viernes, 5 de septiembre de 2014

On 13:52 by Unknown in , ,    No comments

¡Hola! Llegaste al blog.

Tomate un momento para llegar completamente.

Dejá que llegue tu cuerpo: soltá todo el esfuerzo muscular de lo que venías haciendo antes... no necesitás tanto esfuerzo y tensión para leer.

Dejá que llegue tu mente: ¿está tu atención aquí en lo que estás leyendo? ¿O seguís pensando en lo que leíste antes o en lo que tenés que hacer después?

Dejá que llegue tu estado emocional: tus emociones te informarán sobre cómo te resulta lo que leés, pero sólo si reaccionás al estímulo presente. Si seguís reaccionando a lo que ya pasó, o estás reaccionando ya a lo que pasará después, ¿cómo vas a saber qué reacción merece lo que estás leyendo ahora?

¿Llegaste? Ahora sí. Bienvenido al blog.

Este blog es sobre la secuencia que usa la Técnica Alexander en el proceso de cambio de hábitos. El propósito de este blog es aclarar los pasos que se suceden (y se superponen) en cualquier proceso de cambio consciente.

Como profesora y estudiante de Técnica Alexander veo esta secuencia ocurrir en mi propio proceso y en el de mis alumnos. Sin embargo, la secuencia no es evidente, y por eso nuestros procesos de cambio nos resultan caóticos.

Aprender a reconocer el orden en el caos nos da cierta medida de tranquilidad… y cierto grado de control: podemos dejar de interferir en la dirección natural de las cosas.
Me gustaría mostrarte la secuencia natural del proceso de cambio con la esperanza que puedas reconocer en qué etapa estás hoy y cuál es el próximo paso a permitir.

Primero, elegí tu pregunta sobre tu proceso. Vas a recibir un montón de información, externa (de este blog, del ambiente) e interna (pensamientos, emociones, reacciones musculares). Tener una pregunta te ayudará a ordenar la información que hoy te es útil, y descartar la información que hoy no lo es.

Recordá chequear cada tanto tu reacción (física, mental, y emocionalmente) a lo que leés. Tu reacción es parte de la información que necesitás ordenar. Y también notá a dónde se va tu atención, ya que tu reacción y tu atención están íntimamente relacionadas.

La estructura de este blog sigue la estructura de una clase de Técnica Alexander, y por lo tanto de un proceso de cambio.

1)  Llegamos. Llegamos porque tenemos una inquietud y buscamos una respuesta. Y para recibir la respuesta, necesitamos honrar el espacio al que vinimos a buscarla, necesitamos abrirnos a escuchar lo que ocurre en el presente.

2) Aclaramos nuestro propósito. Esto implica entrar en contacto con nuestra necesidad, pero también ajustarla a lo que el contexto puede ofrecer. De nada sirve buscar comida vegana en una carnicería.

3) Entramos en proceso. Esta parte tiene dos componentes. Uno de ellos lo pone el que busca: su atención. El otro lo pone quien está a cargo del espacio de práctica: la propuesta de investigación.

La propuesta dependerá de la etapa del proceso en la que estés.

Primera: Establecemos un lenguaje común. Hay que conocer la herramienta antes de empezar a usarla.

Segunda: Aplicamos el lenguaje a una acción simple. Cuando ya conocemos la herramienta podemos empezar a usarla en tareas sin demasiadas variables.

Tercera: Aplicamos el lenguaje a una acción compleja. A medida que nos familiarizamos con la herramienta y su uso, empezamos a agregar variables, experimentando con combinaciones que se acercan cada vez más a la “vida real”, donde los estímulos son variados e impredecibles.

Cuarta: Aplicamos el lenguaje en la “vida real”. La vida real nos va a marcar hasta dónde hemos avanzado, y dónde aún estamos en la oscuridad. Es el mejor campo donde cosechar la próxima pregunta para seguir alimentando el proceso.

Y cada tanto, entre etapa y etapa, o dentro de cada etapa, paramos para descansar, para dejar que la información se asiente, que “caigan las fichas”. Estos descansos son esenciales. Usalos para: a) evaluar tu progreso, y b) decidir tu siguiente paso. Pero por sobre todo, usalos para: c) celebrar tus avances.

Y tú, ¿en qué etapa estás?

Hasta la próxima.


Victoria

domingo, 31 de agosto de 2014


¡Hola! Bienvenido al blog. ¿Cómo estás? Lo pregunto en serio, y la respuesta es para ti. Tomate unos segundos de quietud externa e interna para chequear cómo estás (física, mental, emocionalmente) y para decidir si estás bien dispuesto para leer el blog.

Este es un blog sobre Técnica Alexander en su relación con el cambio de reacciones habituales (físicas, mentales, emocionales).

El propósito de este blog es que experimentes con diferentes ideas sobre cómo hacer las cosas de otra manera, o cómo no hacerlas directamente.

Quien escribe es Victoria Stanham, profesora de Técnica Alexander. Me dedico a investigar y experimentar con esto en mi vida diaria.

Mi objetivo para hoy es que te puedas llevar una experiencia nueva del manejo de tu atención. También quiero brindarte al menos un concepto de organización mental que sea directamente aplicable al cambio de hábitos y que te resuelva una pregunta actual que tengas sobre este tema.

Si te interesa, tomate un minuto para preparar tu pregunta. Que sea concisa y clara.

A medida que sigas leyendo, andá notando los efectos de lo que leés en tu grado de tensión física, mental o emocional. Tratá de notar si lo que leés te pone nervioso, te enoja, te tranquiliza, te confunde, lo que sea.

Notá también si tu atención se va, y leés en modo automático, sin procesar la información. Si te pasa esto, pará, respirá y traé tu atención devuelta al presente. Si tu atención insiste en volarse a otro tema, revaluá si vale la pena seguir leyendo o si tendrías que estar haciendo otra cosa.

La habilidad de monitorear nuestra atención y nuestra reacción corporal a los estímulos del ambiente, es la base del éxito en cualquier cambio de hábitos que queramos lograr.

Una reacción habitual sigue esta secuencia:
1. Percibo estímulo (consciente o inconscientemente)
2. Respondo con una acción automática que no requiere pensar.

A veces esto es bueno y útil. Por suerte no tenemos que razonar cada acción que tomamos. ¡Sería agotador!

Pero a veces, nos damos cuenta que nuestra forma de reaccionar nos está causando problemas, y la queremos cambiar. Esto no es fácil porque el hábito es fuerte y cómodo (aunque nos haga mal).

Para tener éxito, tenemos que aprender a parar antes de reaccionar, y darnos tiempo para decidir la respuesta que queremos dar.

El problema es que los estímulos a veces nos pasan desapercibidos, y nos damos cuenta que estamos reaccionando de la forma habitual cuando ya está todo el pescado vendido.

La solución a este problema es aprender a percibir las señales que nos indican que ya estamos preparando una respuesta.

Nuestras respuestas arrancan mucho antes de lo que nos damos cuenta. Nuestros cerebros anticipan constantemente, construyendo nuestras respuestas en base a experiencias pasadas.

La anticipación se da como un estado simultáneamente físico, mental y emocional. Dónde quizás sea más fácil de notarla es en el cuerpo (cambio en el ritmo cardíaco o respiratorio, tensión muscular, cosquilleo, etc.).

A medida que aprendemos a ser conscientes de nuestras reacciones anticipatorias, empezamos a tener la posibilidad de cambiarlas.

Y para ser conscientes de nuestras reacciones anticipatorias, necesitamos volvernos conscientes de nuestro cuerpo.

¿Qué tenemos que sentir del cuerpo?

Es aquí donde la ayuda de un guía se vuelve valiosísima. Si me acompañás, me encantaría mostrarte los caminos que yo ya recorrí.

En resumen, la nueva reacción que queremos establecer seguiría esta secuencia:
1. Percibo estímulo (consciente o inconscientemente)
2. Percibo reacción anticipatoria… y la suelto.
3. Recuerdo mi propósito.
4. Reevalúo mis opciones de respuesta.
5. Decido una respuesta.
6. Ejecuto mi elección manteniendo consciente mi propósito y monitoreando mi respuesta.

Llegaste al final del blog. Es tu momento de evaluar.

¿Se respondió tu pregunta?

Hasta la próxima.


Victoria

miércoles, 20 de agosto de 2014

On 19:59 by Unknown in , ,    No comments

Llegaste al blog. Bienvenido.

Antes de empezar hagamos juntos un minuto de quietud interna y externa.

Sentate lo más cómodamente erguido que puedas. Suavizá los ojos y la mandíbula.
Notá tu respiración. Permití que el aire entre y salga sin controlarlo, dejando a la respiración ser tal cual es en este momento.

De a poco vamos a soltar lo que estuvimos haciendo antes de llegar acá: la página web de la que venís, lo que leíste, lo que estabas pensando.

Toda acción tiene una inercia.

Somos como un balde lleno de agua. Nos agitamos de acá para allá y todo nuestro contenido se agita como una tormenta dentro nuestro.

Ahora queremos arrancar algo nuevo, vamos a leer un nuevo blog, es otra acción distinta a la anterior.

Parar antes de arrancar algo nuevo nos permite darle su debido espacio (físico, mental y emocional) a la nueva acción… o simplemente darnos cuenta que no la queremos o no la necesitamos realizar.

¿Realmente querés leer este blog? No lo sabrás hasta que pares, dejes que se aquiete la tormenta de actividad residual dentro tuyo y te escuches.

Por eso dejamos el cuerpo quieto un momento, y traemos nuestros sentidos hacia el interior. Porque aunque dejemos quieto el balde, el agua demora un poquito más en aquietarse.

Llevá la atención a los sonidos a tu alrededor, los que están cerca a no más de un brazo de distancia, y los que están más lejos. Llevá la atención al sonido más lejano que puedas percibir. Soltá ese sonido y volvé la atención al espacio alrededor tuyo. Pasá ahora al interior de tu cuerpo. Sentí los sonidos de tu corazón, tu respiración, tus tripas. Sin perder esa conexión con tu sonido interno, expandí la atención hasta donde te quede cómodo para leer el blog.

Con este acto de parar y volver a ti, te estás preparando para recibir, para percibir, para notar cómo estás y cómo te sentís con lo que estás leyendo hasta ahora.

Ya estás reaccionando al estímulo de estas palabras.

Si el agua de tu balde está quieta, podrás notar qué respuesta estás dando.
¿Qué ola revuelve el agua? ¿Es esa la respuesta que querés dar? ¿Te sirve para tu objetivo, para encontrar lo que viniste a buscar?

Ninguna respuesta es correcta o incorrecta. Todas son posibles y válidas. El punto es si te sirve para lo que querés lograr, o entorpece tu camino.

Quizás tu respuesta te quita energía de tu objetivo, derivándola a otras necesidades. Quizás esas necesidades son válidas y merecen ser escuchadas y respetadas. O quizás son parte de un hábito viejo, una respuesta automática cuya utilidad ya expiró.

Si lográs ver tu respuesta al estímulo, estás pronto para darle paso a la próxima acción lógica, orgánica, y en alineación con tu objetivo.

El trabajo con la Técnica Alexander se basa en esta premisa. No podemos cambiar lo que no vemos. No podemos cambiar lo que no entendemos. Y el primer paso para cambiar algo, no es hacer algo nuevo. El primer paso es reconocer lo que estamos haciendo y dejar de hacerlo, y así darle paso a la próxima acción.
Algún día quizás lograremos acompasar el interior con el exterior. Balde y agua se moverán tan armónicamente que no habrá separación. Ya no necesitaremos parar el cuerpo para parar el agua. La quietud será parte del movimiento, y el movimiento de la quietud.

Pero no estamos allí aún. Hoy estamos en el paso uno. Hoy paramos el exterior, para darle una chance al interior a parar. Y eso está bien. Eso es el primer paso, y todo camino arranca allí.

Así que volvé a notar tu respiración. Permití al aire entrar y salir sin controlarlo.

Ya estás listo para la próxima acción. Ya preparaste el campo, aquietaste las aguas externas e internas. Te diste tiempo. Tenés espacio para decidir.

¿Qué querés hacer? ¿Qué necesitás dejar de hacer para ir en la dirección que querés?


Hasta la próxima.

Victoria

--
Victoria Stanham, profesora de Técnica Alexander y Pilates.
Estudio movimiento evolutivo, inspirándome en el movimiento orgánico y libre del reino animal.
Mi objetivo es lograr que en el movimiento y en la quietud haya comodidad, eficiencia, elegancia, y equilibrio, según nuestro diseño físico, mental y emocional.

viernes, 15 de agosto de 2014

On 12:24 by Unknown in ,    No comments

Estás eligiendo leer este blog.

Quizás el tema te interesa; o te lo recomendó un amigo; o me conocés y te gusta lo que escribo; o simplemente tenés ganas de hacer algo y el título llamó tu atención.

Pero la elección de participar de esta lectura es tuya.

¿Tenés claro cuál es tu propósito? ¿Qué esperás lograr con esta inversión de tiempo y energía? ¿Estás leyendo por hábito o por elección consciente?

Tomate unos segundos para aclararte. Es importante. Ya vas a ver por qué…

He tomado muchas clases y talleres en mi vida. No aproveché los buenos todo lo que podría; ni me retiré de los malos tan pronto como debería. Y todo por no haber tenido claro para qué estaba yo allí en primer lugar.

¿Por qué vamos a clases o talleres (o leemos blogs)?

Porque alguna limitación nos impide hacer con placer lo que nos gusta hacer (bailar, cantar, andar a caballo, cuidar de los nietos), y queremos solucionarlo.

¿Por qué elegimos una clase o taller particular?

Porque se relaciona con nuestro objetivo (nos demos cuenta de ello o no) y se adecúa a nuestros recursos disponibles (motivación, tiempo, dinero, energía, conocimiento).

¿Cómo sabemos si elegimos la clase o taller adecuado?

No lo sabemos hasta probarlo. Pero si tenemos claro nuestro objetivo podemos evaluar si la clase o taller nos está ayudando a ir en la dirección que queremos.

¿Por qué es tan importante tener presente el objetivo?

Tener claro tu objetivo te vuelve un participante activo de tu proceso de aprendizaje. Si tu objetivo no es la guía de tus acciones, corrés el riesgo de perder el foco y caer en viejos hábitos. Preguntate, ¿lo que estoy haciendo, me acerca o me aleja de mi objetivo?

¿Qué pasa si no me doy cuenta si me estoy acercando o alejando de mi objetivo?

Tomate unos segundos para analizar si es cuestión de contenido, de forma, o de ambos.

1. Si el problema es el contenido de la clase (no es el “encare” del tema que buscabas, no se trata de lo que creías, no estás entendiendo nada) pero la forma que se da está buena, fijate si podés abrirte a aprender algo nuevo.

Puede ser incluso que estés recibiendo la respuesta que necesitás, pero no de la forma concreta que te imaginabas. Si te parece que este es el caso, suspendé el juicio hasta más tarde. Ya estás allí, y mientras estés cómodo y pasándola bien, no perdés nada con explorar otra visión del problema. Al final del proceso fijate si cumpliste tu objetivo original, o algún otro objetivo inesperado.

2. Si el problema es la forma o el contexto en que se da la clase (no te gusta al ambiente, no te cae el profesor, hace frío, o lo que sea) pero el contenido está bueno, fijate hasta dónde estás dispuesto a “bancar” por lograr tu objetivo. Si la situación no es grave (o es fácilmente solucionable) ignorá lo molesto y quedate con lo importante.

Pero si estás incómodo al punto que te encontrás enojado o asustado, quizás es hora de retirarte. Seguro hay otras formas menos traumáticas de lograr tu objetivo.

3. Si el problema es la forma o contexto en que se da la clase y además el contenido no es lo que esperabas, no lo dudes, andate a casa. Seguramente hay mejores cosas que podés estar haciendo con tu tiempo y tu energía, antes que castigarte a ti mismo con algo que ni te interesa ni te gusta cómo se imparte.

Llegaste al final del blog. Esto quiere decir que no la pasaste tan mal. J ¿Cumpliste tu objetivo original, o algún otro?

Ahora es el momento de analizar, evaluar y decidir si vale la pena esperar a encontrarnos devuelta en el próximo blog, escribirme con tus preguntas buscando una respuesta más concreta a tus dudas particulares, o compartir este blog con un amigo.

Hasta la próxima.

Victoria
--

Victoria Stanham, profesora de Técnica Alexander y Pilates.
Estudio movimiento evolutivo, inspirándome en el movimiento orgánico y libre del reino animal.
Mi objetivo es lograr que en el movimiento y en la quietud haya comodidad, eficiencia, elegancia, y equilibrio, según nuestro diseño físico, mental y emocional.

viernes, 18 de julio de 2014


“Tengo el hábito de estar encorvado”.

Esta frase no expresa la realidad completa.

Un hábito es una respuesta fija a un estímulo determinado. Curvar la columna es una respuesta que estamos dando a un estímulo.

¿Cuál es el estímulo? ¿Por qué curvaste el dorso la primera vez? ¿El estímulo fue físico (dolor) o emocional-mental (miedo)?

Puede que el estímulo original ya ni siquiera exista. Pero desde esa primera vez que usaste el curvar tu columna como respuesta, al día de hoy, de tanto repetir este gesto, se te des-calibró la brújula, y tu “sensación” de estar “derecho”, de estar alineado, no tiene nada que ver con lo que realmente es la alineación.

Cuando por cualquier motivo (estético, dolor, funcional) decidas volver a una alineación más eficiente, tu primer gran desafío será esta “brújula corporal” des-calibrada.

Esto es un desafío porque las nuevas alineaciones se “sienten equivocadas”. Por más cómodo y placentero que sea estar alineado sin tensión, el problema es que no se siente como tu “Yo-real”.

¿Cómo re-calibramos la brújula corporal?

1. Necesitás alguien o algo externo a ti que te ayude a calibrar la brújula nuevamente.

2. Necesitás aplicar y experimentar en la vida diaria lo que descubriste en tus momentos de investigación.

Ayuda externa: Si tu sensación está des-norteada, no le podés creer 100% lo que te dice. Tenés que aprender a re-interpretar esa información.

Si tenés mucho tiempo, paciencia, y un alma de detective-científico, un espejo puede ser todo lo que necesites. El Sr. F.M. Alexander lo hizo así.

Si no, lo más práctico y rápido es conseguirte un profesor que te ayude. Lo bueno de tener alguien que te de una mano con esto es que no sólo contás para guiarte con la información visual que te da el espejo.

Un profesor también puede darte:
a) información corporal sensorial a través del tacto y de propuestas de movimiento;
b) información auditiva con el tono de su voz que te ayuda a darte cuenta cuándo vas por buen camino;
c) información conceptual que te ayuda a aclarar y organizar tus ideas respecto de tu cuerpo, tu equilibrio y tu movimiento.

Experimentación: Los hábitos son fuertes y cuesta darnos cuenta que los estamos usando constantemente.

Si te propusiste corregir tu mala postura, y ya tenés nueva información sobre cómo re-calibrar tu respuesta, necesitás empezar a observarte en tu vida diaria.

Tus respuestas llegarán en 3 etapas:

Primera: no te vas a dar ni cuenta que estás encorvado hasta que algo externo te avise (espejo, dolor, recordatorio). El impulso que te lleva a encorvarte sigue ocurriendo fuera de tu atención consciente.

No te desesperes. Lo bueno es que te diste cuenta de tu respuesta y podés hacer algo al respecto ahora. Date tus direcciones, re-alineate. Repetí esto todas las veces que te acuerdes.

Segunda: tu nuevo desafío es ahora atraparte a ti mismo más temprano en el proceso. Quizás requiera más ayuda-memorias (espejos, alarmas, notitas, etc).

Cuánto más seguido escanees tu cuerpo, más temprano podrás darte cuenta cuando estás empezando a encorvarte o tensionarte. Esto te da la oportunidad de practicar parar antes de verte inmerso por completo en tu hábito.

Tercera: tu desafío es ahora reconocer qué estímulo te está incitando a colapsar tu columna antes de colapsar del todo.

Esto requiere más auto-conciencia, pero como la venís practicando con tus escaneos de la segunda etapa, ya estás entrenado.

Esta es la fase más intrigante. Es la que más nos informa sobre nosotros mismos. Cuando te volvés un detective ávido de atrapar la información que te manda tu cuerpo en el momento que la manda, vas a descubrir cosas fascinantes sobre ti mismo.

Con el tiempo empezarás a notar todo tipo de sensaciones (cosquilleos, expansiones, contracciones, cambios en la respiración, etc.) que te avisan cuál va a ser tu reacción a las personas, las situaciones, los pensamientos y hasta el clima antes de que se manifiesten en su forma física habitual total.

Ahora tendrás la opción de parar antes de que te arrastre el tsunami del hábito y podrás ajustar tu respuesta para que sea la más efectiva.

Desafío para esta semana: Atrapando al impulso
Si ya tenés las guías básicas de cómo alinearte sin tensión, esta semana comprometete a observar cómo ocurre el proceso de ceder a tu impulso de colapsar.

(Si todavía no comenzaste el proceso de re-calibrar tu brújula corporal te recomiendo tomar mis cuatro clases introductorias o contactarte con un profesor de Técnica Alexander en tu área).

Simplemente date tus direcciones y comenzá tu actividad. Fijate si podés atraparte cada vez más temprano en el proceso de encorvarte, notando qué pensamientos, sentimientos, o situaciones son las que te sacan de tu eje.

Si una ‘mejor postura’ es tu meta, todas las respuestas están en el proceso.


Hasta la próxima.

Victoria

viernes, 11 de julio de 2014


Lo que sentimos sobre situaciones, personas o lugares son también anticipaciones… y son tanto algo físico como emocional.

Traé a tu imaginación una persona que te molesta. Imaginate que está haciendo esa cosa que te saca de quicio, esa cosa que ya le pediste más de una vez que no haga.
Ahora sentí la tensión en tu cuerpo. Te estás anticipando.

Anticipamos nuestras reacciones emocionales todo el tiempo. Basamos esta anticipación en nuestra experiencia previa de esa persona, lugar o situación. Esto es tan normal y natural como el juego de anticipación muscular al imaginar levantar un peso que hicimos la semana pasada.

Pero, al igual que en la anticipación de un esfuerzo físico, en la anticipación de una reacción emocional tenemos que lograr poder ajustar nuestra respuesta a las circunstancias tales como se presentan en el presente. De nada nos sirve reaccionar a lo que ocurrió ayer, la semana pasada o hace media vida atrás.

Con los temas emocionales, con las relaciones interpersonales, lograr esta disponibilidad al ajuste no es tan fácil. Levantar una pesa puede que no nos genere una gran reacción emocional. Pero algunas situaciones, lugares o personas son capaces de desencadenar en nosotros unas reacciones emocionales pre-programadas y fuertemente arraigadas. Estas reacciones, una vez que ya estamos de cabeza en la mitad del arrebato, no se desactivan fácilmente, ni se prestan para el reajuste consciente.

Estas situaciones requieren de tomarse tiempo para alejarse del estímulo hasta que estemos listos para enfrentarnos a la situación, lugar o persona desde una nueva perspectiva, parados desde otro lugar. Este “time-out” puede ser tan corto como unos segundos (el tiempo que te lleva respirar conscientemente un par de veces y recordar tus direcciones), o tan largo como días, semanas, meses o años. Eso sólo lo sabrás tú en contacto con tu sistema, midiendo su grado de reactividad y tu capacidad de ajuste.

En estos periodos de “time-out”, de alejarse del estímulo por un tiempo, lo que estamos en verdad haciendo es encontrar nuestro propio equilibrio, nuestra coordinación, nuestro sentido del orden y la orientación, estamos ubicando dónde está nuestra cabeza y nuestros pies. También estamos aprendiendo a organizar nuestros recursos de nuevas maneras, en nuevas combinaciones. Podemos incluso tomarnos el tiempo para aprender a usar nuestros recursos en situaciones parecidas  a las que nos afectan tanto, pero un poco menos demandantes.

Eventualmente llegamos a enfrentarnos al estímulo original con “ojos nuevos”, viéndolo por lo que es y en lo que nos ofrece HOY. Lo encararemos diferente entonces, abordaremos la situación con un sentido del orden nuevo. Quizás simplemente confirmemos que ya no queremos a ese lugar, situación o persona en nuestras vidas. Lo importante no es la decisión a la que lleguemos, sino cómo llegamos a esa decisión: los medios son siempre más importantes que los fines.

Puede que también nos demos cuenta que hoy podemos lidiar con el estímulo tal como se presenta. Pero quizás mañana, si el estímulo es particularmente fuerte o nosotros estamos teniendo un día particularmente malo, nuestra vieja reacción emocional nos invada nuevamente. 

Sin embargo, esta vez estaremos mejor preparados, más conectados con nuestros cuerpos, y podremos reconocer las primeras señales de tensión que nos indican que nuestra vieja respuesta anticipatoria está activándose. Podremos entonces elegir una vez más alejarnos del estímulo para encontrar nuestros pies, nuestro sentido de la dirección, y desde allí tomar una nueva decisión respecto a nuestra relación con el estímulo.

Así que esta semana te invito a jugar con esta idea de que nos anticipamos en nuestras interacciones sociales. Fijate cómo se manifiesta en tu cuerpo la idea de encontrarte con tus seres queridos y los no tan queridos. Fijate cuánto tiempo necesitás alejarte de un estímulo particular para encontrar tus direcciones internas, y así poder responder a la demanda desde un lugar fresco, flexible y coordinado. Permitite sorprenderte con lo “nuevo” en lo “viejo”.

Hasta la próxima

Victoria


viernes, 4 de julio de 2014


Todos nos anticipamos; prejuzgamos en base a nuestra experiencia previa de situaciones parecidas.

Esto no es algo malo. Es algo normal y biológico. Es la función de tu cerebro anticiparse a las situaciones para asegurarse de que sigas con vida.

Sin embargo, si no estás atento y abierto a corregir tus pre-juicios, puede que estés limitando tu desarrollo físico y mental-emocional.

Experimentemos con un ejemplo de cómo anticipa nuestro cerebro.

1. Sentado ahí donde estás, notá cómo está en este momento cuánta tensión o activación muscular tenés en tu cuello, hombros, brazos, torso, y piernas.

2. Ahora imaginate que frente tuyo hay una pesa de 15kg y la vas a levantar con las manos.

3. Notá ahora el grado de tensión o activación muscular en tu cuello, hombros, brazos, torso, y piernas.

¿Cambió algo? ¿Por qué ocurre esto si todo ocurrió en tu mente?

Tu cerebro guarda memorias de lo que es levantar un peso y lo que necesitó activar muscularmente para lograrlo. Por lo tanto, cuando le diste la orden de imaginar levantar un peso, tu cerebro toma la instrucción literalmente y prepara tu cuerpo para el esfuerzo.

¿Es esto algo malo?

De ninguna manera. De hechos, esta anticipación te protege de lastimarte la espalda al prepararte para la situación por venir.

Sin embargo, a veces no nos permitimos suficiente libertad para cambiar nuestro pre-juicio de la situación, incluso cuando las circunstancias contradicen nuestra anticipación.

Cuando yo te pido que imagines que vas a levantar un peso de 15kg tu cerebro hace una estimación de lo que ese kilaje significa y anticipa acorde. Tu cerebro no calcula pesos exactos, y por lo general tiende a sobre-estimar la cantidad de esfuerzo necesario.

Si yo luego te doy una pesa real de 15kg, necesitás estar abierto a percibir cuánto esfuerzo es realmente necesario y ajustar tu reacción para no malgastar energía.
Esto aplica también a  situaciones mentales-emocionales.

Cuando tenemos una reunión que nos preocupa nuestro cerebro nos prepara para defendernos u atacar. Si notas el grado de tensión en tu cuerpo por esta pre-ocupación, te darás cuenta que te estás preparando para una situación incierta con quizás más tensión de la que requerirá. Si la reunión es mañana, y ya te estás pre-activando desde hoy, ¿qué tan efectiva es tu pre-activación para las tareas del presente?

La pre-activación es algo natural, pero igual podemos aprender a monitorear nuestro grado de activación muscular y estar dispuestos a ajustarla según lo que la situación PRESENTE pide, y no lo que nuestra imaginación anticipa.

APLICANDO ESTO EN TU VIDA: Reconocé tus pre-activaciones

Para lograr notar cuándo estás usando más esfuerzo que el necesario primero necesitás desarrollar más tu auto-conciencia corporal.

1. Un primer paso en esta dirección es realizar varias veces al día un escaneo corporal y notar si habitualmente cargás tensión innecesaria en ciertas zonas.

Fijate cuánto podés soltar, cúanto podés dejar de hacer, cuál es el mínimo necesario de tensión que necesitás para mantenerte sentado o parado sin colapsar.

2. Una vez que hayas soltado (hasta dónde te es posible) la tensión innecesaria, imaginate la siguiente acción (física o mental-emocional) que tenés que realizar. Notá cuánta pre-activación muscular generó este acto imaginario y re-considerá si estás anticipando el próximo paso realmente, o 5 pasos más adelante.

Soltá nuevamente la tensión innecesaria y re-considerá qué es lo realmente necesario para realizar el primer paso de la acción.

Por ejemplo, si tu próxima acción es mandar un email, no te adelantes al momento de escribir si antes no levantaste los brazos y  los colocaste sobre el teclado. O si tu próxima acción es hablar con tu jefe de un problema, no te adelantes a imaginar la mitad de la charla cuando ya estás defendiendo tu argumento. Quedate con la siguiente acción inmediata y ajustá tu respuesta a lo que la situación presente pide.

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Hasta la próxima.

Victoria