domingo, 27 de diciembre de 2015

On 18:38 by Victoria Stanham in    2 comments
¿Vale la pena hacerse la lista de objetivos 2016?


Se acerca fin de año. Hago evaluación de lo logrado. Me marco nuevos objetivos.

Sin embargo, año a año noto que ciertos objetivos vuelven a estar en mi lista, son como yuyos duros de eliminar. Algo me dice que no tiene sentido seguir haciendo esto, es como “empezar la dieta el lunes”… y dejarla el miércoles.

Con todo, en mi evaluación de logros me encontré con un yuyo que no tengo que volver a poner en la lista. Aunque nada parece tener que ver con la postura y el movimiento corporales (temas oficiales de este blog), tiene mucho que ver con el cambio de hábitos (tema secundario de este blog) y por tanto comparto lo que descubrí.

5 lecciones aprendidas este año al tratar de cambiar un hábito aparentemente incambiable

     1.     Que no lleve mucho tiempo

Si es un gran cambio, partilo en pedacitos manejables, acciones concretas que puedas realizar en poco tiempo. Un gran hábito está formado de mini-hábitos.

Este año logré finalmente tener mi baño siempre pronto para visitas. Para mantener el ímpetu, a pesar de mis increyentes obligaciones laborales y de estudio, definí pequeñas tareas que puedo realizar en 3 minutos, y no hago más que eso… pero las hago sí o sí cuando las tengo asignadas.

La utilidad de esta estrategia no está en tener un baño inmaculado, sino en generar el hábito de limpiarlo diariamente. Al ajustar el logro al tiempo establecido, evité la trampa de querer hacer una limpieza profunda un día, y no hacer nada al siguiente. Me importa más el hábito de limpiar que lograr la perfección cada vez.

En definitiva, si realizar la acción no te “quita” demasiado tiempo, es más probable que la hagas. A su vez, si la acción es algo fácil y accesible, tenés menos excusas al momento de tener que realizarlas.

     2.     Repetirlo fielmente sin esperar resultados durante un período prudente, y luego revaluar estrategia

Cuando el objetivo mayor está compuesto de pequeñas etapas consecutivas, tenés que cumplir las etapas y establecer los hábitos correspondientes, antes de decidir si vas bien orientado.

En mi lucha contra los hongos del duchero opté por rociar el duchero diariamente con una solución leve de agua jane. Aunque al principio no vi grandes cambios, al cabo de unas semanas noté que las juntas de las baldosas estaban blancas nuevamente.

Mantener la práctica durante un período previamente decidido, tuvo el buscado fruto de establecer un hábito, y la feliz sorpresa de lograr un resultado.

En definitiva, para establecer un hábito hay que poner la energía en el proceso, y no en el resultado. Pasado un tiempo racional, recién allí evaluar efectos y recalibrar estrategias.

     3.     Adjuntarlo a una rutina ya establecida

Esto cumple la doble función de recordatorio y de facilitar el “cuándo hacerlo”.

Siguiendo con el ejemplo de mi baño, decidí hacer una limpieza rápida de lo indispensable al salir de la ducha. Un poquito todos los días evita que se acumule mugre, y deja gran parte del camino andado para cuando quiero hacer una limpieza más a fondo.

En resumen, al considerar tu hábito no es necesario asignarle un momento entero nuevo en tu día. Si lo “sumás de colado” a otro hábito ya establecido, de repente ya no te “roba” tiempo de otra cosa, y además usa el “envión” de un hábito senior.

     4.     Allanar el camino

Es muy difícil logar un cambio si todo conspira contra ti, sobretodo la falta de preparación.

Uno de mis primeros errores fue no tener los implementos necesarios a mano. Para establecer un hábito yo necesito que sea una opción fácil de tomar. Esto evita que la posponga para luego. Por eso me armé rociadores con solución de limpieza y los puse bien a mano junto con el trapo y los guantes. Ahora, salir de la ducha y hacer una limpieza-express de superficies ya es casi una sola acción.

Cabe mencionar que este paso generalmente lo tomamos mucho antes de lograr instalar el hábito. Hasta que no le agregué los otros 4 elementos, los rociadores estuvieron ahí, mirándome, recriminándome mi falta de acción. Pero una vez que puse las otras piezas en su lugar, estuve feliz de tener esta pieza ya pronta.

     5.     Que tenga un efecto sensorial claro que te diga “hecho”

Esto no tiene nada que ver con el resultado real, sino con algo que te indique que completaste la acción. Y para eso necesitamos un indicador sensorial: un olor, un sonido, una visual, una sensación en el cuerpo… algo que nos diga “tarea cumplida”.

Yo sé que el olor a limpiador no tiene nada que ver con la limpieza de un lugar. Sin embargo, ese olor el que me da la sensación de limpieza y por tanto de tarea cumplida. Si no tengo esa sensación, es casi como si no hubiese hecho la tarea.

Por tanto, tu hábito necesita de una “sensación” que marque el final de la acción. Aparentemente el cerebro odia los cabos sueltos, así que ponele moño o broche a la acción y eso te asegurará que la repitas el día siguiente.

(Volverse adicto a la sensación tiene sus propios riesgos, por eso es que periódicamente mido resultados reales … ver punto 2).  

En suma … ¿Vale la pena armarme una lista de metas 2016?

Sin duda la armaré, y sin duda no lograré el 90% de ellas.


Esto no significa que me estoy disponiendo para el fracaso. Con cada objetivo no cumplido aprendo algo sobre cómo cambiar hábitos: lo que funciona y lo que no.  Y en definitiva, eso es lo que me importa.

viernes, 13 de noviembre de 2015

On 17:30 by Victoria Stanham   No comments

Ando buscando inspiración. Quiero colgarme en un nuevo viaje, y ando en busca de un guía.

El problema es que soy una alumna “difícil”, “exigente”. Algunos me llamarán rompe-cocos, y quizás tengan razón.

Por eso estoy mandando esta carta abierta al ciber-espacio. Quizás tú que estás leyendo conocés lo que yo estoy buscando.

Para simplificarte la tarea, armé el pentálogo de la propuesta que busco:

1. Llegué por recomendación de alguien que conoce mis intereses.

Ok. Vamos bien. Si me lo recomendás tú que me estás leyendo, ya tenés alguna idea de por dónde van mis intereses. O sea, estoy abierta a tus recomendaciones. 

2. La Propuesta busca el desarrollo de la persona como una totalidad.

Voy a un montón de cursos aislados de temáticas concretas, pero las cosas que me atrapan y me tienen orbitando durante años bajo su influencia son aquellas que me ayudan a conocerme y expandir los límites de mi definición personal.

Claro que me cuelgo con cosas que incluyan estudio del movimiento, actuación, voz, comunicación, y medicina. Pero creo que hasta iría a clases de ‘micro-economía de poblaciones de hormigas’, o ‘contabilidad de empresas logísticas’ si me dicen que el foco principal es aprender sobre uno mismo.

Casi cualquier cosa puede tomarse con esta finalidad en mente. Todo va en la concepción del ser humano, del universo, y de cómo se relacionan estas dos variables que tenga el docente. Hay gente que puede hacer del macramé con hilo francés un arte del autodescubrimiento, una filosofía de vida, una forma de encarar la existencia… y esas son las almas que me gustan.

¿Ya tenés alguien en mente? Genial. Andá anotando ideas.

Te aviso que me gusta informarme sobre el docente antes de ir a clase. Lo hago para hacerme una idea de cómo piensa, qué hace, qué intereses tiene… en resumen: por dónde le pica la pelota.

Te cuento las cosas qué busco en un potencial guía:

3. Tiene una pata en cada paradigma: holístico – científico

Si hay algo que me fascina es la gente con la capacidad de bucear en muchos estanques. Sin duda admiro al experto en un área concreta, pero valoro por sobre todo al experto en algo…que sabe cómo su algo se comunica con el resto del universo (o al menos tienen un interés por saberlo).

Cuantos más puentes sepa tender un docente entre su pequeño mundo y el vasto universo de técnicas y filosofías a su alrededor, más lo respeto. No me gustan los fundamentalismos, de ningún tipo. Me parece que el universo es un poco demasiado inaprehensible para negarse a otras posibles interpretaciones, lecturas y verdades.

4. Ofrece un plan integrado de teoría y experiencia

Todo bien con las filosofías, pero tiene que haber cuerpo, tiene que haber aplicación práctica, tiene que vivirse, tiene que haber un método para experimentar eso que se transmite.

Y todo bien con la práctica, con la experiencia, pero necesito poder conceptualizarla, integrarla, expresarla con la palabra, darle sentido a la experiencia.

5. Vive lo que predica

La otra cosa que miro mucho es cuánto se refleja lo enseñado en la vida propia del docente: ¿vive su propio discurso?

En algún punto voy a preguntarle ¿por qué estamos haciendo esto? y quiero que al menos tenga una teoría viable. Si pido un guía, es porque quiero alguien que conoce el terreno en su experiencia y no de los libros nomás.

No necesito certezas, pero me gustan los mapas. No tengo problemas con los desafíos y los votos de confianza. Pero necesito saber que el desafío es justificado en pos de un crecimiento mutuo, y no por vaya uno a saber qué vueltas de la enredada psique del docente.

Listo, eso es todo.


¿Tenés alguien para recomendarme?

jueves, 29 de octubre de 2015

On 16:07 by Victoria Stanham   No comments

A veces, a pesar de los años que llevo trabajando en el territorio de la “mente-cuerpo”, no sé cómo entrar en diálogo con mi propio cuerpo.

Todo comienza con un síntoma molesto: algo duele, algo incomoda, algo se inflama, se tensa.

Reconozco la señal como un pedido de ayuda, y trato de ayudarme. Pruebo con lo que ya conozco, utilizo todos mis recursos, pero no se soluciona.

Es como si de repente hablara un idioma diferente al de mi cuerpo, como si fuésemos de culturas distintas. A veces lo imagino como a un niño que llora y llora y yo no sé cómo calmar. El síntoma se vuelve tan fuerte que nos quita a ambos la capacidad de ver dónde está el verdadero desajuste.

Necesito reconstruir el diálogo. Necesito un mediador, un intérprete. Me acuerdo de la película “The Horse Whisperer” y pienso, “Eso es lo que necesito: un Body-Whisperer.”

¿Quién puede hablarle así a mi cuerpo? ¿Qué lenguaje hablaría ese ser?

Contacto y movimiento. Toque. El cuerpo sabe de contacto, de kinestesia, de calor. Un toque que no impone, no pide, no invade. Un toque que apenas sugiere, abre un espacio, una posibilidad, recuerda un trayecto olvidado… y espera. Un toque de infinita paciencia.

Conozco algunas personas que tienen ese toque. Entre sus manos y mi cuerpo ocurre un diálogo que apenas entiendo conscientemente. Simplemente noto el efecto profundo de cada espacio recobrado.

¿Qué se dicen? ¿Qué se cuentan? 

Muero por entrar en el diálogo. Pero para ciertos dialectos corporales soy aún muy torpe: me abalanzo, hablo demasiado fuerte, no sé escuchar ni leer entre líneas.

¿Cómo se aprende este lenguaje?

Reconociendo algunas de sus palabras básicas. El cuerpo habla en ritmos, tonos, amplitudes, intensidades. El cuerpo habla en sensaciones y movimientos.


Y parando para escuchar. Todos los días un ratito. Parar para escuchar, sin esperar entender nada. Crear el espacio para la escucha. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

On 15:36 by Victoria Stanham   No comments

Somos extranjeros en nuestro propio territorio corporal. 
Somos el invasor, el colonizador, el foráneo. Somos el tirano; el poseedor y no el poseído.

¿De dónde venimos? De nuestra propia cultura. Somos un producto de la imaginación cultural. Una historia inculcada que nuestra sustancia mental se creyó, volviéndose contra sí misma, contra su esencia, su hogar, su carne.

Pero el cuerpo recuerda, SIEMPRE. El cuerpo no olvida, el cuerpo está en conexión directa con lo más esencial nuestro.

El cuerpo es a su vez la fuerza y la tierra fértil, donde todo se expresa. La mente brinda el orden, la dirección, canaliza esa fuerza hacia su destino.

¡Qué fácil es creerse que uno es la fuerza y no sólo el director! El jinete se cree que el poder del elefante es propio.

Pero el elefante NO OLVIDA.

Hasta que un día, quizás, todo cambia. El sistema del tirano se revela falible. Un dolor que no se va, un diagnóstico que nos hace imposible seguir como antes.

Entonces, quizás, llega la humildad de volver al cuerpo, de lograr el perdón del niño, del perro herido. Recuperar la confianza del elefante. Desaprender los vicios.

Volver a casa.

lunes, 12 de octubre de 2015

On 18:59 by Victoria Stanham   No comments

Estoy estudiando fisioterapia. No es la primera “ciencia” del cuerpo y el movimiento que estudio, y sin duda no será la última.

Y, sin embargo, en ninguna encuentro vivo el diálogo. Todas me enseñan, todas me aportan, a todas respeto… pero todas me dejan un sin-sabor de tristeza. He aquí por qué…

En las “ciencias” del cuerpo y el movimiento encontré:
  • discusiones sobre terminología
  • fórmulas que “explican” la realidad sin experimentarla
  • análisis de partes desconectadas del todo
  • gente que habla del cuerpo, pero que está desconectado del propio, el cuerpo es un “eso”, un “objeto” de estudio

Y me pregunto: ¿Dónde está la relación con el propio cuerpo? ¿Dónde está el diálogo?

Para las “ciencias” del cuerpo y el movimiento la postura es:
  • una serie de ángulos óptimos
  • una serie de tensiones, fuerzas, vectores
  • un leve reconocimiento que lo social, cultural, emocional, mental influye
  • algo relacionado al equilibrio de músculos, huesos, tendondes, ligamentos y el sistema nervioso

Y me pregunto: ¿Dónde está lo que el cuerpo “dice” con la postura? El cuerpo no miente, no tiene máscaras, y los cuerpos se leen entre sí y se entienden… hay un mundo de conversaciones que ocurre justo debajo de nuestras narices y no nos damos cuenta.

Me pone triste que en las “ciencias” del cuerpo y el movimiento No encontré:
  • Un cuerpo vivo
  • Un cuerpo sensible
  • Un cuerpo inteligente
  • Un cuerpo integrado
  • Un cuerpo respetado y venerado
  • Una lectura empática del cuerpo

¿Qué es la postura para mí?
  • Una reflejo del estado de mi diálogo con mi cuerpo
  • Un reflejo del estado de mi diálogo con el mundo
  • Un juego de equilibrios que tengo que dejar de interferir
  • Un juego de equilibrios que tengo que aprender a escuchar e interpretar
  • Un movimiento sutil que pasa a través mío y que, como un edificio antisísmico, debo aprender a dejarlo atravesarme y aprender a “surfearlo”
  • Un estado de conexión conmigo misma, con mi equilibrio interno, con lo que mi cuerpo me cuenta sobre cómo estamos viviendo las experiencias.

¿Qué es el cuerpo para mí?
  • Un universo a descubrir, un mundo que se me revela sólo cuando me callo para escucharlo
  • Mi verdad: no es La Verdad universal, es la Mía, y por eso tengo la responsabilidad de conocerla, honrarla, escucharla, y ante todo, dejar de negarla.
  • El gran viaje en el que todos estamos embarcados, y que algún día nos tocará reconocer… y aprender a disfrutar.

Simplemente.

Victoria.

miércoles, 7 de octubre de 2015

On 18:31 by Victoria Stanham in    No comments

Hay días que ando con la espalda contracturada: el cuello y los hombros duros. La situación se da generalmente cuando tengo demasiadas cosas en el plato: trabajo, estudio, proyectos, clases. Es sumamente frustrante no estar con la energía al 100% para disfrutar de todo.

En esos momentos lo que más quiero es tiempo y espacio para mí; pero mi mente no es capaz de dármelos. A veces llego al agotamiento total y me da fiebre.

Entonces me doy cuenta, que es mi cuerpo y no mi mente quien defiende mis verdaderos intereses. Es el cuerpo el que me está diciendo, “Frená.” La contractura, la fiebre no son mis enemigos; son el grito desesperado de un cuerpo que ya no sabe cómo llamar mi atención. “Escuchame” parece gritar.

Y merece ser escucharlo. Después de todo estamos juntos en este proyecto de llevar mi vida adelante, y tenemos que cooperar.

Tuve que aprender a parar; porque a las corridas y haciendo mil cosas a las vez es imposible prestar verdadera atención. Tengo una mente hiper-activa, super inquisitiva, “parar” no me es fácil. Pero se aprende. No soy una experta, ni ahí, todavía me contracturo cada tanto.

Tuve que cambiar también algunas ideas que tenía sobre mi cuerpo y cómo funciona. Ni sabía que tenía esas ideas, porque son como la cultura: no se ve desde adentro. Es más, muchas de esas ideas son culturales, responden a una manera de concebir al cuerpo, propia de nuestro mundo occidental donde mente y cuerpo son consideradas cosas separadas.

Por más que está re de moda esto de lo “psico-somático” y la influencia que cuerpo tiene sobre mente y mente sobre cuerpo, creo que en los hechos no somos realmente conscientes de cuán profunda es la simbiosis. Y en la práctica seguimos poniendo mente sobre cuerpo, no nos tomamos en serio lo que el cuerpo dice… es más no entendemos lo que dice porque lo interpretamos desde nuestros preconceptos.

Aprender a oír y entender lo que el cuerpo dice, es como aprender un nuevo idioma; al principio no entendemos nada, es todo ruido y jeroglíficos. Pero con un poco de ayuda, empezamos a comprender palabras, armar frases, conjugar verbos y eventualmente charlar y escribir. Cuánto más te adentrás en esa nueva lengua, empezás a captar las sutilezas, los doble-sentidos, a leer entre líneas.

¿Cómo se desarrolla este primer paso de “escuchar” al cuerpo? Primero tengo que dejar de hablar y hacer ruido con mi mente.

Nuestras ideas sobre nuestro cuerpo mantienen un monólogo constante, inconsciente y ensordecedor. Este monólogo le impone ciertas pautas de funcionamiento al cuerpo que poco tienen que ver con la realidad funcional-anatómica del mismo.

Lo primero que aprendí fue a sacar a la luz estas ideas y cotejarlas con la realidad. Me encontré con todo tipo de falacias y sin-sentidos. Luego viene la parte más difícil de hacer solo: encontrar dónde se está dando este monólogo mental.

¿Dónde estoy hablando inconscientemente? Allí donde hay tensión muscular inconsciente. ¿Cómo reconocer lo que no siento? Encontré quien me ayude a callar la tensión por un instante.

Ese instante de “silencio” de tensión es un bálsamo para el alma, para el cuerpo y para la mente. Se abre una puerta a nuevas posibilidades.

Obviamente la tensión vuelve… callarme jamás ha sido mi fuerte.

Pero ahora que soy consciente de dónde se dan mis monólogos-de-tensión, sé a dónde ir a buscarlos. Aprendí a encontrar los lugares donde tiendo a “gritar” mi monólogo, o sea donde la comunicación con mi cuerpo está más interferida. Interesantemente, no son los puntos obvios: cuello, espalda, hombros… estos resultaron ser tan sólo los ecos de griteríos que se están dando en otras parte.

Aprender a callar es un arte en sí mismo. Para muchos es todo lo que necesitan y quieren: silencio, descanso, espacio; parar para callar y quedar allí, sin pretensiones, sin expectativas, simplemente siendo. El diálogo con el cuerpo vendrá luego, con el tiempo.

Conociéndome obviamente quise aprender a hablar también, lo cual requirió primero aprender a “entender” lo que el cuerpo estaba diciendo cuando yo callaba. Pero la historia de ese aprendizaje es material para otro día.

Espero que te haya servido mi historia. Si te interesa probar esto de callar el monólogo ensordecedor, escribime y arreglamos para que te lo muestre personalmente. Es difícil transmitirlo por escrito.

Cuidate mucho.

Victoria

martes, 18 de agosto de 2015

On 15:07 by Victoria Stanham in ,    No comments
Post publicado originalmente en el blog www.placerporcorrer.wordpress.com


Escrito por Victoria Stanham
La respuesta de la mayoría de mis amigas no-corredoras a “¿Por qué no corrés?” es algo tipo, “Me encanta la idea de correr… Es solo que odio el acto  de correr en sí mismo.”
Si todos hemos nacido con el hardware y software necesario para la tarea… ¿por qué es que correr es placentero sólo para unos pocos privilegiados? ¿Tiene que ser así? ¿Se puede hacer algo al respecto?
Creo que sí. Tengo una idea para compartirte...
Aclaremos primero, no te voy a enseñar cómo ir “del sofá a los 5k”, ni te voy a sugerir qué zapatillas usar, ni qué plan de entrenamiento seguir, ni qué deberías comer antes de correr. Estos son todos temas que ya han sido más que cubiertos en otros artículos sobre correr que puedes encontrar en la web.
Mi especialidad no es tanto sobre las cosas “externas” del correr, sino sobre los factores “internos”. Después de todo, el disfrute o placer es algo interno y personal. Lo que encontrarás aquí son ideas sobre cómo manejar tu respiración, cuerpo y mente para que dejen de pelearse entre sí y empiecen a cooperar durante tus corridas.
¿Para qué quieres esto?
Para tener experiencias de felicidad mientras corres. Ni más, ni menos.
¿En qué se basa esta mística-corredora?
1.     Consciencia y Uso Respiratorio. Disfrutar de una corrida es casi equivalente a disfrutar de respirar. ¿Disfrutas de respirar? ¿Te gusta como respiras? ¿Disfrutas de tu respiración incluso cuando se te acelera el corazón? ¿O será que de repente se te vuelve dolorosa y se te va de control?
2.     Consciencia y Uso Mental. Una respiración fuera de control equivale a una mente fuera de control… y vice-versa. ¿A dónde se va tu mente mientras corres? La mayoría del cansancio y sufrimiento se origina en una mente fuera de control; una vez que aprendes a dejarla descansar en el cuerpo (su casa) dispones de muchísima más energía.
3.     Consciencia y Uso Corporal. El cuerpo es el lugar de descanso para tu respiración y tu mente. Pero si en esa casa habitan también el dolor y la tensión, no puedes culpar a la respiración y la mente de querer irse a otra parte. Para masterizar la biomecánica del correr, primero debés aumentar tu consciencia corporal y eliminar los esfuerzos innecesarios.
Todas las quejas que generalmente escucho sobre correr tienen su origen en la espiral descendiente de un deficiente patrón respiratorio, que alimenta a una mente fuera de control, que engendra mala mecánica corporal, la cual traba más la respiración, lo que exacerba aún más el sufrimiento mental, que tensa todavía más al cuerpo... ad infinitud. 
Lo más triste es que no somos siquiera conscientes de que esto está ocurriendo. Sólo somos conscientes del resultado: la incomodidad y el dolor que nos ocasiona en una parte concreta. Por lo que, antes de que empieces a googlear ‘ejercicios respiratorios’ y ‘drills de bio-mecánica para correr’: ¡DETENTE! No puedes cambiar lo que no conoces.
Mi primer consejo es este: aumentá tu consciencia corporal, mental y respiratoria.  Sobretodo empezá a notar como los 3 aspectos están íntimamente relacionados.
En posts futuros voy a compartir algunos de mis ejercicios que ayudan a mejorar estas 3 consciencias. Si no querés perdértelos, registrá tu email para recibir notificaciones de nuevos posts directamente en tu correo.
Happy Running!
-Vicky


martes, 11 de agosto de 2015

On 17:46 by Victoria Stanham in , ,    No comments
Este post se publicó originalmente en mi otro blog: www.placerporcorrer.wordpress.com


Es invierno y cuesta arrancar (o continuar) una rutina de correr. Yo este año logré por primera vez que el invierno no me amedrente. Por más placentero que sea correr para mí, salir de mi casita a enfrentar el viento y el frío no siempre me tienta.

Así que usé estas 4 claves para mantenerme firme:

1.     Tener Citas Fijas con un Grupo de Corredores o/y con Compañera(s) de Corridas

Nada me mantuvo más constante que el aliento de mi nuevo grupo: Trotamundos Running Uruguay y coordinar salidas con mi hermana.

Beneficios:
·         días y horarios fijos de entrenamiento (no necesito decidir cuándo salir... y es más difícil saltearse una salida cuando sé que clavo a un amigo si me echo para atrás)
·         camaradería, compañerismo, diversión, motivación.

         2.     Anotarme a una Carrera

Unirme al grupo de running me aseguró tener citas fijas 3 días por semana. Igual es fácil que el clima, o el cansancio luego de una jornada larga de trabajo, me ‘de fiaca’, y me salteo entrenamientos. Solución: anotarme a una carrera que me desafíe un poquito. Nos propusimos con mi hermana correr la 7km del BBVA este año. Tenemos un mes y medio para entrenar. Eso debería ser suficiente motivación.

Beneficios:
·         motivación extra para no saltearse entrenamientos.
·         sensación de estar construyendo hacia una meta

       3.     Tener un Plan de Entrenamiento

Salir a correr y hacer siempre lo mismo me aburre. Por eso me gusta tener un plan de entrenamiento variado. Además esto me evita tener que pensar ‘qué hacer hoy’. Cuando salgo a correr no quiero tener que tomar demasiadas decisiones, hago lo que dice el plan a no ser que algo extraordinario justifique cambiarlo. Cuando corro con mi grupo sigo el plan que marca el entrenador. Cuando corro con mi hermana, seguimos un plan simple de los miles que se pueden encontrar online, o en revistas o libros de correr.

Beneficios:
·         mantener el interés y el desafío
·         seguir perdiendo peso (se sabe que hacer siempre lo mismo genera acostumbramiento)
·         no tener que pensar ‘¿qué hago hoy?’

     4.     Aprontar y Agendar

Hay miles de cosas simples que puedo hacer para allanarme el camino. Las que más me sirven son: a) dejar la ropa pronta (ya sea cerca de la cama si salgo de mañana, o llevarla en un bolso si voy directo de trabajar),  b) fijar las horas de la salida en mi agenda desde la semana anterior (mejor si además lo arreglé con mi hermana o una amiga, así le agrego un extra de compromiso), y c) entrenar cerca de casa para que no me de pereza el trayecto de ida y vuelta.

Beneficios:
·         eliminar excusas y obstáculos
·         priorizar la salida a correr sobre otras actividades

Happy Running!

-Vicky 


lunes, 3 de agosto de 2015

On 15:02 by Victoria Stanham in , ,    No comments
Este post fue originalmente publicado en mi nuevo blogsite dedicado el correr y la Técnica Alexander en www.placerporcorrer.wordpress.com


Escrito por Victoria Stanham
Cada vez que intenté engancharme con una rutina de correr, nunca me duró más de un mes. Mi razón principal para someterme a esta particular forma de tortura era bastante básica: quería perder peso y había leído por ahí que correr quema más calorías por minuto que caminar.

Así que me arrastraba hasta la Rambla un par de veces por semana para una sesión de 30 minutos de tortura… digo de caminar-correr-caminar. Aunque me encantaba la sensación al final de la corrida, odiaba cada minuto de poner un pie frente al otro  mientras se me agitaba la respiración y me dolía hasta el caracú. Este sufrimiento sin sentido era la principal razón por la que empezaba a saltearme salidas usando cualquier escusa que tuviese a mano.

Cuantas más salidas me salteaba, más difícil era luego romper la inercia. Eventualmente alguna lesión menor o dolorcillo molesto me dejaba fuera de acción por un par de semanas y ese era el fin de mis ímpetus corredores. La sola idea de tener que construir otra vez mi resistencia muscular y cardiovascular para tolerar 20 minutos de corrida continua sin querer morirme en el proceso, era suficiente para matar cualquier motivación.

Decidí que correr no era para mí. Cuando la locura del Running llegó a Uruguay me felicitaba de no ser uno de esos loquitos que corren por la Rambla, con sus caras de sufrimiento, sus pisadas pesadas, y sus respiraciones agitadas.

También decidí que no necesitaba correr. Habiendo encontrado el Pilates (donde por primera vez me enamoré del movimiento) y la Técnica Alexander (donde adquirí una comprensión profunda del movimiento desde nuestro diseño natural) consideraba más que satisfecha mi necesidad de movimiento. Y así lo fue por varios años.

Pero lo gracioso fue que el Pilates y la Técnica Alexander me dejaron tan cómoda con mi cuerpo que, sin darme cuenta, me fui acercando cada vez más a disfrutar de todas las posibilidades de movimiento del ser humano… y el correr no es más que la evolución natural del caminar.

Así que cuando mi hermana, que solía odiar correr, empezó a entrenar y corrió su primera 5k, decidí que podía darle al Running otra chance. Para mi muy agradable sorpresa me encontré con que esta vez no lo odié PARA NADA, es más, lo AMÉ.

Mi entrenamiento en Pilates y Técnica Alexander me habían vuelto una atleta extremadamente eficiente; tenía más resistencia de la esperable para alguien que no había corrido ni el ómnibus en años. Lo mejor fue descubrir que, incluso cuando me salteaba un par de semanas de entrenamiento, podía volver a las pistas sin sentir demasiada pérdida de resistencia cardiovascular.

Viendo que el correr se me hacía tan fácil y disfrutable, mi hermana me preguntó cuál era el truco. No es tanto un truco, sino una serie de principios de organización que le permiten a la mente y el cuerpo coordinarse mejor, dando como resultado la capacidad de mantener buena forma y un patrón de respiración profunda, incluso en momentos de gran esfuerzo físico. La mejor parte fue descubrir que estos principios son fácilmente enseñables y aprendibles.

Decidí por tanto escribir este blog para documentar mi encaré del Running, con la esperanza que pueda ayudar a otros interesados en pasar de ‘odio-correr’ a ‘amo-correr’. Mi hermana va a mantenerme al tanto de lo que funciona y lo que no, así que lo que aquí aparezca ya habrá sido probado en las pistas. Lo que compartiré son mis consejos y secretos que cumplen su criterio principal para una corrida: que no dure más de 30 minutos.

Así que si te interesa poder encontrar placer al correr, dejá un comentario, hacé una pregunta, sugerí un tema de investigación. Si me contás lo que te está impidiendo disfrutar de tus corridas, o lo que te frena de siquiera arrancar a correr, haré lo posible por descubrir cómo llevarte un paso más cerca a atarte los cordones.

Happy Running!


-Vicky

martes, 2 de junio de 2015

On 15:23 by Victoria Stanham in , ,    No comments

Casi 10 años después de terminar mi primera carrera universitaria en teatro en los EE.UU., me encuentro otra vez atravesando la peripecia de 4 años (o más) que es conseguir un segundo título aquí en Uruguay, aunque esta vez en un campo completamente diferente (fisioterapia).

En esos 10 años intermedios tampoco estuve ociosa de estudio. Entre el 2009 y el 2011 hice mi formación como profesora de Técnica Alexander, y en el 2013 me formé como instructora de Pilates Mat.

Por tanto, creo que aprendí alguna cosa que otra sobre ser estudiante… y los efectos que esto tiene sobre uno. También aprendí que tiendo a olvidarme de lo que sé si no me lo recuerdo cada tanto.

Y es por eso que estoy anotándome estas perlitas de “sabiduría” estudiantil. Estos son mis 5 recordatorios clave para la supervivencia psicofísica y el disfrute como estudiante. Estas 5 claves me han salvado el pato varias veces en 15 años de estudio en diferentes países, contextos (tanto públicos como privados), distintos modos de enseñanza y aprendizaje, en grupos de diversos tamaños y contando con recursos variados (o nulos). Me han servido tanto en cursos largos de entrenamiento, talleres de formación, y en cortas clases puntuales.

1. Encontrá tu “por qué” para canalizar tu energía y mantenerte en carrera.
Tu “por qué” es tu razón de ser, tu llamado, eso que te eriza la piel, te ilumina los ojos y te hace sonreír el alma. Ser estudiante no es fácil, especialmente cuando además tenés que hacer malabarismos con tu vida laboral y familiar para que no se te caiga ninguna pelota. Cuando la cosa se pone brava y estás tentado de mandar todo el cuerno, tu “por qué” estás estudiando otra vez te ayudará a no tirar la toalla en seguida.

2. Hacé las paces con como son las cosas para economizar tu energía y mantenerte cuerdo.
Las situaciones y contextos de aprendizaje nunca son 100% ideales; algunos (cuando no varios) factores generalmente no son lo que esperabas. Por eso tenés que tener muy claro lo que querés llevarte de la situación, por qué elegiste esa institución, profesor, lugar (o lo que sea), y usar esa claridad para separa la paja del trigo. Una vez que aceptaste entrar en esa situación de aprendizaje en particular no pierdas tiempo y energía en cosas que no te acercan a tu objetivo original (como ser quejarte que las cosas no son ideales).

3. Conocé tus patrones habituales para evitar perder energía y salirte del camino hacia tu objetivo.
Todos tenemos nuestros “personajes estudiantiles”. Diferentes escenarios (grupos de estudio, exámenes, clases individuales, etc.) gatillarán reacciones psicofísicas completas, y si no tenés cuidado, te podés encontrar actuando como tu versión adolescente-liceal. Conocete y estate preparado para inhibir tu impulso de “ser cool” o “ser perfecto” (o lo que sea) y dirigir tu energía hacia acciones que se alínean más con tu objetivo principal y la persona que hoy sos.

4. Vaciá tu copa si querés probar el vino del profe.
Si hace rato que andás por este mundo seguro ya tanés un montón de ideas sobre cómo son las cosas (o cómo deberían ser). El problema es que si estás tan repleto de tu propio vino, nunca podrás probar el de tu vecino. Por eso, sin importar cuánto creés saber sobre el tema en discusión, no pelees al profesor (a no ser, claro, que el profesor te esté atacando directamente). Acordate, fuiste TÚ quien eligió aprender con este profe, y no el profe el que te eligió a ti como alumno. Así que se humilde y escuchá lo que el profe tiene para decir. Tratá de comprender su punto de vista, sus razones para pensar como piensa, por qué, cómo y cuándo funciona lo que te está enseñando, y cómo se relaciona todo esto con lo que tú ya creés saber del asunto.

5. Involucrate psicofísicamente para lograr tu propia síntesis.

Aprender es simultáneamente algo sensual, emocional, social y mental. Para sacarle el mayor jugo posible a tus aprendizajes zambullite con todo tu ser en el tema, metete psicofísica y socialmente, buscá dónde resuena contigo hasta lo que más te aburre. Y luego de esta inmersión total, tomate el tiempo para hacer tu propia síntesis, hacete tu propio mapa del tema. Solo así se volverá parte integral de ti.