viernes, 4 de abril de 2014

On 9:04 by Victoria Stanham in    No comments
¿Te pasó alguna vez que tomás clases con un profesor (o sesiones con un terapeuta) y, aunque vivís grandes cambios durante la clase, te resulta muy difícil traducir esos descubrimientos a tu vida diaria?

Es como que la clase es un mundo, y tu vida real es otro… y son tan diferentes ellos, y tú sos tan diferente en uno y en otro, que parecen universos paralelos.
Una clase es una situación construida para que puedas conectarte con el conocimiento. Pero el mundo real no está armado de la misma manera; en él sos tú la que tenés que activar el conocimiento solita. Y esto no es siempre tan fácil ni obvio: lo que en clase te resultaba evidente, en tu vida real te puede parecer inaccesible o inaplicable.
¿Cómo se hace esta traducción de conocimientos y recursos de una situación a otra?
Existen 4 formas de relacionarse con el aprendizaje de cosas nuevas que ayudan a generar e integrar los cambios. Cada forma cumple su función específica, y facilita a su manera el proceso.
Estos 4 grandes maestros son:
1. El aprendizaje en clase individual (el guía)
2. El juego y experimentación en grupo (los pares)
3. El ensayo y práctica individual en casa (tú)
4. La aplicación en la vida diaria (la vida)
Veámoslas de a una.
1. La clase individual: La función de tu encuentro con el profesor o terapeuta es empujar los límites de lo conocido, o sea, aprender algo nuevo. Esto es de por sí desafiante, y puede dar miedo. Por eso es importante que elijas muy bien a tu guía. Cuánto más tranquila y segura te sientas en la situación de aprendizaje, más rápido vas a avanzar, más vas a aprender, y más involucrada y entusiasmada vas a estar en el descubrimiento de tus potenciales latentes.
En cada clase podrás ver formas concretas de traducir lo aprendido a tu vida diaria. Sin embargo, aprender la teoría no es lo mismo que aplicarla. A veces, los estímulos de la vida real son demasiado fuertes como para que puedas actuar de una nueva manera; lo más cómodo, seguro y conocido es hacer lo mismo de siempre… y si esto ocurre una y otra vez, el proceso de transformación se tranca, y te frustrás.
Y es allí donde la segunda forma de relacionarte con lo aprendido cobra valor.
2. El grupo de práctica: un grupo de práctica puede ser algo formal (un grupo de estudio o terapia) o informal (una amiga o pareja que comparta tu interés). La función de estar en un grupo es practicar el uso de las herramientas que aprendiste en clase en un contexto seguro y con acuerdos claros. El momento de práctica en grupo no deja de ser una situación “construida”, pero se parece más a la vida real en que tenés que relacionarte con otro par, responder a sus estímulos, manejar tus reacciones.
A veces el grupo de práctica es creado específicamente para practicar ciertas herramientas. Pero no necesita serlo. Por ejemplo, si estás tomando clases individuales para corregir tu postura y tu coordinación, podés unirte a un grupo de Pilates o Yoga donde practicar lo que aprendiste en tu clase individual. El grupo de Pilates o Yoga no se creó especialmente para ello, pero por sus características es una situación idónea para practicar las herramientas de la re-coordinación psico-motriz.
3. El rol de la práctica individual: En la seguridad de tu casa, cuando nadie te ve, podés aprovechar para prácticar y experimentar con los detalles (afianzar lo conquistado y revelar lo no comprendido). Esta instancia es análoga a la del músico que ensaya sólo con su instrumento, para conocerle y conocerse mejor, para ver qué preguntas le surgen de ese encuentro.
Esta instancia es básica para pulir zonas ásperas, para experimentar con variantes, para elaborar tus preguntas que llevarás luego a tu clase individual. Aprovecharás mucho más tus clases si practicas en casa… lo sabemos desde la escuela… se lo decimos a nuestros hijos y alumnos… pero por casa ¿cómo andamos?
4. El rol de la aplicación en la vida real: Finalmente te la tenés que jugar y probar tus teorías en la vida real, para comprobarlas o des probarlas. No tenés por qué arrancar probándolas en las situaciones más estresantes. Al igual que en las otras 3 instancias, podés arrancar por situaciones más fáciles, seguras y controladas, y progresar de a poco a las situaciones más complejas emocionalmente.
Por ejemplo, si estás experimentando con una nueva forma de reaccionar y relacionarte con la comida, tratando de comer más conscientemente, quizás no es lo mejor empezar con ello en la mitad del almuerzo familiar de los domingos o en el cumpleaños de una amiga, cuando tu foco va a estar en otras cosas. Empezá mejor saliendo a tomar un café sola (o con tu amiga de práctica), progresá al almuerzo en el laburo mientras te comés tu ‘packed-lunch’ en relativa soledad, y de a poco agregá instancias en las que hay más estímulos para manejar. ¿Se entiende?
No siempre tendrás disponible un guía o un grupo. A veces tenés que, o preferís, empezar aprendiendo de un libro, un video, o un blog, para ver si te gustaría realmente zambullirte en la práctica. Si te convence, tarde o temprano vas a querer ir más profundo, realmente comprometerte con el cambio, y es entonces que el guía y el grupo se vuelven indispensables.
Pero recordá que lo que siempre tenés disponible son la práctica individual y la aplicación a la vida real. Ni siquiera si tenés guía y gurpo estarás eximida de tomar el conocimiento y hacerlo tuyo. Si realmente querés cambiar, esta es tú responsabilidad.

La próxima semana, vamos a ver formas concretas de cómo traspasar lo aprendido en clase a la vida diaria. Empezaré a dar los ejercicios de práctica y observación que les doy a mis alumnos individuales. Te invito a probarlos, hacerme las prguntas que quieras, y contarme si te funcionaron.

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