domingo, 29 de marzo de 2015

On 19:53 by Victoria Stanham in    1 comment

La mayoría del tiempo no somos conscientes del brillante acto de equilibrio que fue, y sigue siendo, para nuestra especie el lograr la postura erguida.

En condiciones “ideales”, y por tanto inexistentes, la situación normal sería ser livianos, libres, e inconscientes de que nuestra postura bípeda es una performance de equilibrio móvil, dinámico y en constante desafío. Momento a momento perdemos la estabilidad y la recuperamos eficiente y eutónicamente. En condiciones ideales todas las opciones de respuesta estarían siempre abiertas para nosotros, y seríamos libres de elegir según las circunstancias presentes.

Pero la vida es lejos de ideal. Aunque todos venimos a este mundo con el mismo diseño de trama básico, no nacemos ni simétricos, ni perfectamente equilibrados ni completamente ambidextros. A medida que elegimos, gustamos y preferimos algunas opciones sobre otras, usando lo que funciona y da resultados rápidos, tironeamos y torcemos los hilos de nuestro diseño básico, acomodándolo a nuestros gustos. 

Esto hace que la próxima vez que haya que escoger, la opción tomada anteriormente sea la más fácil de tomar. Con el tiempo ya no hace falta escoger “conscientemente”: podremos volver a la “neutral” relativa mientras nuestro tejido sea joven y elástico, pero nuestra elección favorita se ha establecido como el “preset”.

Cuanto más elegimos los mismos caminos una y otra vez, tanto más se vuelven parte de quien creemos ser, quienes “nos sentimos” ser. Eventualmente la elección se vuelve parte de nuestra auto-definición, queda grabada en el grano mismo de nuestra trama. 
Todas las torciones, estiramientos y tirones habituales del tejido, y todas las contracciones y rigideces se fijan. A medida que nuestro tejido envejece y se pierde elasticidad, se vuelve cada vez más difícil volver a la “neutral” y poder elegir y sostener una serie diferente de torciones y estiramientos sobre el tejido.

A medida que nos convencemos que las torciones y estiramientos del tejido son de hecho nuestro “neutral” y “natural” diseño básico, todas las otras opciones posibles de moldear el tejido se desvanecen de nuestra consciencia. Al desvanecerse se “pierden” temporariamente en esa lugar inefable que se ha vuelta para nosotros “lo desconocido”. Allí permancerán latentes hasta que elijamos partir a la búsqueda de nuestro potencial perdido, hasta que salgamos a mapear “lo desconocido”.

“Lo incognoscible” estará por siempre escondido de nuestros sentidos humanos. Pero “lo desconocido” estará por siempre allí, esperando a que lo mapeemos y así reclamemos nuestra herencia suprema.

jueves, 19 de marzo de 2015

On 19:07 by Victoria Stanham in ,    No comments

Los comienzos son difíciles para mí. Me gusta el orden, pero los comienzos tienden a ser un tanto caóticos.

La mayoría del caos surge del hecho que no cerré del todo las acciones anteriores. Voy arrastrando los restos de ayer hacia el hoy y el mañana, y es esto lo que enturbia las aguas de lo nuevo que quiere emerger.

¿Qué hacer al respecto?

Si siguiese mis propios consejos, dejaría de hacer algo, no haría nada. Encontraría un pedacito de piso donde recostarme de espaldas, con mi cabeza sostenida sobre unos libros y mis rodillas levantadas. Si hiciese esto todos los días, mañana y tardecita, estaría dándole espacio para que el cambio ocurra solito.

Es difícil creer que con solo tirarme en el piso y hacer nada voy a crear espacio para que las cosas se arreglen solitas. Pero pasa. Es una cascada de creación de espacios: me doy un espacio en el día para dejar de hacer; eso me lleva a hacerme un espacio donde recostarme; recostarme arma espacio en mi cuerpo para que se suelten las tensiones acumuladas; a medida que mi cuerpo suelta las tensiones, mi mente suelta las tensiones también y voilá! he creado espacio en mi mente para tener claridad sobre la próxima acción.

Es todo una cuestión d espacio: espacio-temporal, espacio-ambiental, espacio-corporal, espacio-mental.

No se require nada más que tomarse tiempo para descansar en ese espacio. El tiempo mismo se encargará del resto.

Cuando me pido comenzar una nueva acción, tengo que darme tiempo antes de hacer o decir nada más. ¿Por qué? Porque en cuanto me pido hacer algo, ya arranco con mi respuesta habitual (en mi caso un montón de pensamiento errático y acciones desconsideradas) y me lleva un tiempito darme cuenta de esto y parar.

Y es solo cuando me acuerdo y paro, cuando crea espacio y me doy tiempo, es sólo cuando el polvo de las acciones pasadas deja de revolotear por el aire y las olas del lago de la mente dan lugar a la calma del estanque, sólo entonces puede operar la nueva etapa.


¿Cuál es la nueva etapa? Escuchar, con todo mi ser, la nueva dirección clara y verdadera.