martes, 9 de abril de 2013

On 17:24 by Victoria Stanham in    No comments

Hace nos días estaba leyendo uno de mis diarios y me encontré con la siguiente cita de Ivan M. Granger del sitio web poetry-chaikhana.

Pure, compassionate,
and devastating honesty
with yourself
is the only way.

(Traducción: Una honestidad pura, compasiva y devastadora contigo mismo es el único camino.)

En esas pocas pero profundas palabras resumo mi encare de la Técnica Alexander y, por qué no, de la Vida.

La mayoría del tiempo no me tomo el tiempo para reconocer por qué quiero lo que quiero. Lo que es más frustrante es reconocer que tengo varias capas de deseos, que a veces están en conflicto directo unos con otros. ¡No es de sorprenderse que mi coordinación esté en ruinas! Estoy tratando de alcanzar simultáneamente varias metas que se oponen entre sí. En mi práctica de la TA, así como en mi vida en general, he descubierto que la auto-honestidad con respecto a mis deseos me libera tremendamente a la hora de elegir qué objetivo honrar, y en mi elección de los mejores medios-por-los-cuales alcanzar dicho objetivo.

Esto se me hizo evidente en el último taller de TA en el que participé.

En cierto punto del taller me encontré en un estado de completa descoordinación; mis emociones, pensamientos y cuerpo estaban descontrolados y yo estaba empezando a sentir gran frustración conmigo misma, con el taller, con los otros participantes. Así que recordé parar y re-evaluar la situación. Necesitaba poner mis prioridades en orden.

Me di cuenta que me estaba imponiendo un montón de “deberías”: debería poder realizar este procedimiento con buena coordinación, debería ser buena y agradable con los que me rodean, debería estar disfrutando, debería, debería, debería… la lista era larga. Lo gracioso de las expectativas es que generalmente no tienen ninguna base en la realidad tal cual la estamos experimentando en el momento. My verdadera verdad en ese momento era que no era capaz de cumplir con todos esos “deberías”, sin importar cuánto me empujase y tironease en sus respectivas direcciones. Un deseo más profundo estaba trancando todos esos deseos superficiales.
Sabía, en base a experiencias anteriores que en los hechos, si quería, era capaz de estar en un estado diferente de coordinación psicofísica; hasta sabía cómo llegar a ella si lo quisiese realmente, a qué cosas debía decirle que no, y qué lugares tenía que soltar. Pero el hecho era que ¡no quería hacerlo! Reconocer esto fue el primer paso hacia la liberación de mi tormento auto-infligido. Luego vino el paso próximo paso de consciencia: conscientemente ELEGIR usar mi patrón de respuesta habitual.

Elegir conscientemente un patron habitual, cuyas consecuencias ya conozco, significa reconocer mi responsabilidad por esas consecuencias, y por tanto no quejarme luego que no conseguí un resultado diferente. Alexander ya lo dijo claramente, que no podemos pretender lograr resultados diferentes si seguimos usando los mismos medios. No es cuestión de intentar con más tenacidad en la misma dirección, sino de intentar algo diferente.

Lo que quizás merece agregar es que antes de intentar lo que sea debemos aclararnos sobre qué es lo que realmente queremos. Para mi, en ese momento del taller, significó reconocer que no quería cambiar, no ya, no ahí; simplemente no me sentía en las circunstancias dadas, lo suficientemente segura como para dar el salto al vacío.

Y sin embargo, hacer una elección consciente es realmente liberador.
¡Ya no era víctima de la situación, era su creadora! Cada consecuencia que podía anticipar resultaría de mi elección yo aceptaba completamente, porque la había elegido.

¡La mejor parte es que en efecto cambié igual! Al aceptar completa responsabilidad por mi elección estaba haciendo algo diferente y no mi respuesta habitual. Había dado un paso hacia lo desconocido.


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