jueves, 28 de enero de 2016


Antes que nada quisiera aclarar que, si bien soy principalmente profesora de Técnica Alexander, también soy instructora de Pilates Mat y Studio (entrenamiento funcional) y estudiante de fisioterapia (rehabilitación funcional). Aunque en mi práctica profesional integro mis conocimientos de la tres áreas, me gustaría en este blog aclarar lo que diferencia el enfoque de la Técnica Alexander de las técnicas de rehabilitación y entrenamiento funcionales, para resaltar dónde se complementan y se potencian mutuamente. [1]

El enfoque del movimiento desde la Técnica Alexander se centra en descubrir cómo nuestras concepciones, creencias y pensamientos sobre nuestro cuerpo y su movimiento afectan la forma en que nos movemos y nos sentimos. Por lo tanto, el trabajo desde la Técnica Alexander se basa en descubrir cómo incidir positivamente sobre estructuras y funciones del cuerpo, desde la forma en que “dirigimos” nuestro movimiento con el pensamiento.[2]

Esto no significa que el movimiento eficiente está todo “en tu cabeza”. Indudablemente, la salud estructural y funcional del sistema neuro-músculo-esquelético es esencial para lograr un movimiento placentero y de calidad.[3]

Distinguiendo entre problemas de Estructura, de Función y de “Uso”

Cuando tenemos un problema de movilidad cabe hacerse la pregunta si es un tema principalmente estructural, funcional o de “uso habitual”. Tomemos como ejemplo una limitación en el rango de movimiento del cuello (con o sin dolor asociado).

La estructura del cuello está formada por las partes concretas: vértebras, discos, músculos, tendones, ligamentos, articulaciones, etc. La función del cuello son las tareas para las que fue diseñado: flexionarse, extenderse, rotar, y lateralizarse para orientar la cabeza en el espacio. El "uso" es la manera en la que uno mismo pone su propio cuello en funcionamiento, o sea, cómo tiende uno a mover el cuello. Por ejemplo, si estoy convencido que mi cuello es sólo la parte que puedo ver en el espejo, seguramente lo esté moviendo de acuerdo a esa imagen mental de la estructura

La estructura y la función del cuello son mayormente iguales para todos los seres humanos ya que viene definido por nuestra genética de especie, pero el uso es 100% individual ya que surge del encuentro entre el diseño estructural y funcional y la experiencia de vida de cada uno.

Cualquiera sea el punto inicial del problema de movilidad del cuello (estructural, funcional o de uso), generalmente se verán afectadas las tres áreas. Por lo tanto, un abordaje completo de salud del aparato neuro-músculo-esquelético debería integrar intervenciones desde los tres enfoques

Sin embargo, aunque las relaciones entre estructura y función son ampliamente reconocidas y tratadas por los profesionales del movimiento y la salud, la gran mayoría de los abordajes terapéuticos, rehabilitadores y de entrenamiento corporal no reconocen el importante rol que juegan nuestros pensamientos, ideas y percepciones sobre nuestras propias estructuras y funciones en los problemas de movilidad, postura y dolor.

Ningún enfoque es "mejor" o "peor" que el otro, todos son necesarios. O sea, la Técnica Alexander no sustituye los trabajos del rehabilitador y del entrenador funcional, sino que los complementa y potencia, brindándoles una mejor base sobre la cual construir una más completa salud estructural y funcional del sistema neuro-músculo-esquelético.

- Victoria



[1] También tengo una licenciatura en teatro de Washington & Lee University (U.S.A.), e integro estos conocimientos en mi trabajo con la comunicación, la voz y el lenguaje corporal, pero eso será tema para otro blog.

[2] La Técnica Alexander es una re-educación de nuestros patrones aprendidos de reacción mental y muscular. Lo que es re-educado es la forma en que nuestra mente integra e interpreta la información sensorial que recibe del medio externo e interno, y en consecuencia dirige las reacciones (movimientos) del cuerpo. El objetivo es lograr patrones de reacción global más sanos, más eficientes y más placenteros.

[3] Las clases de Técnica Alexander  son instancias de re-educación, no son sesiones de entrenamiento funcional  y tampoco son sesiones de terapia física o rehabilitación.

jueves, 21 de enero de 2016

On 19:10 by Victoria Stanham in    No comments
La vida es movimiento. 

Te des cuenta o no, todo en ti y alrededor tuyo se mueve constantemente. 

A veces el movimiento se da como expresiones externas de tu cuerpo y tus palabras en el espacio. A veces el movimiento se da como expresiones internas de movimientos de tus órganos, tus fluidos y tus pensamientos. No existe expresión sin movimiento, y no existe movimiento que no exprese algo.

Si todo en la vida depende del movimiento, aprender a moverte mejor no puede sino mejorar tu calidad de vida y tu desarrollo físico, mental y emocional.

1. Beneficios para la expresión física: Prevenir lesiones, mejorar el desempeño físico, y hacer posible lo inaccesible.

A mayor conciencia de tu cuerpo en el espacio, y de los espacios en tu cuerpo, mayor será la coordinación y organización de tu movimiento, y por ende su calidad. Lograr un movimiento preciso y eficiente aumenta nuestra capacidad expresiva.

A su vez, repartir mejor los pesos, en vez de recargar siempre las mismas articulaciones y estructuras, evita desgastarlas. Esto es particularmente importante para quienes se acercan al ejercicio físico con cuerpos que, por edad o por lesión, ya “no perdonan” el maltrato.

Además, un movimiento “inteligente” hace más fácil y accesible lo que antes parecía imposible. En definitiva, el mejor atleta no es necesariamente el más joven, fuerte, rápido, o flexible, sino el que se mueve con mayor inteligencia.

2. Beneficios para la expresión mental: Disminuir el estrés, aumentar la comodidad, mejorar la comunicación.

Los movimientos cotidianos (pararte, sentarte, caminar, respirar, hablar, usar la computadora, comer, etc.) pueden realizarse con mayor o menor coordinación y eficiencia. Si bien un exceso habitual de tensión en estos movimientos no siempre deviene en lesiones o dolor físico, la forma en que te movés sí afecta cómo te sentís en el día a día.
A mayor tensión en el cuerpo, mayor tensión en la mente. Aprender a parar, a respirar con tranquilidad, a aflojar las tensiones, a reconocer cuando “me estoy pasando de rosca” y poder “bajar las revoluciones”, son todas habilidades adquiribles. Poder reconocer los estados de estrés y alerta en el cuerpo cuando recién se instalan nos da una ventaja competitiva al momento de desactivarlos.

Un cuerpo tranquilo piensa y se expresa con mayor claridad. Por lo tanto, aprender a moverte con menos tensión puede ayudarte no sólo a evitar o reducir dolores crónicos, sino también a combatir el estrés y a expresarte con mayor fluidez.

3. Beneficios para la expresión emocional: Autoconocimiento, desarrollo personal y autoconfianza.

Si querés cambiar tu estado emocional o mental, uno de los caminos posibles es cambiar la forma en que te movés y percibís. De hecho, las partes del cerebro que controlan el movimiento están relacionadas con las partes del cerebro que controlar los pensamientos, las emociones y las percepciones sensoriales.

Nuestras posturas y movimientos habituales son cuadros vivientes de nuestra historia física, mental y emocional. Reconocer nuestros hábitos es también un proceso de reconocimiento de las ideas y creencias que tenemos con respecto a por qué nos movemos o sostenemos de cierta manera, o por qué nos paramos o sentamos con determinada actitud.

Dado que el cuerpo expresa en su estado interno y externo nuestro estado emocional, el conocimiento del cuerpo y su movimiento es un excelente punto de partida para luego acceder a cualidades más abstractas e intangibles de la psique.

Entonces, ¿ya elegiste tu punto de partida para entrar en el mundo del movimiento?


- Victoria

sábado, 16 de enero de 2016

On 20:35 by Victoria Stanham in    No comments

Definir la Técnica Alexander, de tal forma que se entienda por quienes no la han experimentado, no es sencillo. Esto se debe a que es una técnica netamente basada en la experiencia con nuestros propios sentidos. Pero voy a hacer mi mejor intento...

En abstracto, la Técnica Alexander es una reeducación del sentido kinestésico, o sea, nuestra sensación de movimiento (kine: movimiento, estesia: percepción). Esto no ‘dice’ mucho, lo sé, y es que explicar la Técnica Alexander a quien no la ha experimentado tiene algo parecido a explicar el viento. Decir: “El viento es el flujo de gases a gran escala” o  “el viento es la compensación de las diferencias de presión atmosférica entre dos puntos”, sólo tiene sentido ‘real’ para quien haya experimentado los efectos del viento en primera persona.

Quizás el dilema tiene raíz en que la ‘técnica’ que desarrolló el señor Frederick Matthias Alexander no es una serie de manipulaciones ni de ejercicios, sino una serie de ‘principios’ [1] que rigen nuestro proceder. El profesor de Técnica Alexander da cuerpo y vida a estos principios en su propia persona (ya que de eso se trató su exhaustivo entrenamiento[2]), y es principalmente a través de esta ‘encarnación’ de los principios que los comunica al alumno mediante el uso de las manos y la palabra.

Dado que no hay una serie de técnicas ni ejercicios específicos que aplicar, en las clases de Técnica Alexander lo que se realiza en concreto depende mucho de los intereses y estilo de cada profesor, y de las necesidades y objetivos del alumno. Es por esto que puedes encontrar clases de Técnica Alexander en las que se trabaja principalmente con aspectos posturales, o vocales, o aplicaciones a la danza, al deporte, o al lenguaje y expresión corporal.

Esta variedad de aplicaciones radica en que la Técnica Alexander busca generar un cambio en la reacción total que tenemos a los estímulos del ambiente (externo e interno). Se busca lograr este cambio desde los hábitos que rigen nuestro movimiento, y como consecuencia nuestro pensamiento.[3]

En el proceso re-educativo que supone una serie de clases de Técnica Alexander, indefectiblemente lo primero es volvernos conscientes de nuestros hábitos. El profesor trabaja como un espejo, ayudándonos a percibir las tensiones inconscientes que nos llevan a realizar ‘movimientos parásitos’ (innecesarios para la acción que nos propusimos), y a descubrir qué ideas, sobre nosotros mismos y nuestro funcionamiento, se esconden detrás de esas tensiones.

Una vez percibido lo hasta entonces ignorado, el profesor nos ayuda a encontrar otro posible camino para nuestra reacción; uno que se adecúe más al diseño anatómico y funcional de nuestro sistema mente-cuerpo.

Lamento no poder profundizar más en mi explicación de qué es la Técnica Alexander, pero temo que hemos llegado al punto en que las palabras ya no pueden suplantar la experiencia. Por tanto, si te interesa ahondar más en el tema te sugiero contactar un profesor y tener tu primera clase.

En América Latina, puedes encontrar profesores a través de las Escuelas de formación en Argentina, Brasil, y Uruguay, o puedes unirte al grupo de Facebook de Técnica Alexander América Latina y hacer tus preguntas allí.

Suerte en tu búsqueda.

- Victoria




[1] Estos principios son:
1. Reconocimiento de la Unidad Mente-Cuerpo
2. Reconocimiento de la Fuerza del Hábito
3. Reconocimiento de la importancia del “Control Primario” en la coordinación de nuestra respuesta a un estímulo.
4. Reconocimiento que nuestro Uso afecta nuestro Funcionamiento
5. Reconocimiento de la importancia de la Dirección de nuestro Uso de nosotros mismos.
6. Reconocimiento de la importancia de la Inhibición de las respuestas innecesarias.
7. Reconocimiento de la prevalencia e incidencia de la Apreciación Sensorial Descalibrada

[2] Las formaciones aprobadas por la Sociedad de Profesores de Técnica Alexander (STAT), con sede en el Reino Unido, exigen una formación de no menos de 3 años (1600 horas), en las que el núcleo principal del aprendizaje del futuro profesor se basa en incorporar los principios de la Técnica Alexander a su propio “uso de sí mismo”, antes de que se le permita trabajar con la unidad mente-cuerpo de otra persona. Esto lo diferencia de otras técnica corporales y psicológicas en las que el eje del aprendizaje está en aprender cómo aplicar diferentes técnicas sobre un paciente.

[3] La Técnica Alexander no suplanta la terapia psicológica, ni la rehabilitación fisioterapéutica-kinesiológica, sino que las complementa y las potencia.

martes, 12 de enero de 2016

On 16:24 by Victoria Stanham   No comments
Avanzar es encontrarte en el mismo lugar de ayer…y verlo con nuevos ojos.


En mi búsqueda por entenderlo todo, en las búsquedas de mis alumnos, en todos los procesos de aprendizaje de los que soy protagonista, acompañante o espectador, me encuentro una y otra vez con que damos vueltas en círculos pero ganamos en profundidad.

Una y otra vez se suceden 3 etapas:

Etapa 1: Encuentro con la idea

La idea la podemos encontrar de varias formas.

Por ejemplo, leyendo mi blog te vas a topar más de una vez con la idea de “darse espacio”. Si la idea no resuena contigo la pasarás de largo y no pasará nada. Pero si la idea resuena contigo, será como una semilla que encuentra tierra fértil y hecha raíz.

Esto puede tener varios efectos, que se dan en la segunda etapa.

Etapa 2: Investigación y reflexión

Una idea que hecha raíz empieza a guiar nuestra búsqueda, generando su propio “ecosistema de ideas asociadas”.

Por ejemplo, si la idea de “darte espacio” echa raíces en ti puede que quieras leer más sobre el tema, o empieces a ver analogías por doquier donde no te estás dando suficiente espacio.

Llega un momento en que quedamos atiborrados de datos y reflexiones al respecto de la idea. Estamos prontos entonces para la tercera etapa.

Etapa 3: Práctica e integración

Una idea que no se pone a prueba en la vida diaria es como una semilla que largó raíz pero no llegó a largar su tallo. Es en la práctica, en la “cancha”, donde nuestra comprensión de la idea se encuentra con la “realidad”; y es ésta la que nos espeja cuán profunda es en nosotros la raíz de nuestra idea.

Por ejemplo, cuando yo intento llevar a la práctica la idea de “darme espacio para respirar antes de reaccionar” me encuentro con que no es tan fácil. Me encuentro con que la simple idea de “darme espacio” tiene varias capas, como una cebolla: hay capas de hábitos mentales, físicos, emocionales, ambientales que me impiden llevar a cabo la simple acción de “parar antes de reaccionar”.

Es acá donde la cosa se pone interesante. Una idea chiquita toma raíz, se anida en mí, y me empieza a mostrar un ecosistema entero de reacciones psico-físicas.

¿Quizás no estoy entendiendo bien la idea? ¿Quizás la idea no es válida?

Sin darme cuenta estoy en la etapa 1 otra vez. Me encontré nuevamente con La Idea. Es entonces cuando tengo la opción de abandonarla y buscar otra idea… o entrar en otra vuelta de la espiral. 

- Victoria