jueves, 19 de marzo de 2015

On 19:07 by Victoria Stanham in ,    No comments

Los comienzos son difíciles para mí. Me gusta el orden, pero los comienzos tienden a ser un tanto caóticos.

La mayoría del caos surge del hecho que no cerré del todo las acciones anteriores. Voy arrastrando los restos de ayer hacia el hoy y el mañana, y es esto lo que enturbia las aguas de lo nuevo que quiere emerger.

¿Qué hacer al respecto?

Si siguiese mis propios consejos, dejaría de hacer algo, no haría nada. Encontraría un pedacito de piso donde recostarme de espaldas, con mi cabeza sostenida sobre unos libros y mis rodillas levantadas. Si hiciese esto todos los días, mañana y tardecita, estaría dándole espacio para que el cambio ocurra solito.

Es difícil creer que con solo tirarme en el piso y hacer nada voy a crear espacio para que las cosas se arreglen solitas. Pero pasa. Es una cascada de creación de espacios: me doy un espacio en el día para dejar de hacer; eso me lleva a hacerme un espacio donde recostarme; recostarme arma espacio en mi cuerpo para que se suelten las tensiones acumuladas; a medida que mi cuerpo suelta las tensiones, mi mente suelta las tensiones también y voilá! he creado espacio en mi mente para tener claridad sobre la próxima acción.

Es todo una cuestión d espacio: espacio-temporal, espacio-ambiental, espacio-corporal, espacio-mental.

No se require nada más que tomarse tiempo para descansar en ese espacio. El tiempo mismo se encargará del resto.

Cuando me pido comenzar una nueva acción, tengo que darme tiempo antes de hacer o decir nada más. ¿Por qué? Porque en cuanto me pido hacer algo, ya arranco con mi respuesta habitual (en mi caso un montón de pensamiento errático y acciones desconsideradas) y me lleva un tiempito darme cuenta de esto y parar.

Y es solo cuando me acuerdo y paro, cuando crea espacio y me doy tiempo, es sólo cuando el polvo de las acciones pasadas deja de revolotear por el aire y las olas del lago de la mente dan lugar a la calma del estanque, sólo entonces puede operar la nueva etapa.


¿Cuál es la nueva etapa? Escuchar, con todo mi ser, la nueva dirección clara y verdadera.

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