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domingo, 4 de junio de 2017
On 19:58 by Unknown in Anticipación, Cambio, El Uso de Sí Mismo, Hábitos, Memoria, Postura No comments
La bendición y la maldición de los
hábitos de movimiento
Los hábitos son respuestas aprendidas: secuencias
pre-programadas de movimientos que se ejecutan tal cual fueron grabadas, más
allá de cuán apropiadas sean para las circunstancias presentes.
Los hábitos son necesarios: ahorran tiempo y energía;
sin ellos tendríamos que armar nuestras respuestas desde cero para cada
situación. Los hábitos nos permiten anticiparnos
a los cambios y por lo tanto estar listos para responder de alguna forma que ya
probamos funciona.
Todas mis respuestas habituales fueron en algún
momento respuestas nuevas que me solucionaron algún problema o desafío. Como
funcionaron elegí repetirlas una y otra vez, cada vez que una situación o
desafío parecido se me presentó. Con cada éxito (relativo o absoluto) mi
sistema se fue convenciendo que a este comportamiento valía la pena grabarlo y
cementarlo, hacerlo automático, y por tanto lo fue pasando de una respuesta
consciente a una respuesta sub-consciente.
Este pasaje de comportamientos del plano consciente al
subconsciente o automático, es vital para ahorrar energía y tiempo. Si no me
crees, imaginate lo complicada que sería tu vida si todos los días tuvieses que
pensar qué acciones seguir para lavarte los dientes, ponerte las medias o
llevarte comida a la boca.
El problema es que una vez que una respuesta se vuelve
automática por lo general dejamos de observarla. Al dejar de observarla dejamos
de medir su eficiencia e incluso su efectividad. Y lo que comenzó como una
posible respuesta ante una desafío particular, se vuelve la única respuesta en
mi repertorio ante todos los desafíos similares.
Este constante repetición de ciertos movimiento
(piensa nomás cuántas veces al día te paras, te sientas, caminas, levantas los
brazos, etc.), que recluta los mismos músculos en las misma secuencia una y
otra vez, acaba moldeando mi piel, mis huesos, mis músculos, mis tejidos
conectivos, mi forma toda.
Mis respuestas automáticas se convierten entonces no
sólo en los andamios ocultos sobre
los que construyo mis acciones en el mundo, mis reacciones a la vida, mis
rutinas diarias, sino también los andamios
ocultos sobre los que se modela la forma con la que me presento al mundo.
Y el mundo responde a esta forma que proyecto, y su
respuesta me confirma que esta forma es como soy, es quién soy: Moveo ergo sum.
El automatismo me vuelve ciega a mis hábitos, y por tanto me dominan y me definen.
¿Puedo ser
de otra forma?
Quiero creer que sí. Los andamios de mis acciones son ocultos sólo mientras no me dedique a
buscarlos y des-cubrirlos. Quizás
entonces pueda aprender a elegir y construir nuevas respuestas…
martes, 13 de enero de 2015
Es
difícil cambiar lo que no sabemos que existe. Para cambiar tenemos que saber qué cambiar, y para eso
tenemos que tener una experiencia que contraste con nuestro hábito: la experiencia de otra posibilidad.
Pero una vez que tenemos esta nueva experiencia ¿cómo hacemos para hacer
de ella un nuevo hábito? Por lo general, la sola experiencia de la nueva posibilidad no establece
el cambio. Es necesario grabar en el cerebro la nueva opción como una
conexión neurológica más fuerte que el viejo hábito.
Para ello contamos con tres herramientas: el deseo, la inhibición, y la
memoria.
La herramienta del deseo es la que nos mueve a recrear
la nueva experiencia, incluso cuando sería más “fácil y cómodo” hacer lo mismo de siempre.
El cambio es desestabilizante. Por eso tenemos que familiarizarnos con este
poder de “yo quiero”: ¿Qué quiero? ¿Por qué lo quiero? ¿Cómo se logra lo que
quiero? ¿Qué consecuencias trae conseguir lo que quiero?
La herramienta de la inhibición nos permite elegir a
qué acciones darles permiso y a cuáles negárselo. La inhibición está
intrínsecamente ligada al deseo, ya que implica “decirle que no” a lo que ya no
quiero, para poder “decirle que sí” al nuevo deseo. Necesitamos saber “qué
cosas” inhibir. Para ello debemos saber: ¿Qué elementos constituyen mi hábito?
La herramienta de la memoria es la que nos permite
recordar lo que queremos y lo que no queremos cuando realmente importa. Poder reclutar el
deseo y la inhibición para cambiar tus hábitos depende de la memoria. F.M.
Alexander supo decir que nuestro mayor problema a la hora de cambiar nuestros
hábitos es que “nos olvidamos de recordar.”
Recordar lo que queremos depende sobre todo de 2
factores: la fuerza del deseo y condiciones externas que nos ayuden a
recordar nuestro deseo. ¿Cómo puedo tener más presente mi deseo? ¿Cómo puedo
facilitarme cumplir con mi deseo?
En resumen, el primer paso para lograr un cambio de hábitos es familiarizarte
con tus tres herramientas básicas: Deseo,
Inhibición y Memoria.
viernes, 13 de junio de 2014
Decime la verdad, ¿cuántas veces viste un artículo que arranca con “cómo
hacer…”, lo ojeaste rapidito, le diste un “me gusta” en Facebook, lo
compartiste con tus amigas, tu madre, tus primas y tu hermana, recomendándoles
que lo prueben… y vos… NO HICISTE NADA con esa información?
No estás sola. Nos pasa a todos. Juntamos artículos y libros, vamos a
cursos y talleres, nos anotamos en clases, y recortamos las recetas y rutinas
de ejercicios que aparecen en las revistas… ¡Listo! Ya sabemos qué hacer. Entonces… ¿Por qué no lo estamos
haciendo?
¿Qué
súper-poderes necesito para finalmente hacer lo que me propuse?
Resulta que necesitás usar tus 3 súper-poderes:
1. El Poder de Saber QUÉ hacer:
Tenés que saber en qué y cómo invertir eficientemente tu energía para lograr tu propósito.
Tenés que saber en qué y cómo invertir eficientemente tu energía para lograr tu propósito.
2. El Poder de Saber qué NO hacer:
Una vez que decidiste qué hacer, vas a tener que averiguar cómo es que te saboteás a ti misma en tu propósito. Seguramente hay cosas que hacés de las que no sos consciente, pero que te interfieren y obstaculizan tu camino hacia tu propósito. Acá es donde la auto-observación se vuelve tu mejor aliada.
Una vez que decidiste qué hacer, vas a tener que averiguar cómo es que te saboteás a ti misma en tu propósito. Seguramente hay cosas que hacés de las que no sos consciente, pero que te interfieren y obstaculizan tu camino hacia tu propósito. Acá es donde la auto-observación se vuelve tu mejor aliada.
Saber qué hacer y qué no hacer son los primeros pasos.
Pero para que
finalmente hagas lo que te propusiste hacer, vas a necesitar una tercera
habilidad:
3. El Poder de RECORDAR lo que querés
hacer, y lo que no querés hacer, cuando realmente importa:
Toda tu auto-observación y análisis no te va a servir de nada si nunca te acordás de aplicar tus conclusiones. La mayoría de las veces que no hacemos lo que nos propusimos es simplemente porque ¡NO NOS ACORDAMOS DE HACERLO! Tenés que volverlo una prioridad. Tu cerebro necesita saber que esta actividad es prioritaria, para recordarte cuál es tu verdadero propósito cuando otra actividad está por interferirlo.
Toda tu auto-observación y análisis no te va a servir de nada si nunca te acordás de aplicar tus conclusiones. La mayoría de las veces que no hacemos lo que nos propusimos es simplemente porque ¡NO NOS ACORDAMOS DE HACERLO! Tenés que volverlo una prioridad. Tu cerebro necesita saber que esta actividad es prioritaria, para recordarte cuál es tu verdadero propósito cuando otra actividad está por interferirlo.
Todo muy bien con las palabras pero, para que esta
información te sea realmente útil…
HACÉ
ALGO CONCRETO CON ESTO:
Si lo que te
propusiste es hacer más ejercicio físico, pero no lo estás logrando… investigá
si lo que tenés es un desafío de:
1. SABER QUÉ HACER: Si no te
gusta hacer ejercicio, quizás lo que tenés que hacer es redefinir tu relación
con él. En este artículo te
cuento un poco sobre cómo podés a hacer esto.
2. SABER QUÉ NO HACER: Si te
gusta hacer ejercicio, pero no lográs tener constancia, necesitás investigar
qué es lo que te frena. ¿Cansancio?
¿Miedo al ridículo? ¿Dolor? ¿Falta de conocimientos básicos? ¿Un lugar,
profesor o grupo que te guste? Si descubrís lo que te está obstaculizando,
estás un paso más cerca de encontrarle solución.
3. SABER RECORDAR: Si ya
redefiniste tu propósito para moverte, ya elegiste una forma de movimiento que
te motiva, ya indagaste sobre los posibles obstáculos que te impiden arrancar y
ya tomaste medidas para removerlos, pero igual llega la hora de moverte y te
encontrás con que estás haciendo otra cosa… vas a necesitar ayudarte a recordar
tu propósito.
Tenés que volverlo una prioridad: ponete recordatorios, resaltalo en tu
agenda, dejate todo preparado, hacé lo que necesites para darle la orden a tu
cerebro que esto es IMPORTANTE para ti, y que por favor te lo recuerde cuando
estés por caer en tus hábitos.
Esto es todo por hoy. Ya podés darle “me gusta” al blog en Facebook y
compartilo con todos tus amigos. Pero no te olvides tú también de hacer algo
con esto… y contarme en el espacio para comentarios cómo te fue.
Victoria
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