sábado, 15 de febrero de 2014

On 11:27 by Victoria Stanham in ,    No comments
¿Te diste cuenta lo contagiosos que son los estados mentales?

Pasá diez minutes con una amiga que está siempre estresada y acabás hecha un torbellino vos, corriendo como pollo sin cabeza. Si tenés suerte, algo te hace parar y te das cuenta, “¿por qué estoy tan enloquecida si no está pasando nada?” Si no tenés suerte, te pasás el resto del día completamente segura que este es uno de esos días en los que todo te sale mal, todos están en tu contra, la vida es un asco, ¡paren el mundo me quiero bajar… y quiero mi cama!


Mantenés la calma y recordás tu dirección.

Estuve practicando lo que prediqué toda la semana (a veces pienso que tendría que callarme la boca). La Vida estuvo bastante decidida a testear mi temple y mi teoría.

Conclusión: No es fácil corazón; especialmente esa partecita de “mantener la calma”.

Sin embargo, logré pasa la prueba, y de recompense la Vida me dio otra pista para descifrar su misterio. Tiene que ver con cómo mantener la calma cuando todo y todos se niegan a cooperar con tus planes.

Te voy a dar gratis el trencito para pasar la prueba. Pero, te aseguro, que la Vida va a testear tu comprensión cabal de la lección de todas formas… es una de esas maestras a las que no se les escapa nada (de esas que tienen ojos en la nuca o qué se yo).

Resumidamente: Mantenés la calma al ver el contexto mayor.

No te preocupes, te lo explico.

Toda la magia gira en torno a la partecita esa de mantener la calma.

¿Por qué tenés que mantener la calma?

Porque es la única manera de realmente recordar tu dirección.

Si no estás en calma te puede parecer que te estás acordando de tu dirección. Pero en verdad lo que estás haciendo es HACER los ítems en tu lista de tengo-ques, convencida que si tachás todos los ítems de la lista vas a llegar a tu dirección.

Esto quiere decir que estás un poco confundida sobre qué es tu dirección.
Tu dirección NO es tu destino o meta (o sea, no es algo que sucederá entonces, es algo que sucede ahora).

Tu dirección NO es la ruta en la que estás viajando (o sea, no son los ítems en tu lista de tengo-ques lo que te llevan en tu dirección).

Tu dirección es tu estado mental (o sea, el cómo estás llegando a tu destino, la forma en la que estás encarando cada ítem en tu lista de tengo-ques).

Tu dirección es como tu propósito de vida: quiero recuperar y ocupar todo mi espacio disponible, quiero hacer las cosas con facilidad y disfrute, quiero estar contenta de estar viva, quiero estar totalmente enamorada de lo que hago sin importar lo que sea.

Es dentro de esta mentalidad abarcativa que tus tengo-ques se hacen. Podés hacer todo en tu lista de tengo-ques de cualquier manera, de cualquier manera… pero es el cómo lo que hará de tus actividades un viaje por el Cielo o un paseo por el Infierno.

Así que repito, necesitás mantener la calma para recordar tu dirección.

¿Qué significa “mantener la calma” en términos prácticos?

Mantener la calma significa sentir dónde estás.

Sentir significa abrir tus sentidos (o sea, suavizar tu foco, ampliar tu perspectiva, encontrar los puntos luminosos, ver las cosas en su contexto).

Aprender a parar y encontrar tu dirección dentro del contexto más amplio lleva tiempo, paciencia, práctica y una fuerte determinación a vivir tu vida de una manera diferente.

El stress de los otros es contagioso. Yo sé que yo absorbo rápidamente los estados de ánimo de quienes me rodean. Puede que me levante fantástica por la mañana, pero en algún momento olfateo el stress de mi pareja, el guarda del bondi, o el vecino malhumorado en el ascensor, y listo, de repente estoy atrapada en lo eterno de mi lista de tengo-ques para ese día. Tanto para hacer entre ese momento y poder finalmente apoyar mi cabecita en la almohada: laburo, llamadas, lavar la ropa, el baño, cocinar, las compras, interrupciones, etc. etc. etc.).

El punto que quiero dejar claro es que vos podés lidiar con la mayoría de las cosas en tu lista de tengo-ques sin problema. Es más, lo hacés cada día de tu vida y todavía estás acá, leyendo el blog, no te mató. Lo que te está matando no es la lista de cosas para hacer, es el germen de stress que se te pegó en algún lado.

Bueno, vas a tener que estornudarlo para sacarlo de tu sistema.
Estornudar es una forma de respiración de alto impacto que saca a colados de tu sistema de un soplido. Tenés que metafóricamente estornudar al germen del stress.

Guía para liberarse del germen del stress y vacunarse contra futuros focos de contagio.

1. Date cuenta que estás estresada.

Esta es la parte fácil; probablemente ya sabés como se siente el “stress” en tu cuerpo.

2. Volvé a tus sentidos.

Sentí tu cuerpo, soltá la tensión en tus pies, tus isquiones (los huesitos sobre los que te sentás), tus axilas (sí, en serio, las axilas, ¡a que las tenés apretadas y no te diste cuenta nunca!), tus manos, tus ojos, tu cara y tu mandíbula.

[Y para los que vinieron a los talleres de postura CONECTÁ TUS CRUCES y soltalas]

3. Mirá al problema dentro de su contexto más amplio.

Esto es parecido a cómo sacarle el factor de miedo a una película de terror mediate el viejo truco de abrir el campo visual para incluir el marco de la pantalla, el cuarto donde está la pantalla, y la gente alrededor tuyo. De repente la película de terror no es más que una película, algo que está pasando en un cuadrado plano en frente tuyo, pero no en el resto del cuarto.

Yo aplico esta técnica literalmente para salir de la espiral de descontrol, cuando entro en discusión con alguien y la cosa empieza a ponerse acalorada. Simplemente es imposible odiar a alguien cuyo pelo acaba de iluminarse con un rayo del sol poniente en una tarde de verano, no importa cuánto este gritando y gesticulando la persona en cuestión… ahora es parte de un cuadro más grande, como una pintura. Y es imposible que hayas notado la belleza del cuadro si no hubieses abierto tu foco para incluir al sol que se escondía en el horizonte.

4. Respirá tranquila absorbiendo la vastedad de todo lo que te rodea.

Date cuenta que no podés controlar la Vida… es más, no podés si quiera comprenderlo en su totalidad ni tu lugar en la trama. Tu lista de tengo-ques no significa nada en esta vastedad y no te llevará a ninguna parte; pero igual tiene que hacerse. Todo lo que podés hacer es elegir tu dirección, tu estado mental, cómo querés hacer eso que te toco hacer, y fluir.

5. Fortalecé tu dirección con la práctica.

Tenés que practicar esto de volver a tus sentidos, hasta que puedas mantener firme esa nota musical de calma dentro tuyo, incluso en medio de actividad frenética. Entonces encontrarás que el stress de los otros no se te pega más (o al menos no por mucho rato… pasa flotando como una nube en el cielo). Y lo mejor de todo es que te habrás convertido en el germen contagioso de la felicidad que el  mundo tanto necesita.


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Image credits:
"Metallic Compass" by digitalart / freedigitalphotos.net
"Happy And Sad Smileys Showing Emotions" by Stuart Miles / freedigitalphotos.net


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