jueves, 4 de julio de 2013

On 21:15 by Victoria Stanham   No comments
Hoy fue un día en el que me tropecé conmigo misma todo el tiempo; emocionalmente me faltó la perspectiva antagónica.

Imagen courtesía deTwobee / FreeDigitalPhotos.net

Me desperté y ya estaba pensando en lo que necesitaba hacer en dos, tres, cuatro, ocho horas más adelante, por lo que hice mis actividades matinales en piloto automático.
Sabiendo más que bien que nuestro cuerpo se prepara por adelantado para lo que sea que imaginemos hacer (de hecho, no distingue demasiado entre la "realidad" y la "imaginación"), me puedo imaginar como se estresó mi pobre sistema por cumplir tanto la orden de cepillarme los dientes mientras simultáneamente daba una clase que en los hechos estaba agendada para dentro de dos horas, pero que en mi cabeza estaba ocurriendo en ese preciso momento.

Al no contar con este enraizamiento en el momento presente, todos los estímulos del día mandaron a mi pobre Ser (cuerpo, mente y emociones) a un paseo sin ton ni son que crecía momento a momento en impulso, como una gran roca rodando por una pendiente. Luego de cada interacción con gente (alumnos, amigos, familia, extraños en la calle) notaba que me sentía exhausta, cansada, fuera de mi centro. Por desgracia para mí, no fue hasta terminada la última clase del día que pude finalmente rejuntar mis energías, ponerle los frenos al paseo desenfrenado de la roca fuera de control y acostarme en semi-supina por un rato.

Fue entonces que se me apareció una imagen que ilustró mi experiencia del día.

Imagina que te dan una cámara de video y te dicen que registres con ella el largo de un camino con todos los detalles que puedas. Se te da sólo un intento de atravesar el largo del camino, y puedes ir a la velocidad que desees, pero no puedes volver atrás. Cuando llegas al al final del camino debes mostrarle a los jueces lo que has registrado.

Sales encantado, caminando, corriendo, brincando a lo largo del camino, filmando cada detalle que encuentras. Es un asunto un tanto frenético y nervioso, te preocupa el no estar haciéndolo bien, estarte perdiendo de cosas, no notar detalles importantes, y tener que explicarlo todo al final del camino. Cuando llegas al final y tratas de mostrar tu película te das cuenta que la cámara no funcionó y nada quedó registrado. Entonces los jueces te piden que describas el camino desde tu memoria, pero resulta que estabas tan preocupado con filmarlo (y tan preocupado con estarlo haciendo correctamente) que los detalles que das no producen una imagen clara al no parecer estar relacionados coherentemente.

Ahora imagina que otra persona realiza la misma prueba, sólo que cuando recibe la cámara la investiga y descubre que tiene funciones de zoom y de imagen panorámica. Entonces, sin siquiera dar un solo paso, puede filmar todo el camino en su contexto (función panorámica), y los detalles mediante la función de zoom. Todo el tiempo es consciente que él está físicamente todavía al comienzo del camino, pero puede ser consciente de lo que ocurre en cualquier punto del mismo usando el zoom, y relacionarlo con el todo al volver a la vista panorámica y ver el detalle en contexto.

Esta persona tiene la eternidad en sus manos; dado que está firmemente enraizado en su presente, su objetivo (filmar todo el camino) no lo aprisiona; él está en control, tiene libertad de elección. ¡Podría incluso elegir hacer toda la filmación del camino desde donde está, y luego guardarse la cámara en el bolsillo y caminar de lo más tranquilo la distancia que lo separa del final disfrutando del camino!

Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con las acciones antagónicas?

Bueno, me dí cuenta hoy que entre mi objetivo/fin y yo existe un camino que recorrer. Si me permito a mí misma quedarme (en cuerpo, mente y emociones) en el presente puedo igual tener un objetivo claro. El objetivo claro le dará dirección a mis acciones al crear un tirón antagónico entre mi futuro y mi presente; de esta manera se revela el camino a recorrer. Todo lo que yo tengo que hacer es tomar el próximo paso (el que está justo delante mío) y estar completamente presente en él para mantener el tirón antagónico en función. De esta manera mi objetivo me lleva (cual cinta transportadora) hacia mi futuro elegido, y yo puedo echarme para atrás (o sea quedarme en mi espalda/mi centro/mi presente), pensar sólo en el próximo paso, ¡y disfrutar del paseo!

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