domingo, 11 de agosto de 2013

On 17:26 by Victoria Stanham   No comments
No he escrito en mi blog por un par de semanas.
Me pasaba de encontrarme dispuesta a escribir y aparecía el pensamiento, "¿para qué?". Acto seguido cerraba mi laptop y me iba a hacer algo con más sentido para mí en ese momento.
Comenzé a preocupare, "¿Me habré quedado sin ideas? ¿Ya habré dicho todo lo que quería decir sobre la Técnica Alexander? ¿Es que ya no me inspira el tema?"
Nada de eso. El tema aún me moviliza profundamente pero, como me ocurre periódicamente con otras áreas de mi vida, a veces necesito tomar distancia luego de un período de inmersión para volver a ver la totalidad, y así encontrar mi lugar en el cuadro una vez más.

Hace unos días una amiga me mostró mi carta astrológica para mi próximo año solar. Con la aproximación de mi fecha de nacimiento, quería saber cómo se disponía mi nuevo año, qué áreas estarían desafiadas.


Imagen cortesía de Danilo Rizutti /FreeDigitalPhotos.net
Una vez concluida la lectura, me cayó la ficha de que:


Vida = Desafíos

Lo que quiero decir es que nunca acaba, no llegamos a un punto donde todo es color de rosas y sin desafíos, ya que (en términos astrológicos) los planetas están por siempre cirunvalando por las constelaciones y afectando con sus energías particulares las diferentes casas. En otras palabras, mientras viva, siempre habrá un área de mi Vida que estará bajo la influencia, auspiciosa o no, de las estrellas.

Pregunta: Si no existe un paraíso sin desafíos al cual llegar en esta Vida, ¿cuál es mi objetivo entonces?

Respuesta: Aprender a surfear las olas. Se trata de aceptación y afinación. Auto-regulación. La Vida es mucho más grande que yo y es Ella que establece el tono base; mi tarea es encontrar ese tono y armonizar con él.

Todo esto me llevó a la cuestión de fines y medios. ¿De que sirven los fines si no hay en realidad ningún fin? ¿Y para qué son los medios entonces si no hay fines?

Dado que mientras viva debo vivir, puedo al menos encontrar las cosas que me hacen feliz y hacer más de ellas. Los desafíos vendrás sin importar qué camino elija seguir (eso lo disponen las estrellas), así que más vale que elija un camino con corazón.

El cerebro humano es un mecanismo de persecución de fines; su propósito es alcanzar objetivos. De hecho, está haciendo esto en este momento, según mi programa habitual.

¿Me gustan los fines que estoy alcanzando? ¿Cómo los cambio si no me gustan?

Necesito cambiar mis medios para llegar a esos fines.

Aquí es donde entra la Técnica Alexander. Me ayuda a cambiar mis medios para que yo pueda alcanzar un fin diferente al que estoy alcanzando en este momento. Para conseguir mi nuevo objetivo necesito focalizarme en los nuevos medios, hasta que pueda controlarlos lo suficiente como para lograr mi objetivo una y otra vez, o sea, hasta que sea mi nuevo patrón habitual.

Cada fin será un nuevo comienzo, un nuevo yo.

Pero las estrellas seguirán circulando en el cielo, trayendo nuevos desafíos a este nuevo yo. Este nuevo yo entonces elegirá un nuevo fin que le haga feliz, algo que le entusiasme, algo más allá de su definición personal actual.

Y una vez más habrá un espacio entre medio, un medio entre yo y mi fin... y el camino hacia él será un nuevo uso de mi misma.

Necesitamos los fines tanto como los medios. Los fines nos impulsan hacia el cambio y el crecimiento. Los medios son el camino para llegar allí. Uno es completamente dependiente del otro, uno no existe sin el otro.

Nunca olvides tu objetivo, nunca pierdas tu pasión por conseguirlo; pero siempre ten en mente que el camino hacia el nuevo lugar son tus medios.
De hecho, podríamos decir que:

Fines = Medios

viernes, 2 de agosto de 2013

On 18:48 by Victoria Stanham   No comments
Parada al final de un camino, miro hacia atrás al trillo recorrido y veo extenderse, zigzagueante y crepitante un gran río escamado. 
Imagen cortesía de Karen Shaw
/FreeDigitalPhotos.net

La serpiente, la gran serpiente dorada, mudó de piel, y su antigua funda se extiende como río de oro y diamantes titilando en el crepúsculo. 
Amaba esa piel, la conocía, había aprendido a usarla para conectarme y defenderme, esa era yo. Me miro ahora, desnuda, blanca, pequeña, a la intemperie, y recuerdo las batallas libradas con mi antigua armadura que ahora yace victoriosa sobre la tierra esperando volver a los elementos. 
Corre una brisa y tirito. Brilla el sol y me quemo. Trina un pájaro y me pierdo en su canción.
Imagen cortesía de bejim 
/FreeDigitalPhotos.net
Caigo a tierra respirando a bocanadas... arraigo, arraigo, arraigo, por favor arraigo... ¿quién soy ahora? ¿dónde me encuentro a mí misma? ¿en qué me reconozco? 
Vuelvo a mirar con anhelo a esa vieja piel, pero ya no la reconozco, ya no me dice nada, es hermosa pero es el recuerdo de otra. Toco mi piel, blanca, nueva, hipersensible. 
Escamas, necesito escamas, nuevas escamas de nácar, oro y diamante. Cierro los ojos y las puedo ver, ya están allí, impalpables, intangibles, esperando el roce con la Vida para manifestarse. El soplo de los elementos las volverá visibles y la peinará como plumas. 
Y por ahora... por ahora arraigo.