sábado, 1 de marzo de 2014

On 9:24 by Victoria Stanham in ,    No comments
Arranca el año académico, y en Uruguay eso quiere decir que el año arranca para todos… (y que termina finalmente de “arrancar” después de Semana Santa… es así, nos tomamos nuestro tiempo acá).



¿Qué significa esto para muchas personas (incluyendo a quien escribe)? 

Estrés… que se continúa por varias semanas.

¿Qué forma específica del estrés? 

Estrés de agenda (es ese que te agarrás cuando tenés que coordinar nuevamente tu agenda, con la de tu pareja, la de tus hijos, la del laburo, la del colegio, la del profe particular, para que todo el mundo esté donde tiene que estar a la hora indicada.)

¿Por qué es que coordinar agendas produce tanto estrés? 

Decisiones, demasiadas decisiones, y no todas dependen de tus preferencias o tus tiempos para concretarse.

¿Tengo la solución que quitará el estrés de esta época del año? 

Desgraciadamente, no. Me temo que, por lo menos por ahora, voy a tener que aceptar que es parte de la Vida, y sobrevivir lo mejor que pueda.

Todo comienzo, (ya sea del año, de un nuevo proyecto, un nuevo hogar, un nuevo integrante de la familia… o lo que sea) va a poner a todo tu sistema bajo estrés.

¿Por qué? 

Porque todavía no tenemos rutinas (o sea, hábitos) para manejarlo. Es un nuevo estímulo que está desafiando tu statu-quo, tu punto de equilibrio actual. Todos tus previa y cuidadosamente planificados sistemas y rutinas son puestos patas para arriba, y todo lo que no esté enraizado con fuerza en ti, se volará con los vientos del cambio.

Es en estos momentos que nuestros hábitos más arraigados saldrán a ayudarnos a economizar energía… y no siempre con los mejores resultados. Nuestros hábitos más arraigados son tan fuertes que ni nos damos cuenta que los tenemos; son parte de nuestra definición personal. En momentos de estrés, si sos un fumador, fumarás más, si sos de preocuparte, te preocuparás más, si sos de comerte todo, chau-chau dieta balanceada.

¿Por qué tiene que ser así? 

Una vez más la respuesta es, la fatiga por toma de decisiones. Mientras estás intentando lidiar con el factor-estresor, toda tu energía mental y moral se usa en esa lucha, y no queda ningún poder auto-regulatorio para otras áreas. Estás demasiado cansada para cocinar una cena equilibrada (a no ser que comer sano sea tan natural para ti que no te podés imaginar no haciéndolo) así que acabás llamando al delivery o saliendo a comer por ahí. Estás demasiado cansada para mantener tu rutina de ejercicio físico (a no ser que vivir sin moverte sea inconcebible para ti) así que te la salteás por una semana… o más.

¿Qué hacer con esto? 

Para arrancar, no trates de cambiar demasiadas cosas todas juntas. Elegí 2… y encará cada una según sus características.

La primera está decidida por ti, es eso que ya está pidiendo tu atención. Es eso que te está causando tanto estrés ahora, y que sólo tú podés solucionar (o sea, nadie puede arreglar tu agenda por ti). Ese estímulo al cambio viene de afuera, viene de tu contexto. La cantidad de estrés que te generará va a depender de tu personalidad y las características de tu situación en particular (o sea, cuántas pelotas tenés en el aire al mismo tiempo).

Estos tipos de cambios son urgentes (aunque no siempre ni necesariamente importantes). Se te aparecen de repente, sin previo aviso, y no hay mucho que puedas hacer para anticiparlos.

La segunda área de cambio es aquel estresor que te pusiste tú a ti mismo, para mejorar tus condiciones (tu salud, tu postura, tus finanzas, tus relaciones, etc.).  

Estos son los tipos de cambios que son importantes, y producen satisfacción a largo plazo. Pero como no siempre parecen urgentes (lo cual no significa que no lo sean), tienden a ser pospuestos hasta que logremos terminar de solucionar la última crisis de nuestra agenda (el problema es que, lo más seguro, para cuando se acabe una crisis haya levantado las orejas una nueva… así es la Vida… y tú seguís posponiendo el cambio que debés hacer).

¿Cómo podés hacer para mantener tu trabajo en el cambio positivo cuando la Vida te manda otro pelotazo de crisis-de-agenda?

Conseguí ayuda, del tipo que te permite crear rutinas que inducen el cambio.

La ayuda de este tipo viene en muchas versiones, dependiendo del tipo de cambio que estás intentando: un grupo, un amigo, una clase, un terapeuta, un maestro, un coach, una cocinera, una niñera (¿se entiende?). El punto importante es que te saques un poco de la angustia-por-decisiones de tus espaldas, delegando algunas de esas decisiones a alguien que está mejor preparado para cargar con ellas… y así tú te podés concentrar en lo que es esencial del tema.

Es por esta razón que tomamos clases, nos unimos a grupos, vamos a cursos y talleres, etc. Lo que queremos son los resultados y felicidad de hacer algo para nuestro beneficio… con sólo la cantidad de pensamiento y decisiones que podemos manejar en ese momento, y así evitar quedarnos completamente ahogadas y paralizadas bajo un alud de minucia.

Por ejemplo, cuando comenzás a tomar clases de algún tipo de baile, ya es lo suficientemente complejo lidiar con la adquisición del conocimiento en sí mismo de algo nuevo. Uno es un principiante, y es bastante complejo ya el tener que saber cuál pie apoyar dónde, en qué secuencia, tiempo, ritmo, emoción, etc. No querés, además, tener que estar decidiendo qué música poner, cuál paso aprender luego que construirá sobre la base del actual, cómo encontrar una hora, lugar y compañía para tu período de aprendizaje, etc.

Ir con un profesor a tomar clases (ya sea de forma individual o en grupo) te saca la responsabilidad de tener que tomar decisiones superfluas a lo esencial: tu trabajo es ser el alumno y aprender el baile (eso es lo esencial)… del resto, de toda esa planificación y organización, se encarga tu profesor, pues para eso está preparado en lo que enseña.

Encarar el esfuerzo de cambio en buena compañía te ayuda a mantenerte motivada durante el proceso (a pesar de cualquier locura de tu agenda u otro estresor externo).

Le da orden a tu vida al crear una rutina que podés seguir sin tener que tomar ciertas decisiones que te roban energía (por ejemplo, las clases con los lunes a las 2pm, y punto, no hay discusiones al respecto). Esto significa que tenés más energía para encarar el cambio en sí. También te ayuda a crear un hábito de cambio: te pone los pasos en orden, te da un tiempo y un espacio para practicar, te desafía para que llegues al próximo nivel de logro.

Entonces, ¿qué estás esperando? 

La Vida no va a dejar de mandarte pelotazos. Quizás, lo que tenés que aprender es cómo atajarlos y devolverlos sin pestañear, con gracia, elegancia y una sonrisa. 

¡Así que dale! ¡Elegí tu cambio y encontrá tu grupo o tu profesor! Volvete un Maestro del Cambio.

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Si hacer algo sobre tu postura era uno de los cambios que te habías propuesto para este año, no te pierdas los Talleres de Postura

A pedido de varios que se quedaron sin poder participar en febrero, agregué días y horarios en marzo.

La información ya la envié a mi lista de contactos. Si no te llegó o te la perdiste, mandame un email a vstanham@gmail.com y te la envío.

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