jueves, 18 de diciembre de 2014

La Técnica Alexander se concierne primero con aclarar tu pensamiento para que puedas moverte en la dirección que deseás, y no en la dirección que tu hábito inconsciente te llevaría.

Por eso, antes de moverte, haces una micro pausa para recordarte soltar tus patrones de tensión habitual. Y luego de la pausa es cuestión de comprometerte con la nueva dirección.

En última instancia, una dirección es un movimiento de un punto A un punto B. Pero, en la Técnica Alexander, nos interesa sobre todo cómo atravesamos esa distancia.

En términos corporales, ese “cómo” está determinado por un “movimiento primario” que viene antes de cualquier paso que tomemos en dirección al punto B. Este “movimiento primario”, que tiene su manifestación física en la relación dinámica entre cabeza-columna-costillas-cinturas-miembros, es controlado por dos aspectos “mentales.”

El primer aspecto “mental” es la conciencia corporal (mapa corporal). Durante las clases de Técnica Alexander intentamos afinar nuestra apreciación sensorial de las partes de nuestro cuerpo y su relación entre sí y con el todo.

El segundo, y más importante, aspecto mental es quizás particular a la Técnica Alexander.

Habiendo determinado “cómo” queremos viajar de A a B, la Técnica Alexander se centra en asegurarse que comencemos y continuemos moviéndonos en esa dirección en las condiciones que nos establecimos. Lo que seguro no queremos es que nuestros patrones de tensión habitual nos asalten en el momento que entramos en acción y deshagan nuestro “movimiento primario.”

Hay infinitas formas de viajar de A a B. El “movimiento primario” se asegura que lo hagamos de tal manera que no interfiramos con los reflejos posturales naturales. Alexander lo llamaba “alargar (y ensanchar) la estatura” que es algo así como decir “descomprimir las articulaciones para el movimiento” o “crear espacio para que el movimiento ocurra.”

jueves, 11 de diciembre de 2014


Dos de los beneficios principales de la Técnica Alexander son mejoras en salud y postura. Sin embargo, estos beneficios no son exclusivos de la Técnica.

El objetivo de la Técnica Alexander puede describirse como “lograr ligereza y libertad de movimiento con el mínimo esfuerzo.” Pero aquí tampoco tiene monopolio la Técnica Alexander.

Lo que distingue a la Técnica Alexander de otras disciplinas mente-cuerpo no es el resultado final, sino el énfasis que se pone en cómo llegamos a ese resultado. La clave está en el PROCESO DE PENSAMIENTO que se utiliza.

Aunque en las clases de Técnica Alexander aprendes ciertos aspectos anatómicos y fisiológicos del movimiento, estos conocimientos no son el verdadero corazón del trabajo. En la Técnica Alexander, cuando pensamos en las estructuras que moveremos, nos interesa más la claridad de pensamiento y la intención detrás del movimiento que el movimiento en sí.

El proceso de aprendizaje en la Técnica Alexander se centra en clarificar el proceso de pensamiento que lleva al movimiento. Alexander lo llamaba “agilizar la mente consciente.” Trabajamos con las capacidades mentales de razonamiento, discriminación, creatividad y decisión.

Cuando nuestros cuerpos no responden a nuestros deseos conscientes no siempre se debe a un impedimento estructural, sino a que tenemos deseos inconscientes que están en conflicto con nuestros deseos conscientes. Estos “deseos inconscientes” se manifiestan en patrones de tensión muscular.

No nos damos cuenta de esto porque nuestros deseos inconscientes han estado allí tanto tiempo que ya se han vuelto parte de nuestra “definición personal.” Para ir en una nueva dirección consciente tenemos que primero reconocer la dirección en las que ya estamos yendo inconscientemente… y soltar ese deseo.


De esto se trata la Técnica Alexander: Si deseas ir a la izquierda, primero debes parar para recordarte soltar tu hábito de siempre ir a la derecha. Porque si te mandas para la izquierda sin pensar, o sea, sin “inhibir” tu tendencia de ir a la derecha, acabarás sin ir en ninguna dirección completa o satisfactoriamente.

jueves, 4 de diciembre de 2014

On 18:21 by Victoria Stanham in , ,    No comments

La mayoría de los deportes y artes tienen una “postura ideal” para practicarlos. Los libros y artículos sobre ellos te la describen, y te recomiendan ejercicios musculares que te ayudarían a alcanzarla.

Pero, si identificar visualmente lo que necesitás cambiar y hacer ejercicios musculares para corregir las desviaciones fuese suficiente, andaríamos todos derechitos y no habría nadie con dolor de espalda.

Este encare visual y muscular de la postura presenta 3 problemas.

Primero, se asume que quien recibe la instrucción conoce su propio cuerpo (tiene un mapa corporal claro) y puede adoptar la postura recomendada sin tensionarse.

Segundo, se asume que quien instruye y quien recibe la instrucción interpretan sensorialmente los conceptos de la misma manera. Sin embargo, todos tenemos diferentes definiciones conceptuales y sensoriales de las distintas partes de nuestros cuerpos (“el cuello” para mí y para ti no son necesariamente la misma cosa).

Tercero, se asume que tenemos que “trabajar los músculos posturales” con ejercicios específicos, de lo contrario iremos “en franco declive” con la gravedad y los años.*
Esta visión no reconoce que es nuestra herencia como homo sapiens sapiens estar erguidos sin esfuerzo desmedido, siempre y cuando no interfiramos con el diseño.

Si aceptamos en vez que la naturaleza nos diseñó bípedos y erguidos, no deberíamos “aprender” a pararnos derechos. Deberíamos “des-aprender” a pararnos torcidos.
Como homo sapiens sapiens somos herederos de un “software” básico para estar de pie y derechos.  Este “software” es un conjunto de reflejos que vamos integrando, con mayor o menor éxito, durante nuestro desarrollo. Pero el software lo tenemos todos; quizás lo que necesitamos es un poco de re-programación.

La mejor manera de trabajar sobre tu postura es primero reconocer qué debes “dejar de hacer”.

Hay que ir a las causas profundas, a lo que “no se ve”. El auto-conocimiento es la base de la buena postura.


* No quiero decir con esto que no se debería hacer ejercicio para corregir las debilidades musculares que acompañan la mala postura y la falta de movilidad articular. Lo que propongo es que se trabaje esta musculatura en función y tomando al cuerpo como un ‘todo’ integrado. Debemos ser conscientes del equilibrio del cuerpo entero durante el movimiento. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

On 15:09 by Victoria Stanham in ,    No comments
A veces yo también quiero soluciones rápidas, soluciones YA.

El problema es que las soluciones “express” son de corta duración; son una máscara del problema y no una verdadera solución.

Con los problemas posturales y sus “soluciones” rápidas pasa lo mismo.

La postura está a la base de todas las disciplinas. Todo deporte o actividad que practiques tiene una “forma” o “postura” ideal para realizarla con el menor desgaste y la mayor eficiencia.

Pero decir: “una buena postura es aquella en la que de perfil, oreja, hombro, cadera y tobillo están alineados,” es dar la descripción visual de un resultado. Esta descripción no incluye los pasos de organización interna que resultan en ese resultado externo.

Las recomendaciones posturales de cada disciplina tienen su razón de ser. El problema es que nosotros, que no conocemos nuestros propios cuerpos, nos forzamos dentro de estas formas recomendadas usando la fuerza muscular. Acabamos habituando la forma pero también la tensión del esfuerzo.

¡Cuánto mejor sería adoptar las “posturas” con libertad y poder salir de ellas con la misma libertad!

Pero… ¿cómo?

La Técnica Alexander es una “pre-técnica”, o sea está a la base de todas las otras disciplinas.  La Técnica Alexander te enseña a organizar tu cuerpo de tal manera que puedas adoptar con total naturalidad cualquiera de las “posturas” o “formas” recomendadas para cada disciplina.

De hecho, con el trabajo en la Técnica Alexander tu concepto de “postura” cambia. Pasa de ser algo “fijo” a ser algo móvil y dinámico

Pasa de ser algo que se impone desde afuera en base a “cómo se debería ver”, aunque a costas de esfuerzo muscular, a ser algo que surge desde adentro en base a “cómo se percibe el equilibrio del esqueleto” y guiado por un pensamiento claro que libera los músculos y descomprime las articulaciones.

domingo, 23 de noviembre de 2014

On 16:45 by Victoria Stanham in ,    2 comments

Hay pocas cosas tan fáciles como focalizarse en ‘lo que falta’ o ‘lo que salió mal’. Lo que no es nada fácil, lo que debe aprenderse y entrenarse, es notar ‘lo que sí se hizo’ y ‘lo que salió bien’.

Existen razones neurológicas evolutivas por las que, como seres que por mucho tiempo fuimos parte de la cena de otros carnívoros, estamos predispuestos a prestarle más atención a los posibles peligros que a las bendiciones presentes.

Es por eso que tenemos que entrenar nuestra capacidad de ‘ver también la mitad del vaso lleno’. Esto no quiere decir ignorar que la mitad vacía. Lo que intentamos es poder ver todo el vaso, con sus dos mitades.

Por ejemplo, estoy empezando a correr. Mi objetivo es salir al menos 3 veces por semana y correr como mínimo 5km. Tengo todo un plan con entrenamientos en velocidad, en resistencia, en potencia.

La verdad es que no siempre lo cumplo, y sería muy fácil recriminarme el no haber cumplido con mi plan esta semana, y focalizarme sólo en eso.

Pero sabiendo lo fácil que es ver sólo el medio vaso vacío, hice un esfuerzo por también mirar la mitad llena. En esa mitad me encontré con que: salí 3 veces a correr (2 de ellas a las 6.30am), las 3 veces corrí 5km, una vez hice velocidad. La última vez salí con mi hermana, caminamos 2.5k charlando, corrimos 2.5k, y lo mejor es que disfruté de compartir un rato juntas.
  
Es cierto que no cumplí mi plan y quizás eso retrase el lograr mi objetivo final (mi medio vaso vacío). Pero ¡cómo disfruté de llenar la otra mitad del vaso! Y eso vale también.


¿Qué vaso que estás tratando de llenar hoy? Seguramente sabés todo lo que te falta para poder llenarlo. No abandones tu objetivo. Pero si te encontrás que de tanto mirar la mitad vacía te empezás a desesperanzar, te invito a mirar también la mitad llena y celebrar cada gota que sumó su esfuerzo para traerte hasta acá.

domingo, 16 de noviembre de 2014

On 12:33 by Victoria Stanham in ,    No comments
 

Ayer dimos un taller con mi pareja Eduardo sobre el Misterio de Parar y Enraizar en el Cuerpo. Fue la culminación de un trabajo de varios meses, de idas y venidas, de largas discusiones del tema y largas sesiones de práctica.
Finalmente lo logramos, y para la tarde del sábado ya estaba todo terminado.

Lleva un tiempo llegar al reposo luego de un impulso. La inercia continúa un rato. Es un momento que tenemos que tomar a conciencia. Hay que parar conscientemente, dejar que se aquieten las aguas, y saborear ese dulce espacio en el que no se hace nada por un rato. Un espacio regenerativo.

No es fácil parar y saborear. La inercia del impulso anterior me hace creer que tengo que planificar más cosas, hacer más cosas, evaluar el proceso y tomar nuevas decisiones.

Ya habrá tiempo para eso… mañana. Hoy descanso. Hoy no hago nada. Hoy disfruto de lo logrado. Hoy no me fijo en lo que podría haber estado mejor, lo que se puede corregir, todo el camino que queda por recorrer. Ya habrá tiempo para eso… mañana.

Es tan difícil a veces parar y darnos permiso para simplemente disfrutar de lo logrado. Siempre estamos fijándonos qué faltó, que no fue perfecto, qué todavía queda por corregir.

Siempre habrá algo por hacer. Cada nuevo logro abre las puertas a un nuevo camino, a un nuevo proceso. Al llegar a la cima de un cerro nos encontramos que el camino sigue, que hay que bajar este cerro y subir al siguiente.

Pero disfrutar el camino implica saborear no solo del esfuerzo de subir al cerro, esos momentos en los que sentimos que “estamos haciendo algo productivo”. Caminar el camino implica también aprender a saborear los descansos, esos momentos en los que “no hacemos nada” más que disfrutar la vista de lo ya caminado.

Así que hoy… hoy descanso. Hoy disfruto. Hoy agradezco haber logrado.


Victoria

domingo, 9 de noviembre de 2014

On 16:12 by Victoria Stanham in    No comments

Hoy corrí mi primera 5K. No corría en una carrera desde la adolescencia.

No hice carrara… corrí, simplemente, a mi tranco, a mi manera, en mi mundo.
Siendo de naturaleza competitiva y auto-exigente, haber logrado correr para mi propio disfrute es todo un logro.

Todo comenzó hace un mes cuando mi hermana se anotó para correr una 5K y comenzó a entrenar. Algo en su forma me inspiró. Mi hermana no parece correr para ganarle a nadie.

Así que comencé yo también. Despacio. Tranquila. A mi tranco. Sin pretender ser la próxima maratonista olímpica.

A veces se me cuela el bichito competitivo; ese que te dice al oído: entrená más, bajá tu tiempo, si vas a correr que valga la pena.

Entonces paro.

No tengo que “ser alguien”, no tengo que ganar nada ni probarle nada a nadie. Correr simplemente me hace bien, a mí, a mi cuerpo, a mi psique.

Ese bichito no es más que un hábito de pensamiento, un hábito de mi forma de ser. Por eso, cuando reconozco que se me coló por la puerta de atrás, lo trato como a todo hábito.

Paro. Lo saludo. Y lo dejo seguir su camino. Vuelvo a mi cuerpo, a mi respiración, a mi organización. Recuerdo mi propósito.

Hoy mi propósito era correr, escuchando mi cuerpo, reuniendo mis pensamientos, siguiendo mi respiración. Sólo eso importaba. Todo lo otro lo podía dejar atrás o dejar pasar, como a las otras corredoras.

Vuelvo a mi, a la maravilla de poder correr, a la sensación del movimiento. Vuelvo al presente.

Esto es todo.

Victoria

sábado, 1 de noviembre de 2014

On 21:21 by Victoria Stanham in , ,    2 comments

Hola. Acá estoy.

No estaba segura si estar acá hoy. Estaba aburrida y sin ninguna inspiración. ¿Qué podría ofrecerte hoy de valor?

Pero la Vida se trata de estar presentes, incluso (y quizás especialmente) cuando no todo es fuegos artificiales.

Algunas cosas se construyen un pasito a la vez. A veces es el mismo pasito una y otra vez.

Cambiar hábitos funciona así. No es algo instantáneo. Es algo que se contruye diciéndole no a lo viejo y diciéndole a lo nuevo, una y otra y otra vez.

Y todo comienza con presentarse al trabajo que tenemos enfrente. Incluso si aparentemente no tenemos éxito. Incluso si parece que el hábito gana la mayoría de las pulseadas.

Igual te presentás, porque al presentarte el hábito no ganó por default. Al presentarte, has ejercido tu poder de elección.

Si te presentás, cualquier cosa puede ocurrir. Cualquier cosa incluye lo habitual, claro. Pero también incluye todas las otras posibilidades, que ganan fuerza con cada vez que te presentás.

Así que si estás pensando en darte por vencido, si estás demasiado aburrido, cansado, o deprimido para que algo te importe ya… presentate igual. Simplemente ESTATE ahí, ABIERTO a lo que vaya a ocurrir.

Por eso estoy yo hoy aquí. Sin expectativas. Simplemente aquí… para mí… y para ti…

Victoria


viernes, 24 de octubre de 2014

Un blog sobre la importancia de darte espacio


Hola. ¡Qué bueno que estás por aquí!

Hoy, arranco con un nuevo ciclo de blogs en el que pretendo elaborar sobre los 6 principios desde los que trabajo.

Por eso, para honrar el nuevo comienzo, tomémonos un minuto para centrarnos y volver al presente. Con ojos cerrados hagamos una respiración lenta y profunda.

El propósito de hoy es justamente hablar sobre este acto de centrarse y volver a uno. Me gustaría comunicarte lo integrador y poderoso que es este simple acto de volver al cuerpo antes de lanzarte a la acción.
Hablaremos por eso del Principio de Contexto y Contenido.

Y como vamos a estar hablando de volver al cuerpo, está bueno empezar por sentirlo un poco.
Te invito a que nos desperecemos, estirándonos y moviendo las articulaciones, quizás hasta bostezando. Lo que sea que te haga sentir la presencia física de ese fabuloso contenedor que es tu cuerpo.

Primero la teoría.

Principio de Contexto y Contenido:

El contexto determina la experiencia del contenido.
Esto significa que cómo hacemos algo influye directamente sobre cómo lo vivimos. En otras palabras, las condiciones en las que realizamos una acción son importantes para nuestra opinión de la misma.

El contexto en términos de nuestro cuerpo-mente está determinado por el espacio.
Es diferente la experiencia de realizar un movimiento corporal con espacio en las articulaciones, que realizarlo desde un estado de compresión y colapso.
Es diferente la experiencia de tomar una decisión cuando nos damos espacio, que cuando tenemos que hacerlo a las apuradas.
Es diferente la experiencia emocional de viajar en un ascensor solo o con una persona amiga, que hacerlo con un desconocido.

Cuidar el contexto  no implica olvidarse del contenido, sino darle las mejores condiciones para que este se manifieste.
El contenido (los fines) es la razón por la que hacemos algo. Si vas a una charla de un tema que te interesa, vas por la información que allí se brindará. Para aprovechar al máximo ese contenido, conocete, sabé lo que te hace bien y te da satisfacción, y cuidá tu contexto. Cuidar el contexto es lo mejor que podemos hacer por nuestros fines concretos.

Organizar tu contexto es el paso previo a toda acción.
Primero nos organizamos interna y externamente, luego accionamos sobre el mundo. Ciertas personas nacen con una organización interna natural, nada los estresa ni abruma. Si, como yo, no te contás dentro de esos afortunados, pero igual deseás poder disfrutar de la vida, aprender a coordinar e integrar el funcionamiento de tu cuerpo-mente tendría que ser una prioridad.

Suficiente teoría, pasemos a unas prácticas.
Pero antes, ¿qué tal si nos movemos un poco?
Entrecruzá los dedos de las manos, rotá las palmas hacia afuera y estirá los brazos hacia adelante y hacia arriba. Soltá los dedos y bajá los brazos dibujando un semicírculo a tus costados. Cerrá los ojos y sacudí los brazos y los hombros.
Excelente. Sigamos.

La práctica de hoy tiene 2 componentes:
1. Crearme un Espacio Seguro.
2. Parar y Recordarme.

1. Crearme un Espacio Seguro.

a) Espacio físico:
El lugar dónde realizamos nuestras actividades es importante para nuestra comodidad, seguridad y libertad. Todos nuestros sentidos están involucrados.
- Mirá alrededor tuyo y fijate si lo que ves te da tranquilidad. ¿Qué tal los sonidos? ¿Y las sensaciones físicas? ¿Olores? ¿Compañía? Ajustá lo que necesites para estar cómodo.

b) Espacio corporal y mental:
Conocernos física y mentalmente es importante.

Tu piel, tus músculos, tus huesos, tus órganos, todos ellos te dan consistencia, límites y soporte, y llenan tus espacios internos. Aprendé a percibirlos con algunas de las siguientes ideas:
- Sentí la piel acariciándola en toda sus extensión, dándote una ducha, un baño de inmersión, o dejando que el viento la recorra.
- Mirá unas láminas de anatomía, donde puedas ver los huesos, los músculos y los órganos y date un auto-masaje, mientras palpás las diferentes partes.
- Podés practicar algunos de los ejercicios de auto-observación que planteo en este blog, o en este.

Tus pensamientos también tienen su cualidad, aprendé a conocerlos y notar sus efectos en el cuerpo.
- Una excelente práctica para descubrir el funcionamiento de tu mente es la meditación. Te recomiendo leer este blog (escrito por Eduardo Gómez Haedo).

c) Espacio Personal:
El espacio inmediatamente alrededor tuyo es tu espacio personal. Vale recorrerlo también, y reconocerlo. 
- Notá cómo se agranda y se achica en diferentes circunstancias. ¿Qué determina que crezca o que se encoja? ¿Lo podés hacer crecer o contraerse a voluntad?
- Si estás sentado, notá cómo podés integrar la silla a tu sistema y sentir dónde tocan el piso las patas, si tomás un lápiz, notá cómo podés sentir la punta cuando escribís con él en un papel.
- Con tus pies en el piso, notá que podés sentir el piso no sólo debajo de tus pies, sino que también cómo se extiende alrededor tuyo en 360 grados. Si te parás sobre un banquito angosto podrás notar que ahora no sentís esa misma extensión horizontal, sino que tu conciencia va hacia la base del banco.

d) Espacio Compartido:
Compartimos nuestros espacios con cosas, animadas e inanimadas.
- Notá cómo reaccionás cuando algo o alguien ingresa en tu espacio personal.
- Notá cómo reaccionan los otros cuando tú ingresas en su espacio personal.
- Notá la diferencia en las reacciones cuando se pide y concede permiso para ingresar, tanto en tu espacio como en el de otros.
- Con alguien con quien te sientas cómodo en contacto físico, permitile que te mueva mientras mantenés tu conciencia en tus espacios internos y externos. ¿Hay algún momento que te retirás del contacto?
- Probá mover tú a alguien con quien tengas confianza. Notá tus espacios internos y externos, integrando el espacio del otro a tu movimiento.

2. Parar y Recordarme.
Durante cualquiera de las prácticas anteriores, vas a notar que por momentos tu atención se va. Cuando te des cuenta de ello es el momento de parar y volver a ti. Volver a ti es volver a tus espacios internos y externos, es volver a crearte espacio y reconocerlo.
Volver a ti es la forma de cuidar tu contexto, para tu experiencia de los contenidos de tu vida sea la más disfrutable.
Te recomiendo leer este blog sobre el arte del parar (también de Eduardo Gómez Haedo).

Bueno, es todo por hoy.
Hoy estuvo largo. Si llegaste hasta aquí seguramente necesites mover un poco el cuerpo nuevamente. ¿Qué tal si nos permitimos un buen bostezo, nos desperezamos grande, y nos sacudimos con un perro saliendo del agua?

Ahora sí. Como siempre, cualquier duda, pregunta, o comentario podés dejarlo en el espacio debajo.

Respiremos juntos una última vez. Adentro… Afuera… Ah!

Gracias por venir.
Hasta la próxima.


Victoria

sábado, 11 de octubre de 2014

On 10:51 by Victoria Stanham in ,    No comments
Un blog sobre cómo liberar la respiración. 

¡Hola! Qué lindo reencontrarnos.

¿Cómo te fue  con la propuesta de la semana pasada? Si te quedaron preguntas o tenés algo que comentarme al respecto, sentite libre de escribirme aquí en el blog, o mandarme un email.

¿Te parece si empezamos con la propuesta de hoy centrándonos?
Paremos con lo que veníamos haciendo e inhalemos dejando que el aire llegue hasta nuestros pies, conectándonos con el piso. Exhalemos dejando que el aire suba desde nuestros pies hacia nuestra pelvis, nuestra panza, nuestro pecho, nuestro cuello, nuestra cabeza y salga flotando.

El tema del blog de hoy es justamente cómo liberar la respiración. Mi propósito es compartirte tres áreas del cuerpo que sirve tener libres para facilitar la entrada y salida del aire.

Para poder percibir las áreas de las que quiero contarte está bueno empezar por crearnos un poco de espacio. Así que te invito a desperezarte un poco. Estirate como un gato y bostezá grande.

¿Qué tenemos que saber sobre la respiración para liberarla?

1. La respiración afecta y es afectada por todo tu ser (principio de Unidad). Cuando tu cuerpo está libre de tensiones innecesarias, la respiración genera una ola de movimiento de que se siente de la cabeza a los pies, y masajea todos los órganos. La respiración es también un medidor de tu estado emocional y mental.

2. La respiración se “hace sola”, estás diseñado para respirar bien sin esfuerzos, cuando la dejás actuar libremente (principio de Diseño).

3. Incluso cuando no la dejás funcionar libre, respirás igual, porque es una función vital. Sin embargo, todo lo que le ponés de traba afecta la eficiencia de la respiración (principio del Uso).

4. Reconocer que la respiración requiere de movimiento en tus costillas (o sea en tus costados y tu espalda, y no solo en tu pecho) y genera movimiento en tu abdomen te empieza a dar una idea de las áreas que deberían estar libres para moverse con cada inhalación y exhalación (principio de Percepción).

5. Como la respiración se hace sola, no necesitás “aprender a respirar”. Lo que necesitás es aprender a dejar de interferir con tu respiración (principio de Medios y Fines).

6. Y ahora que sabés que la respiración ocurre, la próxima vez que te digan “respirá profundo”, ya sabés que tenés que frenar tus ganas de hacer un esfuerzo por aspirar un montón de aire. En vez, date unos segundos para reconocer las zonas que necesitás liberar para que, al moverse libremente, creen solitas más espacio para más aire (principio del Hábito).

Muy bien, suficiente teoría. Vayamos a lo práctico. Pero antes, sacudámosnos un poco para despertarnos. Mové un poquito el cuello, los hombros, los dedos de los pies y las manos… o simplemente sacudite vigorosamente como un perro mojado.

¿Dónde necesito crear espacio para que se libere la respiración?

Los lúgares que siempre se mencionan para esto son las costillas (espalda y costados del cuerpo) y el abdomen.
Yo te voy a proponer 3 otras zonas que para mí son claves, ya que pemiten liberar la espalda, las costillas y el abdomen.
Te sugiero probar lo siguiente recostado en posición semi-supina.

1. Las ingles.
Cuando hay espacio en la articulación de la cadera, se liberan también el diafragma pélvico, la espalda baja (las lumbares), el diafragma abdominal y las costillas bajas.

2. Las axilas.
Cuando hay espacio en la articulación del hombro se libera el cuello y la espalda alta y costillas superiores.

3. La mandíbula.
Al dejar de apretar las muelas se libera la tensión del rostro, la garganta, la lengua y la parte alta del cuello.

Ahora, creá espacio en todo tu torso y tu cuello, trazando líneas que unan diagonalmente tus ingles con tus axilas, y tus axilas con tus orejas.

Finalmente, notá el flujo de aire que entra y sale naturalmente cuando respirás.
Cuando el aire entra, permití que tu mandíbula, axilas e inglés se suelten un poquito más, sintiendo como los costados de tu cuerpo se expanden.
Cuando el aire sale, permití que tus diagonales se suelten y expandan, y sentí como crecés en largo y ancho.

Si estás aventurero y querés jugar un poco con tu respiración, podés dejar que tus exhalaciones sean más largas que las inhalaciones. Este es un gran ejercicio para bajar las revoluciones y calmar a todo tu sistema nervioso.

Recordá siempre que no estás “haciendo” nada, simplemente estás “permitiendo” que la respiración ocurra mediante la liberación de tensión y la creación de espacio interno.

Y ya que estamos respirando tan libremente, aprovechemos para bostezar y desperezarnos, soltando mandíbula, axilas, ingles y dejando que se expanda grande todo el torso.

Te invito esta semana a jugar con esto de la respiración, experimentá con lo que propuse y contame luego cómo te fue.
Si te quedaron dudas, preguntas o tenés un comentario, te invito a dejármelo en el espacio para comentarios o enviármelo por email.

Cerremos este encuentro volviendo a nuestro centro, respirando allí, dejando que se aquieten las aguas, y quedando así listos para nuestra próxima actividad.

Hasta la próxima.

Victoria.


viernes, 3 de octubre de 2014

On 15:24 by Victoria Stanham in    No comments
Un blog sobre cómo crear espacios

Hola. Soy Victoria. Bienvenido al blog. ¿Cómo estás hoy?

Yo tiendo a andar un poco acelerada. Fuera de mi centro. Por eso me gusta parar cuando noto que algo nuevo empieza.

Te invito a centrarnos. Solamente pará con todo lo que estabas haciendo, notá tu respiración y las sensaciones que te llegan a través de tus sentidos. Inhalemos y exhalemos juntos.

Gracias. Ahora sí, arranquemos.

En este blog me gustaría contarte lo que he aprendido sobre crear espacios: espacios mentales y físicos, espacios dentro y fuera, espacios entre el estímulo y la reacción.
Me quedo contenta si al final de este encuentro te pude comunicar algo de lo liberador que es darse esos espacios; y si no los conocés que te haya tentado lo suficiente para probarlos.

¿Cuál ha sido tu experiencia con tu espacio personal?

Voy a mostrarte cómo creo yo mis espacios.

Me baso en los siguientes principios:

Unidad: Si creo espacio en mi cuerpo, tendré espacio en mi mente.

Diseño: Mi cuerpo está diseñado para ocupar cierto espacio con libertad, y lo hará  si se lo permito.

Uso-Estructura-Funcionamiento: Cuando le doy su debido espacio a mis estructuras, estas funcionan mejor.

Mejorar la percepción: Cuando las estructuras tienen espacio, las puedo percibir mejor que cuando están apretadas.

Parar y Elegir: Como mi hábito es atropellarme, necesito parar antes de actuar, para darme espacio para elegir.

El Cómo sobre el Qué: Darme espacio físico es solo posible si me doy espacio mental también. Cómo me doy ese espacio es lo más importante. Por eso, si estoy muy acelerada, me acuesto en semi-supina; me doy las mejores condiciones para parar realmente.

¿Te parece si antes de seguir, nos damos un poco de espacio?

Te invito a que bostecemos y nos estiremos un poco, para darle aire a los tejidos y las articulaciones.

Bueno, a nivel práctico, ¿cómo creo mis espacios?

Lo primero es decidir qué espacios estoy necesitando habilitar.

¿Dónde se está trancando el flujo de movimiento? ¿Dónde hay tensión? ¿Dónde siento que estoy fuera de ritmo?

Una vez que identifico el área que pide más espacio para funcionar o integrarse, busco en su estructura algunos puntos para tomar de referencia, y trato de entender cómo está diseñada para funcionar.

Si lo que quiero es crear espacio en mis pies, puedo mirar su anatomía en un libro, y luego palparlos en mi propio cuerpo.
Si no tengo ni idea qué hacer, pido ayuda a alguien que sepa más que yo del tema.

Elijo dos puntos en la estructura que quiero liberar. Los toco simultáneamente y me doy cuenta que hay un espacio entre ellos. Los uno con una línea imaginaria e imagino que los extremos de esa línea se alejan entre sí, flotando como en corrientes de agua opuestas.

Te invito a que pruebes esto por ti mismo. Elegí puntos en tu cuerpo,  unilos con líneas imaginarias, y dejá que floten alejándose. Ayuda hacerlo acostado boca arriba sobre el piso, con tus pies apoyados y tu cabeza apoyada sobre un libro gordito.  

Al hacer este ejercicio, reconocé todo el espacio que hay entre punto y punto. También podés reconocer el espacio a tu alrededor, dejando que tus líneas se proyecten más allá del límite de tu cuerpo.

Este espacio que te creás dentro, fuera, entre tú y los estímulos que te llegan, este espacio te vuelvo multi-dimensional, te vuelve real, te de-vuelve a ti mismo.

Te invito a vivir desde este lugar y volver a él cuantas veces quieras.
Es tu espacio personal.
Es tu casa, es tu verdadero hogar.

Hasta la próxima.


Victoria