viernes, 20 de junio de 2014

On 18:03 by Victoria Stanham in , ,    No comments
Image by Tina P.
Todos los que vamos a clases de algún tipo de deporte, u otra forma de movimiento físico, hemos estado en alguna situación en la que un movimiento simplemente “no nos sale”. Quizás es una pose de yoga, o el roll-up de Pilates, el saque del tenis, o la brazada de mariposa en la natación. Practicamos, practicamos, pedimos consejo, practicamos, practicamos, y acabamos frustrándonos, dándolo por perdido: “Esto nunca me va a salir. Mejor hago otra cosa”.

¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué no nos sale?

Sin duda hay un elemento de técnica y coordinación que tiene que aprenderse, y para eso está el profesor o entrenador que nos enseña y nos da ideas y ajustes para mejorar la forma.

Sin duda también que, para realizar algunos movimientos, está la práctica de la coordinación y el entrenamiento muscular necesario.

Sin embargo hay un elemento que generalmente se pasa por alto, pero que debería estar ANTES de toda discusión de técnica o práctica. Es este elemento que, cuando no está, causa infinitas frustraciones en el practicante, y puede eventualmente llevarlo a lesiones del sistema músculo-esquelético.

Para evitar estas dolencias psíquicas y físicas te sugiero que, antes de ponerte a practicar lo mismo una y otra vez, tengas una muy buena noción de las siguientes 3 cosas:

1. Tu “postura” general

La base suprema de todo movimiento está en aquello que lo sostiene: lo que habitualmente llamamos “postura”.

La palabra “postura” es una de esas palabras que puede causar confusión. Podemos pensar que la “postura” es algo estático, algo rígido, algo tenso.

Por el contrario, nuestra “postura” es en verdad la relación que mantienen nuestros huesos entre sí. Los huesos se unen en las articulaciones. Tener “buena postura” no es más que tener espacio en las articulaciones para que los huesos se muevan y cambien su relación libremente. Es un estado generalizado de libre expansión, y no de tensión.

La postura no es una “posición” de tus huesos es una “relación” que mantienen tus huesos entre sí, y que le da a tus músculos su largo óptimo para funcionar en todo su potencial.

Por eso, cuando un movimiento no te sale, lo primero que tenés que chequear es tu estado postural. ¿Estás comprimiéndote o expandiéndote? ¿Hay espacio en tus articulaciones para que tus huesos se muevan libres y tus músculos actúen en todo su largo?

Tratar de corregir tu ejecución de un movimiento sin antes liberar tu postura general, es como tratar de andar en auto con el freno de mano puesto: posible, sí, pero a costas de un gran desgaste energético y de las estructuras. ¡Seguro acabás con el auto en el mecánico si insistís en conducir de esta manera!

2. Tu capacidad de mantener esta “postura” expansiva durante el movimiento

Una vez que establecés este estado de expansión y de espacio articulatorio, tenés que aprender a mantenerlo durante el movimiento. Esto no es tan fácil al principio.

Si hace mucho que practicás un movimiento, seguro que ya tenés grabada una forma que se siente “correcta”, incluso si esa forma no te está dando los resultados esperados. Es más, te aseguro que tenés grabada esta sensación porque cuando aprendiste a hacer el movimiento y lo ensayaste hasta automatizarlo, lo hiciste sin el punto de partida expansivo de tu postura.

Para tu “memoria muscular-sensorial” el movimiento se tiene que “sentir” de una determinada manera,  y tu cerebro (o mejor dicho, tu cerebelo) hará todo lo posible para llevarte hacia esa forma de usar tu cuerpo.

Corregir esta “confusión muscular-sensorial” va a llevar un esfuerzo de tu consciencia y tu atención. ¡Esto puede ser más agotador que hacer push-ups y pull-ups!

Pero no te desanimes, con esta práctica estás matando 2 pájaros de un tiro: por un lado estás corrigiendo tu ejecución del movimiento, y al mismo tiempo, te estás volviendo más inteligente, aprendiendo a focalizar tu atención, y aumentando tu capacidad de autocontrol.

Los puntos 1 y 2 son fases ideales para ver con un profesor de Técnica Alexander. En clases podés empezar a responderte las interrogantes de: ¿Cuál es mi “mejor postura”?  y ¿Qué requiere este movimiento y cómo lo ejecuto manteniendo mi mejor postura?

Pero el 3er punto depende exclusivamente de ti, y es:

3. Recordar no arrancar a practicar el movimiento sin antes:  a) expandirte, b) tener claro lo que el ejercicio requiere, y c) tu plan de acción para llevarlo a cabo sin perder tu expansión.

Este punto es quizás el más importante: Recordar parar antes de empezar.

Sólo si recordás aplicar los puntos 1 y 2 antes de ejecutar el movimiento, podrás lograr un control consciente de tu ejecución, y finalmente corregir los desvíos en tu forma.

¿Qué tan importante es este control consciente para corregir tu ejecución de movimientos o aprender a hacerlos correctamente?

Si estás distraído, o apurado por tener resultados ya, vas a ser menos capaz de controlar tus impulsos. Y tu impulso, si no hay control consciente, siempre va a ser el de hacer las cosas según tus hábitos.

Aunque tenés la capacidad de hacer lo más difícil (eso que te requiere autoconciencia y autocontrol), estás programado biológicamente para hacer exactamente lo contrario (lo más fácil, el programa ya grabado y que no lleva energía mental).
Funcionar en base a nuestros hábitos no tiene nada de malo. El problema es cuando tenemos hábitos que nos están perjudicando. La única forma de cambiar un hábito es usando tus capacidades de atención, foco, concentración y consciencia… no es una tarea muscular, es una tarea mental.

HACÉ ALGO CONCRETO CON ESTO: Elegí un movimiento para aplicar esta secuencia.

  • Elegí un movimiento que querés corregir o investigar. Ejemplo: quiero corregir mi saque de tenis.
  • Investigá los diferentes movimientos que lo componen y elegí uno de ellos. Ejemplo: levantar el brazo.
  • Anotate todas las diferentes circunstancias en las que hacés ese movimiento en un día. Ejemplo: al buscar algo en un estante alto, al saludar a un amigo, al abrazar a mi pareja, etc.
  • De todas esas instancias, elegí una o dos, y comprometete a aplicar los 3 pasos antes de realizarlo. Ejemplo: cada vez que vaya a sacar un plato del estante de la cocina voy a frenar, expandirme, considerar qué necesito activar y qué necesito soltar para realizar esta acción, y sonriendo y respirando voy a levantar mi brazo.

Probablemente lo primero que notes es que te olvidás de parar para pensar. Si todo lo que lográs en la semana es frenar antes de actuar una o dos veces ya lograste un montón: le empezaste a ganar al hábito.

Y si te interesa saber un poco más sobre esto de la postura y el movimiento expansivo y sin tensión te sugiero hacer click aquí y enterarte de las 4 clases introductorias que tengo para ti.

Hasta la próxima.


Victoria

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