viernes, 6 de junio de 2014

On 12:21 by Victoria Stanham in ,    No comments

La internet está repleta de artículos sobre cómo hacer y cómo mejorar tu ejecución de casi cualquier cosa.

¿Querés corregir tu postura? Buscás en Google “ejercicios para corregir la postura”. ¿Querés mejorar tus abdominales? Buscás en YouTube “cómo hacer abdominales”. ¿Querés aprender a correr descalzo? Buscás “cómo empezar a correr descalzo”. Etc.

Imagen de Yoga Journal
Incluso yo pensaba escribir hoy una guía sobre cómo hacer abdominales isométricos (planchas) sin tensión (son la nueva moda… todos mis alumnos me los están pidiendo… y hasta salieron en la última edición de Yoga Journal).

Pero si identificar lo que querés cambiar (ej. La postura) y googlear los ejercicios a seguir fuese suficiente, andaríamos todos fantásticos. Sin embargo, nadie te ayuda a ver por qué no te están funcionando esos ejercicios.

Así que, antes de empezar a largar cómos a diestra y siniestra, quiero aclarar lo que tenés que saber antes de leer un cómo, para realmente aprovechar esa valiosa información.


Todo comienza con tu Mapa-Corporal...

Tu habilidad en el mapeo-corporal es tu capacidad de saber cómo, dónde y qué están haciendo las partes de tu cuerpo en cualquier momento determinado. Esto es lo que, en gran parte, determina tu habilidad para controlar con precisión tus movimientos.

Por ejemplo, si las instrucciones para realizar abdominales dicen: “relaja tu cuello”… seguramente tú y yo tengamos diferentes definiciones de “cuello”. Por ende, vamos a relajar partes relativamente distintas… y en el cuerpo la precisión del mapa hace toda la diferencia en el movimiento.

Mucho de lo que creés sobre cómo está diseñado tu cuerpo, y dónde sentís que se articulan las partes entre sí, podría estar saboteando tu éxito y creándote tensión innecesaria.

Aprender a afinar tu apreciación sensorial, o sea tu mapa mental de tu cuerpo, te dará las estrategias para desarrollar un control preciso de tu cuerpo. Ese fino control te hará más eficiente en el uso de tu energía. Y esa eficiencia te dará más fuerza para usarla en lo que cada ejercicio o movimiento requiere (y no malgastarla en tensiones innecesarias que te cansan antes de tiempo).


Para empezar a afinar tu mapa corporal, necesitás saber qué partes clave no figuran en él hoy.

La forma de mejorar tu mapa corporal, es primero descubrir qué partes del mapa no registrás en absoluto.

El auto-conocimiento – especialmente de cómo cambia tu percepción de un espacio corporal durante el movimiento – es la base de la apreciación sensorial.


Convertite en un observador imparcial de ti mismo.


Tenés que volverte el sujeto de estudio de tu propia investigación. Cualquier profesor puede darte un montón de datos y experimentos para explorar cómo se siente tu cuerpo. Estarán basados (al menos eso esperamos) en su propia experiencia en el área, en cosas que le han funcionado y comparte para ayudarte. Pero los únicos datos realmente útiles para ti van a ser los que recolectes tu mismo en tu propia investigación. Usá los ejemplos de tus maestros como base, pero descubrí lo que a ti te funciona y es verdad para ti.


Todo muy bien con las palabras pero, para que esta información te sea realmente útil…


HACÉ ALGO CONCRETO CON ESTO: Elegí tu primera área de investigación de tu Mapa Corporal

Elegí un espacio de tu cuerpo para observar y estudiar esta semana. Tenela presente durante tu rutina de ejercicio, o mientras caminás, o en momentos determinados del día. Ponete un recordatorio en el celular, o un post-it en la compu, para recordarte observarla periódicamente.

Te doy algunas sugerencias y pautas que yo trabajo con mis alumnos particulares:

  • El espacio que ocupan los huesos: Hay algunos huesos clave que vale la pena saber dónde y cómo están.

Si elegís este desafío, te sugiero observar los isquiones. Los isquiones son los huesitos de las asentaderas, sobre los que nos apoyamos al estar sentados. Probá sentirlos cuando estás sentado y fijate si tendés a apoyarte en su parte más trasera (casi que sobre el coxis… ¡ouch!) o su parte más delantera (casi sobre el pubis… ¡ouch también!). Hamacate sobre ellos (tienen forma de silla-hamaca) y observá el efecto que esto tiene en tu columna. ¿En qué punto de apoyo le permiten a tu columna estar más derecha? ¿Que pasa con tus isquiones cuando cruzás las piernas? ¿Están los dos en la misma línea o apoyás uno más adelante que el otro? Probá dar pasitos con los isquiones y sentí que pasa en tu torso cuando están en líneas distintas.

  • El espacio de las articulaciones: Una articulación es el espacio donde se unen 2 huesos y las fuerzas pueden cambiar de dirección (ej. rodilla, cadera, hombro, codo). Para que se muevan los huesos, y cambien su orientación, tiene que haber espacio en la articulación.

Si elegís este desafío, te invito a observar la articulación de tu hombro. En lugar donde se une tu húmero (hueso del brazo) y tu omóplato es en tus axilas. Aprender a soltarlas para crear espacio en la articulación es clave para lograr mejor movilidad en la articulación, y disminuir tensiones de cuello, hombro y espalda alta. Te sugiero probar el ejercicio de la cajita que planteo en este artículo. ¿Notás algún cambio en la tensión en tu cuello, hombros y espalda alta? ¿Notás diferencias entre un hombro y el otro luego de realizar el ejercicio con uno de ellos?

  • Relaciones espaciales entre partes del cuerpo: Podés pensar todo tipo de líneas que unen una parte del cuerpo con otra y notar cómo se deforman esos espacios con los movimientos.

Una relación posible es pensar el espacio entre ambos isquiones, o entre una axila y la otra. Otra es pensar el espacio entre tu sacro y tu cráneo (o sea el largo de toda tu columna). Con mis alumnos utilizo una serie de líneas a lo largo y ancho de todo el cuerpo para soltarlo, expandirlo, organizarlo y lograr dejar “derecha” la espalda sin rastros de tensión muscular. 


Tomate el tiempo necesario

Todo cambio personal requiere tiempo de 2 tipos.

Uno de ellos no depende de ti.  Es el tiempo cronológico que lleva cambiar… un cambio es un movimiento en el espacio-tiempo. No existen los cambios instantáneos. Así que: dale tiempo al tiempo para que el cambio ocurra.

El segundo depende totalmente de ti. Para que haya cambio tú tenés que hacer algo para catalizarlo. El simple acto de observarte conscientemente arrancará la reacción en cadena que lleva al cambio. Así que tomate tú el tiempo para observarte y ayudar al cambio.

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En mi trabajo con mis alumnos pasamos por los 3 desafíos constantemente, refinando el grado de apreciación sensible de cada espacio. Si te interesa explorar este método para poder aplicarlo a tu actividad física, podés contactarme por clase individuales, o registrar tu nombre y email en el formulario que aparece en el blog para recibir la información de las 4 clases sobre postura, respiración y alivio de tensión, que estaré ofreciendo en junio-agosto.

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