jueves, 9 de marzo de 2017

On 15:48 by Victoria Stanham   No comments


miércoles, 1 de febrero de 2017


Estimulando el autoconocimiento y la autoconfianza a través del movimiento natural y la realineación postural.

Hace años que les doy clases de inglés a adolescentes. Los veo venir, con sus cuerpos y sus psiques en constante cambio. A muchos los acompaño durante años y los veo crecer de niños grandes a jóvenes adultos.

Es a los 15 o 16 que empiezan las primeras quejas sobre dolores de espalda y cuello. Los veo hacerse unas moñas corporales, totalmente colapsados sobre el libro o cuaderno. Me cuentan algunos que van a hacerse masajes todas las semanas. ¿Tan jóvenes?

La mayoría de los adolescentes, si les das la opción, se quedarían vegetando en un sillón, mirando tele o jugando con el celular, en un eterno letargo que parece retroalimentarse cuanto más se practica. Y es que la falta de movimiento genera un círculo vicioso, que produce mala circulación y acumulación de toxinas metabólicas, lo que a su vez tendrá como consecuencia más letargo, sensación de pesadez corporal y, por ende, aún menos disposición al movimiento.

El problema es que moverse en la adolescencia dejó de ser un placer y pasó a ser un deber. Los niños chicos están llenos de energía y mayormente faltos de malos hábitos posturales. Pero a medida que crecemos y dejamos de movernos como la naturaleza nos diseñó, y empezamos a movernos más según un programa externo, moverse deja de ser una herramienta de autodescubrimiento y pasa a ser, en algunos casos, una herramienta de tortura. Muchos adolescentes detestan el ejercicio físico, aunque lo practiquen, porque no está asociado al placer de moverse y descubrir su potencial, sino a competir, juzgarse, dominar el cuerpo, o a una imposición del sistema educativo y de una sociedad que valora los cuerpos flacos y tonificados.

Crecemos desconociendo nuestro propio cuerpo, sus estructuras y sus funciones. Por tanto no le brindamos los estímulos que necesita para regenerarse y prosperar, y en vez le ofrecemos estímulos para los que no está correctamente organizado ni preparado. El resultado final es generalmente el dolor, la contractura, la tensión y a veces la lesión… que de paso nos inmoviliza aún más. En los hechos, el comentario que más recibo de mis alumnos adultos de reeducación postural consciente es: “¿por qué no me enseñaron esto de joven?”

Una buena postura tendría que ser lo más natural para todos…

La estructura, la función y el estímulo son interdependientes. En otras palabras, nuestro cuerpo (estructura) está diseñado para el movimiento (función) usando la gravedad (estímulo) a su favor.

Todos los seres que poseen una columna vertebral utilizan la presión hacia abajo que genera su propio peso para generar una contrapresión elástica que los impulsa hacia arriba y adelante.

Esta presión-contrapresión elástica y rítmica, que se transmite de cabeza a pies y de pies a cabeza, depende, para su transmisión fluida, del movimiento proporcional y armónico de todas las partes del cuerpo. A lo largo de la evolución de los seres vertebrados se desarrollaron ciertas configuraciones de movimiento que permiten este fluir ininterrumpido, resultando en un movimiento global eficiente y económico en esfuerzo.

Para mantener un sistema músculo-esquelético sano y que lleva a cabo un movimiento eficiente, es necesario un sistema nervioso ágil y despierto, que coordine todas las partes del cuerpo en una alineación postural continua y coherente.

Cuando se adormece esta cualidad autoperceptiva del sistema nervioso, ciertas partes del cuerpo se pierden del mapa perceptivo, lo cual las lleva a no participar de los movimientos. Esta falta de movimiento es compensada por alguna otra parte, que aumentará desproporcionalmente el suyo para permitirnos seguir en la danza con la gravedad.

Pero, lo que era una melodía armónica de movimiento fluido, pasa a ser un montón de ruido entrecortado… y esta disonancia genera dolor, contracturas, lesiones, jaquecas, vértigos y una larga lista de quejas del cuerpo.

Una postura colapsada y rigidizada tiene además efectos sobre el humor y el estado general de ánimo.

Cuando el fluir de la presión-contrapresión a través del cuerpo no nos lleva hacia arriba, quedarse colapsado en un sillón, haciendo nada, pasa a ser una opción muy tentadora. Moverse duele, cuesta, el cuerpo lleno de toxinas metabólicas genera más letargo… y la descoordinación neuro-motora no hace del movimiento dinámico algo entusiasmante.

¿Cómo salir de este dilema?

Ya todos sabemos que es necesario moverse para potenciar la salud y el bienestar mental y corporal. El problema es que, en general, nos re-iniciamos en el ejercicio físico cuando ya estamos en un estado de descoordinación.

La primera consideración que deberíamos tener antes de comenzar a hacer cualquier ejercicio de impacto es asegurarnos que nuestra postura es lo suficientemente confiable para proteger las articulaciones más vulnerables: cuello, espalda baja, caderas, hombros y rodillas.

Si nuestra postura no está bien alineada vamos a estar cargando con tensión extra, vamos a realizar más esfuerzo del necesario, y además corremos el riesgo de lesionarnos.

Para lograr una buena integración postural hay que desaprender estrategias adquiridas que resultan poco eficientes y redescubrir formas de organizar e integrar posturalmente nuestro tronco, cabeza y miembros que se asemejan más a las estrategias que utilizamos de bebés.

Pero, a diferencia de en aquellos primeros pasos, el re-aprendizaje en el adolescente y el adulto requiere de conciencia, en especial de la autoconciencia y autopercepción, ya que para darle lugar a nuevas formas  es necesario inhibir hábitos muy practicados.

Más el resultado vale la pena: lograr movernos con placer nos vuelve más dispuestos hacia el movimiento y nos inspira a redescubrir y conquistar nuestro potencial.


- Victoria

viernes, 27 de enero de 2017

On 18:13 by Victoria Stanham in , ,    No comments

Técnicas somáticas son aquellas que consideran al cuerpo desde su experiencia y regulación ‘desde adentro’, a diferencia de la mirada más tradicional que toma al cuerpo como una ‘máquina’, separada de la mente y la imaginación creativa.

Las técnicas somáticas se centran en la pregunta de cómo la conciencia habita el cuerpo vivo (el término deriva del griego ‘somatikos’, de ‘soma’: persona viva, consciente y encarnada) y estudian al ‘ser’ desde la perspectiva de la propia experiencia vivida en cuerpo, psique y espíritu.


Las técnicas de educación somática del movimiento intentan despertar la consciencia del propio cuerpo en y a través del movimiento. Son ejemplos de técnicas somáticas la Técnica Alexander, el Método Feldenkrais, el método de Movimiento Inteligente de Ruthy Alon, entre muchas otras. 

El Método Pilates puede ser tanto una técnica somática como un sistema de ejercicio físico, según cómo se encare su práctica.

domingo, 22 de enero de 2017

On 18:30 by Victoria Stanham in , , ,    No comments

Estoy de semi-vacaciones hasta fin de mes y esto me deja suficiente tiempo y energía para empacharme diariamente de movimiento en todo su espectro: desde el ejercicio físico puro y duro (correr y ejercicios de fuerza, potencia, y velocidad), pasando por el Pilates en sus versiones de mat y aparatos, y finalizando con procesos de Bones for Life (práctica netamente somática de conciencia y escucha corporal).

Estos tres puntos del espectro del movimiento desafían a mi cuerpo, mente y espíritu desde diferentes ángulos.

El ejercicio físico más clásico, con su énfasis en la velocidad, intensidad y potencia no me da suficiente tiempo para “pensarme” y me obliga a confiar en la organización postural que ya tengo integrada. Esto quiere decir que también revela los lugares donde no la tengo tan clara. A su vez, me pone en un estado psico-físico muy diferente al que accedo desde las prácticas más “suaves”, recluta mi energía “yang” por así decirlo.

En contrapunto, los procesos somáticos, con su énfasis en la conciencia, el “menos es más” y la escucha profunda me obligan a notar las consecuencias en todo mi ser de cada acto, cada movimiento, cada esfuerzo, para poder soltar lo que no es necesario y lo que me lleva en direcciones opuestas a mi objetivo. Las prácticas somáticas son momentos de mucha “honestidad”, donde tengo que reconocer lo que está ahí y lo que no, es permitirle a mi soma expresarse sin imponerle mis pre-conceptos, es dejarme sorprender por lo que me muestra.

En un punto medio, el Pilates ocila entre ejercicio físico conciente y conciencia del físico en el ejercicio... según como uno quiera prácticarlo. El foco principal del Método Pilates es lograr espacio, flexibilidad y estabilidad en la columna vertebral a fin de darle espacio a la respiración y los órganos durante el movimiento.

Practicar Pilates es aprender a moverse sin perder ese espacio vital. Esto requiere “pensar” para moverse, organizar el cuerpo desde adentro. Pilates no son los ejercicios que se practican, sino cómo y con qué objetivo se ejecutan esos ejercicios.

En conclusión, Pilates, para mí ha sido siempre mi sala de ensayo y mi laboratorio de práctica, tanto para las técnicas somáticas con las que estoy vinculada, así como para las formas de ejercicio físico más duro que practico. Pilates me da ese punto medio, esa sensación suprema de la organización psico-física profunda en movimiento y el deleite de desafiarme a ir más allá de lo que creo que puedo hacer.


- Victoria

sábado, 14 de enero de 2017

On 18:37 by Victoria Stanham in , , , , ,    No comments

A veces no sabemos si el cambio es el correcto, y no tenemos feedback inmediato de que vamos bien rumbeados... o el feedback parece negativo.

Estoy (re)aprendiendo a correr utilizando los principios de The Art of Running, el método de Corre-Camina-Corre de Jeff Galloway, la física de Pose Method y ciertas modificaciones que deducí de mi experiencia con los principios de organización postural de la Técnica Alexander, el Método Pilates y el método de Inteligencia del Movimiento de Ruthy Alon. Creo firmemente en la validez de todos los principios de estas técnicas y su utilidad para lograr una mejor organización de mi cuerpo y mente en la acción.

Sin embargo me estoy encontrando que corro más lento que antes, y esto me resulta muy frustrante. Por un lado confirmo que corro sin dolores: no se inflama mi tendón de aquiles tanto como antes, no tengo dolor en mi banda iliotibial izquierda ni molestias en mi flexor de cadera,  no me canso, y jamás me duele nada después de correr aunque no estiro ni antes ni después (esto último de perezosa nomás). Pero por otro lado me encuentro que mis tiempos en los 5k se volvieron mucho más lentos.

Esto me deja en una encrucijada, ¿volver a la forma anterior antes de adquirir hábitos nuevos, o seguir con el experimento? También entran los miedos.  ¿Estaré en lo correcto? ¿Y si estoy haciendo todo mal y encima me estoy llenando de hábitos raros?

Quizás es hora de replantearse los objetivos y las metas a largo plazo. ¿Quiero ser rápida o poder correr por mucho tiempo? ¿Qué estoy dispuesta a sacrificar, y qué no, en pos de mi objetivo principal?

Esta es una situación bastante común cuando empezamos a encarar la vida desde la somática. La somática plantea una forma totalmente diferente de enfrentarse a los desafíos físicos y mentales. Por lo tanto los parámetros viejos de medición de eficiencia no siempre son los adecuados.

Esto da miedo al principio, hasta que aprendemos a confiar. Y aprendemos a confiar porque vemos resultados. Y vemos resultados porque nos mantenemos firmes en el nuevo camino.

Quizás elegimos un nuevo camino sólo cuando nos damos cuenta que el viejo ya no nos está llevando a dónde queremos, y la única opción es cambiar algo. Cambiar algo a veces significa retroceder por un tiempo antes de avanzar. Hay que desarmar lo viejo antes de armar algo nuevo. Quizás no hay que desarmarlo todo, pero algo siempre hay que reconfigurar. Después de todo, nuestras ideas ya se han vuelto cuerpo, y no basta cambiar la idea si el cuerpo no cambia. En los hechos, si el cuerpo no cambia, entonces la idea no ha cambiado tampoco.

¿En qué confiar entonces? Hay que confiar en los principios. O confiar en el profesor o mentor que te inspira. O simplemente tocar fondo y confiar que peor que donde estamos hoy no podemos estar, y que el cambio es todo lo que nos queda para salir de allí.

En resumen, el cambio requiere confiar en algo.


- Victoria Stanham

domingo, 24 de abril de 2016

On 17:06 by Victoria Stanham   No comments

Queridos lectores del blog:

Les escribo por  última vez desde esta dirección web. Hoy cierro una etapa hermosa y me mudo de dominio virtual a una nueva casa en www.victoriastanham.com.

Permítanme contarles y compartir con ustedes el camino y las razones que me llevan a este cambio.

Comencé este blog en febrero del 2013 como una vertiente para mi pensamiento y entendimiento sobre la Técnica Alexander. Cumplía en ese entonces un año como profesora graduada y ya notaba que mis ideas sobre la Técnica, y mi forma de entenderla y querer enseñarla, empezaban a derivarse del canon más tradicional. Escribir en este blog me permitía verbalizar esa nueva forma, expresarla, estudiarla, elaborarla, entenderla, y ver hacia dónde me llevaba.

A finales del 2012 había completado mi formación en Pilates Mat y empezaba a disfrutar y valorar la riqueza de la inter-polinización entre técnicas somáticas y de movimiento.

Para finales del 2013 me di cuenta que mis exploraciones personales en el alcance de la Técnica Alexander empezaban a derivarse demasiado del canon y que necesitaba más libertad para “enloquecer un rato” con la forma. 

Elegí entonces abandonar la posición de asistente en la Escuela de formación de profesores de Técnica Alexander de Montevideo. Simplemente no quería confundir con mis ideas a los nuevos profesores en formación, y necesitaba darle rienda suelta a la exploración de mi propia forma de enseñar y vivir la Técnica Alexander.

Mis blogs empezaron a hablar de todo un poco relacionado al cuerpo y su lenguaje, el movimiento, los hábitos, la postura, el cambio y la percepción. Todos ellos son temas relacionados a la Técnica, pero me animé a adentrarme en tópicos más concretos, como el ejercicio físico intenso (crossfit, running, entrenamientofuncional), el dolor físico y emocional, y el proceso deaprendizaje en sí mismo.

Mientras tanto seguía explorando con otras técnicas de movimiento y percepción, buscando nuevas formas de responder a mis eternas preguntas. Y es que gran parte de mi búsqueda se centra en los juegos de percepción y puntos de vista.

En el 2014 tomé mis primeras clases de Feldenkrais y me enamoré de la metodología de las ATM’s (Awareness Through Movement / Autoconciencia por el Movimiento). En el 2015 me formo como profesora de Pilates Studio (aparatos) y comienzo a cursar partes de la carrera de fisioterapia en la UdelaR. Finalmente en este 2016 comienzo a formarme en Bones for Life, del programa de Movement Intelligence de Ruthy Allon (derivado del Feldenkrais).

Todo esto ha significado que mi práctica y forma de enseñar y entender la Técnica Alexander se han vuelto muy “idiosincráticas” (idios – de uno mismo; syn -  junto; krasis – mezcla), o sea, son mi mezcla personal.

Es por eso que hoy se cierra un ciclo y un espacio que ya cumplieron su objetivo: ayudarme a encontrar mi voz y mi forma. Se abre ahora un nuevo ciclo en mi página web personal donde estaré hablando ya expresamente desde el paradigma que comparto con Eduardo, mi pareja: la SomatoSofía.

Para quienes quieran seguir acompañándome en mis andanzas y pensamientos los invito a visitar el nuevo blog y suscribirse para recibirlos desde allí.

Para quienes hasta aquí llegan, me despido con cariño y agradecimiento. El blog vstanhamtecnicaalexander.blogspot.com seguirá aquí pero ya no se renovará. Quedan aquí sus 111 artículos que no serán cambiados ni removidos.

Un gran abrazo.


- Victoria


jueves, 7 de abril de 2016

On 11:40 by Victoria Stanham in ,    No comments

Cuando algo me duele, un diagnóstico puede ser un arma de doble filo.

Saber qué me pasa calma mi ansiedad; un ‘diagnóstico’ generalmente viene con un ‘tratamiento’. Y aquí está el peligro… Si sigo el tratamiento, si corrijo lo que está mal, si corrijo todas las partes, si encuentro la raíz del problema y la arreglo… ¿entonces me voy a curar?

El hecho es que nadie sabe. A veces me ‘curo’ (que en mi mundo significa que deja de doler o molestar y que recupero la función perdida) y se lo adjudico al tratamiento.  Y a veces hago ‘todo bien’ e igual me agarro una bursitis, me duele la rodilla, o se me irritan los ojos.

Un problema crónico, no es una invitación a “tirar la chancleta, porque total…”. Es una invitación a convivir con el lagarto, tenga el tamaño que tenga.

Aprender a vivir con él lagarto cuando está grande y destructivo como Godzilla y a vivir con él cuando está chico y manejable como Godzuki. Aprender a llevarla, a manejarla, a crearme las mejores condiciones para que me limite lo menos posible.

Pero sin luchar por erradicarlo de por vida, porque lo que sí veo es que generalmente tengo menos control sobre sus idas y venidas de lo que me gustaría.

Asumir que no me puedo salir siempre con la mía, es asumir mis limitaciones, y es volverme más humana.

En suma, para algunas molestias, soy crónica. Hay días que me duele y he aprendido a domar a Godzilla para que no destruya toda mi ciudad.

¿Qué me ayuda a transformar a Godzilla en Godzuki?

Uso el diagnóstico para saber cómo crear las mejores condiciones para que ello ocurra (hay que ayudar la situación), confío (a veces no queda otra)… y trabajo la paciencia (que nunca viene mal).