viernes, 24 de mayo de 2013

On 20:35 by Victoria Stanham in    No comments
Dentro de los beneficios más tangibles y duraderos que me ha dado la Técnica Alexander está sin duda el haber aprendido a "hacer".


¿A "hacer" qué? Bueno, a "hacer" simplemente, cualquier cosa. 

Antes yo creía que había cosas que yo "no podía hacer". Mis escusas para "no poder hacer" eran muchas: no tengo el talento, no tengo la fuerza, no nací para eso, no tengo el cuerpo para eso, soy muy bajita, no me da la energía, etc.

Hoy sé que muchas de las cosas que no me permitía ni probar hacer como para no decepcionarme, están a mi alcance, si me lo propongo. Quizás no lo haga como una pro, pero lo puedo hacer; quizás me lleve más tiempo que a aquél que tiene la fuerza, habilidad, talento o fisionomía adecuada para la actividad, pero lo puedo hacer; y, sobre todo, quizás no logre mi cometido por el camino que me imaginaba, pero lo logro.

La Técnica Alexander me ha sido un invalorable entrenamiento en una forma de encarar cualquier actividad. Propone una serie de pasos simples y asequibles para cualquiera que se lo proponga. 

Ante la recepción de un estímulo cualquiera que me pida una acción/reacción, los pasos son:

1. Parar antes de actuar/reaccionar, (para poder "volver a mí" y pensar).
2. Reconocer qué me está pidiendo ese estímulo
3. Decidir qué tipo de respuesta quiero darle 
4. Reconocer qué necesito dejar de hacer y qué necesito hacer para esa respuesta
5. Darle permiso a mi respuesta
6. Monitorear/observar los efectos de mi respuesta durante su ejecución

Por ejemplo, digamos que suena el teléfono en el cuarto de al lado de donde yo estoy en escribiendo este blog. Mi hábito sería saltar de la silla automáticamente y correr a atenderlo. Pero (si logro detenerme antes de salir corriendo) puedo escuchar el estímulo del ring que interrumpe mi tren de pensamiento y:

1. Frenar mi impulso por salir corriendo y, en vez, soltar todo lo que se activó por mi hábito, ¡respirar!
2. Reconocer que el ring pide respuesta, pero que soy yo quien decide ¡respirar!
3. Elegir si quiero atender la llamada o ignorarla ¡respirar!
4. En el caso de decidir atenderla, dejo mi blog (física, mental y emocionalmente) y me focalizo en la acción de atender ¡y sigo respirando!
5. Me dirijo (mental, emocional y físicamente) a la acción de atender la llamada ¡respirar!
6. Intento observar la calidad y cualidad de mi acción durante la llamada (me quedo en mí) según me permita la intensidad del estímulo. ¡seguir respirando!

Al tomar clases de Técnica Alexander tengo además la ventaja de contar con el "espejo sensible" del profesor. El profesor me ayuda a reconocer los lugares donde todavía no he soltado mi hábito anterior, y de esa manera aumento mi apreciación sensorial de mí misma. Ese refinamiento de mi apreciación sensorial es el que me permite tener una respuesta cada vez más eficiente y eficaz a los estímulos; y al usar mejor mi energía, todo se vuelve más liviano, disfrutable, y satisfactorio.

¡Ahora me sobra energía! Y esa energía la pueda usar para hacer más de lo que quiero.

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