave está en el PROCESO DE PENSAMIENTO que se utiliza.

Aunque en las clases de Técnica Alexander aprendes ciertos aspectos anatómicos y fisiológicos del movimiento, estos conocimientos no son el verdadero corazón del trabajo. En la Técnica Alexander, cuando pensamos en las estructuras que moveremos, nos interesa más la claridad de pensamiento y la intención detrás del movimiento que el movimiento en sí.

El proceso de aprendizaje en la Técnica Alexander se centra en clarificar el proceso de pensamiento que lleva al movimiento. Alexander lo llamaba “agilizar la mente consciente.” Trabajamos con las capacidades mentales de razonamiento, discriminación, creatividad y decisión.

Cuando nuestros cuerpos no responden a nuestros deseos conscientes no siempre se debe a un impedimento estructural, sino a que tenemos deseos inconscientes que están en conflicto con nuestros deseos conscientes. Estos “deseos inconscientes” se manifiestan en patrones de tensión muscular.

No nos damos cuenta de esto porque nuestros deseos inconscientes han estado allí tanto tiempo que ya se han vuelto parte de nuestra “definición personal.” Para ir en una nueva dirección consciente tenemos que primero reconocer la dirección en las que ya estamos yendo inconscientemente… y soltar ese deseo.


De esto se trata la Técnica Alexander: Si deseas ir a la izquierda, primero debes parar para recordarte soltar tu hábito de siempre ir a la derecha. Porque si te mandas para la izquierda sin pensar, o sea, sin “inhibir” tu tendencia de ir a la derecha, acabarás sin ir en ninguna dirección completa o satisfactoriamente.

viernes, 24 de octubre de 2014

Un blog sobre la importancia de darte espacio


Hola. ¡Qué bueno que estás por aquí!

Hoy, arranco con un nuevo ciclo de blogs en el que pretendo elaborar sobre los 6 principios desde los que trabajo.

Por eso, para honrar el nuevo comienzo, tomémonos un minuto para centrarnos y volver al presente. Con ojos cerrados hagamos una respiración lenta y profunda.

El propósito de hoy es justamente hablar sobre este acto de centrarse y volver a uno. Me gustaría comunicarte lo integrador y poderoso que es este simple acto de volver al cuerpo antes de lanzarte a la acción.
Hablaremos por eso del Principio de Contexto y Contenido.

Y como vamos a estar hablando de volver al cuerpo, está bueno empezar por sentirlo un poco.
Te invito a que nos desperecemos, estirándonos y moviendo las articulaciones, quizás hasta bostezando. Lo que sea que te haga sentir la presencia física de ese fabuloso contenedor que es tu cuerpo.

Primero la teoría.

Principio de Contexto y Contenido:

El contexto determina la experiencia del contenido.
Esto significa que cómo hacemos algo influye directamente sobre cómo lo vivimos. En otras palabras, las condiciones en las que realizamos una acción son importantes para nuestra opinión de la misma.

El contexto en términos de nuestro cuerpo-mente está determinado por el espacio.
Es diferente la experiencia de realizar un movimiento corporal con espacio en las articulaciones, que realizarlo desde un estado de compresión y colapso.
Es diferente la experiencia de tomar una decisión cuando nos damos espacio, que cuando tenemos que hacerlo a las apuradas.
Es diferente la experiencia emocional de viajar en un ascensor solo o con una persona amiga, que hacerlo con un desconocido.

Cuidar el contexto  no implica olvidarse del contenido, sino darle las mejores condiciones para que este se manifieste.
El contenido (los fines) es la razón por la que hacemos algo. Si vas a una charla de un tema que te interesa, vas por la información que allí se brindará. Para aprovechar al máximo ese contenido, conocete, sabé lo que te hace bien y te da satisfacción, y cuidá tu contexto. Cuidar el contexto es lo mejor que podemos hacer por nuestros fines concretos.

Organizar tu contexto es el paso previo a toda acción.
Primero nos organizamos interna y externamente, luego accionamos sobre el mundo. Ciertas personas nacen con una organización interna natural, nada los estresa ni abruma. Si, como yo, no te contás dentro de esos afortunados, pero igual deseás poder disfrutar de la vida, aprender a coordinar e integrar el funcionamiento de tu cuerpo-mente tendría que ser una prioridad.

Suficiente teoría, pasemos a unas prácticas.
Pero antes, ¿qué tal si nos movemos un poco?
Entrecruzá los dedos de las manos, rotá las palmas hacia afuera y estirá los brazos hacia adelante y hacia arriba. Soltá los dedos y bajá los brazos dibujando un semicírculo a tus costados. Cerrá los ojos y sacudí los brazos y los hombros.
Excelente. Sigamos.

La práctica de hoy tiene 2 componentes:
1. Crearme un Espacio Seguro.
2. Parar y Recordarme.

1. Crearme un Espacio Seguro.

a) Espacio físico:
El lugar dónde realizamos nuestras actividades es importante para nuestra comodidad, seguridad y libertad. Todos nuestros sentidos están involucrados.
- Mirá alrededor tuyo y fijate si lo que ves te da tranquilidad. ¿Qué tal los sonidos? ¿Y las sensaciones físicas? ¿Olores? ¿Compañía? Ajustá lo que necesites para estar cómodo.

b) Espacio corporal y mental:
Conocernos física y mentalmente es importante.

Tu piel, tus músculos, tus huesos, tus órganos, todos ellos te dan consistencia, límites y soporte, y llenan tus espacios internos. Aprendé a percibirlos con algunas de las siguientes ideas:
- Sentí la piel acariciándola en toda sus extensión, dándote una ducha, un baño de inmersión, o dejando que el viento la recorra.
- Mirá unas láminas de anatomía, donde puedas ver los huesos, los músculos y los órganos y date un auto-masaje, mientras palpás las diferentes partes.
- Podés practicar algunos de los ejercicios de auto-observación que planteo en este blog, o en este.

Tus pensamientos también tienen su cualidad, aprendé a conocerlos y notar sus efectos en el cuerpo.
- Una excelente práctica para descubrir el funcionamiento de tu mente es la meditación. Te recomiendo leer este blog (escrito por Eduardo Gómez Haedo).

c) Espacio Personal:
El espacio inmediatamente alrededor tuyo es tu espacio personal. Vale recorrerlo también, y reconocerlo. 
- Notá cómo se agranda y se achica en diferentes circunstancias. ¿Qué determina que crezca o que se encoja? ¿Lo podés hacer crecer o contraerse a voluntad?
- Si estás sentado, notá cómo podés integrar la silla a tu sistema y sentir dónde tocan el piso las patas, si tomás un lápiz, notá cómo podés sentir la punta cuando escribís con él en un papel.
- Con tus pies en el piso, notá que podés sentir el piso no sólo debajo de tus pies, sino que también cómo se extiende alrededor tuyo en 360 grados. Si te parás sobre un banquito angosto podrás notar que ahora no sentís esa misma extensión horizontal, sino que tu conciencia va hacia la base del banco.

d) Espacio Compartido:
Compartimos nuestros espacios con cosas, animadas e inanimadas.
- Notá cómo reaccionás cuando algo o alguien ingresa en tu espacio personal.
- Notá cómo reaccionan los otros cuando tú ingresas en su espacio personal.
- Notá la diferencia en las reacciones cuando se pide y concede permiso para ingresar, tanto en tu espacio como en el de otros.
- Con alguien con quien te sientas cómodo en contacto físico, permitile que te mueva mientras mantenés tu conciencia en tus espacios internos y externos. ¿Hay algún momento que te retirás del contacto?
- Probá mover tú a alguien con quien tengas confianza. Notá tus espacios internos y externos, integrando el espacio del otro a tu movimiento.

2. Parar y Recordarme.
Durante cualquiera de las prácticas anteriores, vas a notar que por momentos tu atención se va. Cuando te des cuenta de ello es el momento de parar y volver a ti. Volver a ti es volver a tus espacios internos y externos, es volver a crearte espacio y reconocerlo.
Volver a ti es la forma de cuidar tu contexto, para tu experiencia de los contenidos de tu vida sea la más disfrutable.
Te recomiendo leer este blog sobre el arte del parar (también de Eduardo Gómez Haedo).

Bueno, es todo por hoy.
Hoy estuvo largo. Si llegaste hasta aquí seguramente necesites mover un poco el cuerpo nuevamente. ¿Qué tal si nos permitimos un buen bostezo, nos desperezamos grande, y nos sacudimos con un perro saliendo del agua?

Ahora sí. Como siempre, cualquier duda, pregunta, o comentario podés dejarlo en el espacio debajo.

Respiremos juntos una última vez. Adentro… Afuera… Ah!

Gracias por venir.
Hasta la próxima.


Victoria

sábado, 13 de septiembre de 2014

On 11:36 by Unknown in ,    No comments
Un blog sobre las bases del trabajo con la Técnica Alexander


Buenas. Bienvenido al blog.
Antes que nada tomate unos segundos para ponerte cómodo para leer.

¿Listo?
Ahora cerrá los ojos e inhalá profundo, llenándote de aire, y exhalá largo, vaciando todo el aire de tus pulmones. Repetilo 2 veces más.

Ahora sí. Comencemos.

El blog de hoy es sobre las 5 concepciones fundamentales que explican el trabajo en la Técnica Alexander.
Mi objetivo es compartirte estas ideas de la forma más breve y clara posible.

Pero antes de seguir leyendo, planteate lo siguiente:
¿Qué querés tu sacar de este blog? ¿Está alineado tu objetivo con lo que se propone?

La Técnica Alexander tiene sus principios fundamentales (la lista completa aparece al final del blog). Todos los principios están de alguna forma incluidos en las 5 ideas clave que voy a explicar. Trabajar desde estas bases implica una “forma de ver” el mundo particular.

Las 5 ideas clave son:
1. La unidad indivisible del organismo.
2. El uso es una constante que afecta la estructura y su funcionamiento.
3. Lo correcto se hace sólo si quitás las interferencias.
4. El uso mejora mejorando la calidad de la percepción.
5. El cambio ocurre cuando comprendemos el mecanismo y la fuerza del hábito.

Expliquemos el alcance de cada idea.

1. La unidad indivisible del organismo.
- Cuerpo y Mente son inseparables.
O sea, lo que ocurre en el cuerpo se refleja en una idea, y vice-versa.
- No se puede cambiar una parte sin alterar el todo.
Esto aplica tanto para la interrelación entre cuerpo y mente, como para la interrelación entre las partes del cuerpo mismo, o entre las ideas entre sí.

2. El uso es una constante que afecta la estructura y su funcionamiento.
- Nos usamos (cuerpo y mente) constantemente.
Para estar vivos tenemos que usar nuestro cuerpo y nuestra mente todo el tiempo. “Usarte” implica “dirigir” el funcionamiento de las estructuras de tu cuerpo y mente, (de la misma forma que “usar” un lápiz implica “dirigir” el trayecto del grafo sobre el papel).
- Cómo nos usamos nos modifica (para bien o para mal).
Cómo usamos nuestro cuerpo y nuestra mente afecta las funciones y estructuras mentales y corporales.

3. Lo correcto se hace sólo si quitás las interferencias.
- El “diseño” estructural de nuestro sistema corporal-mental es “coherente” para las funciones que tiene que cumplir.
O sea, todo en tu sistema corporal y mental tiene una razón de ser, una lógica. Lo más eficiente es usar la estructura según la ‘lógica de su diseño’.
- Dadas las correctas condiciones el diseño funciona eficientemente.
O sea, cuando nos creamos condiciones que favorecen la lógica de nuestro diseño y nos usamos respetando esa lógica, no se desperdicia energía en acciones innecesarias para nuestro objetivo. Tenemos entonces toda nuestra energía disponible para lograr lo que queremos.

4. El uso mejora mejorando la calidad de la percepción.
- La percepción es un acto de la consciencia que asocia una idea con una sensación.
O sea, gran parte de los problemas de funcionamiento y estructurales tienen su raíz en una incorrecta interpretación de los datos sensoriales. No conocemos nuestro propio diseño. Si trabajamos sobre esta coordinación de ideas y sensaciones, tenemos chances de mejorar como nos usamos.
- La forma que percibimos (interpretamos) se vuelve un hábito rápidamente (respuesta automática), y deja de requerir procesamiento consciente de las sensaciones.
O sea, la base del trabajo en cambiar nuestro uso es primero volver a hacer consciente, lo inconsciente, y así develar qué ideas y sensaciones (interpretaciones) están fundamentando nuestra respuesta corporal.


5. El cambio ocurre cuando comprendemos el mecanismo y la fuerza del hábito.
- Los hábitos son fuertes porque no requieren de energía de pensamiento consciente para ser ejecutados.
Los hábitos son respuestas automáticas y prontas-para-usar, para estímulos específicos. Nuestros hábitos de pensamiento y acción dan forma a nuestras vidas y guían nuestras acciones diarias.
- Para sobreponerse a un hábitos hay que aplicar energía de pensamiento consciente cada vez que nos encontramos con el estímulo a la acción.
Para hacer esto, primero tenemos que ser conscientes del hábitos, y luego tenemos que aplicar suficiente energía de pensamiento consciente para des-hacer la respuesta automática y guiar la nueva respuesta. Tenemos que estar listos para hacer esto cada vez que se nos presenta el estímulo; por lo que la paciencia, la auto-compasión y la capacidad de reírnos de nosotros mismos son sumamente necesarios para no desesperar en la hazaña.

Es todo por hoy.
Cualquier consulta o duda, podés escribirla en el espacio para comentarios, o enviarme un email a vstanham@gmail.com

Hasta la próxima.

Victoria

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Lista de los Principios de la Técnica Alexander.
  • Unidad Psicofísica & Unidad del Organismo
  • El Uso afecta la Función
  • Inhibición & Dirección
  • La Fuerza del Hábito & La necesidad de Decirle ‘No’ al Estímulo
  • El Control Primario
  • Apreciación Sensorial No-Confiable
  • El Principio de los ‘Medios-por-los-cuales’ en vez de ‘Perseguir Fines’ & El Principio de ‘No-hacer’
  • Reconocimiento de la necesidad de un Control Constructivo y Consciente del Individuo y del Uso como la Constante Universal de la Vida para lograr la Herencia Suprema del Hombre.