viernes, 17 de enero de 2014
On 13:11 by Unknown No comments
¿Cuál es la
primera pregunta que te hacés cuando el cambio se aparece por tu vida?
Cuando algún cambio
estresante ocurre en mi vida mi primera reacción es mirar al cielo y sacudir mi
puño gritando, “¿POR QUÉ?"
Tres respuestas posibles:
el mundo está mal, yo estoy mal, o la culpa es compartida entre el mundo y yo.
Al menos, puedo trabajar en la parte que me corresponde a mí (que el mundo se
arregle sólo… ya lo traté de cambiar y no me resultó).
La siguiente pregunta que
se me aparece es: “¿PARA QUÉ?” Esto ya marca un cambio de perspectiva, un
movimiento del pasado hacia el futuro. Ahora puedo elegir conscientemente una
dirección para este cambio que está ocurriendo.
Pero no es suficiente.
Aunque tengo la dirección para el cambio, no tengo los medios para embarcarme
en ese camino. Estoy atrapada en mis viejos hábitos y una vez que la tormenta del cambio (ese momento
paradójicamente maravilloso cuando el verdadero cambio es posible porque todos
mis puntos de referencia quedan patas para arriba por un rato) pasa, vuelvo a
todos mis viejos patrones, consciente e inconscientemente buscando mis viejos
asideros para re-instalar mis viejas rutinas.
“¿CÓMO?” Ese pasa a ser mi nuevo grito de batalla. El cómo es la
clave de todo, el cómo es la llave
del poder.
Tomemos como ejemplo tu
computadora.
Seguramente tengas alguna
idea de por qué fue inventada; y seguro
sabés para qué la usas.
Pero, si se rompe, ¿sabés cómo arreglarla para que continúe cumpliendo
su por qué y su para qué?
Reconozco que yo sé casi
nada sobre cómo funcionan la mayoría
de las cosas que tengo. Confío que si alguna se rompe voy a tener un experto
confiable a una llamada de distancia que me arreglará el problema. Incluso a
veces es más fácil tirar el aparato roto y conseguirme uno nuevo que funcione.
Pero si se te rompen tus
cuerpos (mental, físico, emocional) no pueden reemplazarse con uno nuevo. Tus
cuerpos fueron diseñados originalmente para que se hagan auto-mantenimientos y
duren un buen rato si los usás según
el diseño (hay que leer el manual de uso). Incluso cuando no los usas según el diseño,
tus cuerpos igual se las ingenian para que llegues al final del día de la mejor
manera posible, hasta que finalmente dicen basta
y hacen caput.
En otras palabras, es importante que tengas un mínimo de
conocimiento sobre cómo funciona tu
cuerpo, cómo fue diseñado y por ende dónde es que lo estás forzando más allá
de sus capacidades de auto-regulación. Es también muy importante que te vuelvas más sensible a las señales que
tu cuerpo de manda para que sepas cómo
ayudarlo a auto-regularse en vez de entorpecerle el funcionamiento.
Tu cuerpo es un universo vasto
y variado, imposible de aprehender en su totalidad por una sola persona.
Entonces ¿en qué pequeña área de ese
universo podés enfocarte que te dará los mayores beneficios para tu totalidad?
Dos áreas interrelacionadas
(que en los hechos son sólo una) son las más importantes en lo que se refiere a
ayudarte a ti mismo: la postura y la
propiocepción.
Si tu postura sigue los
lineamientos estructurales de tu diseño, todo lo que está contenido dentro de
tu cuerpo estará ocupando su correcto espacio y funcionando con mayor facilidad.
Si tu postura va a contrapelo del diseño de mamá-natura, bueno, todo lo que
está adentro del cuerpo estará estirado o comprimido.
Por ejemplo, pensá en tu
casa. Si su estructura está un poco torcida, con paredes en ángulo, techo
caído, y pisos cual penillanura-suavemente-ondulada, tus muebles y
electrodomésticos van a vérselas difícil para mantenerse en posición y
funcionar correctamente. Necesitarías atar tu heladera a la pared (o pegarla
con poxipol) para que no se vaya deslizando hacia el living.
Entonces ¿cómo se cambia la postura?
Necesitás trabajar en afinar tu propiocepción. Cuanto más puedas sentir dónde están en el espacio y en relación
entre sí las diferentes partes de tu cuerpo, tanto más vas a poder disponerlas
en una alineación armoniosa. Si no podés sentir que estás deformándote, si las
señales de tensión, deformación, y tirantez no se registran en tu conciencia
(¡o peor! ¡se sienten bien!), vas a tener pocas chances de hacer algo con el
relajo que esas tensiones están creando en tu cuerpo y tu vida. Podrás quizás
sentir sus efectos (altos niveles de stress, ansiedad, depresión, mala postura,
dolores de espalda y cuello, etc.) pero no podrás hacer mucho por cambiarlos.
El cambio requiere de reconocimiento de aquello que
necesita ser cambiado.
¿Querés cambiar
tu postura?
Si tu respuesta es sí, te
dejo unos breves recordatorios de lo que el cambio requiere:
1.
Conciencia/Reconocimiento
de lo que necesita ser cambiado.
2.
Conocimiento
de cómo es que funciona lo que necesita cambiarse (esto te puede dar una pista
de por qué hasta ahora no lo has arreglar).
3.
Alguna
idea del punto clave alrededor del cual gira el cambio.
4.
Referencias
externas que te permitan medir tu proceso (¡espejos!).
5.
Un
profesor o guía y un grupo de práctica (estos te proveen de conocimiento,
feedback, motivación, y una sensación de pertenencia)
6.
Un plan
detallado sobre cómo lidiar con obstáculos específicos, de forma que estés
preparado cuando los gremlins de la tentación te susurren al oído.
7.
La
disposición para experimentar, equivocarte y aprender (¡mandá el perfeccionismo
al diablo! Si total no tenés ni idea cómo se ve ni se siente lo “perfecto”).
8.
Un deseo
profundo de cambiar (esto signfica que tú sos consciente de los efectos
insidiosos que tiene en tu vida esto-que-querés-cambiar… y no tu mamá, tu
pareja o tu médico)
9.
La
capacidad de recordar (la necesitamos para muchas partes del proceso… empezando
por recordar por qué te metiste en esto de querer cambiar).
¿Seguís con ganas de cambiar tu postura?
Si tu respuesta sigue
siendo sí, y vas a estar en Montevideo
(Uruguay) en Febrero entonces te
cuento...
Voy a estar haciendo una series de talleres sobre Postura para grupos muy reducidos (sólo
tú y una o dos amigas tuyas… para que sea entre casa la cosa y estemos todas
más relajadas).
Si te interesa, ingresá tu nombre y email en el formulario
que aparece encabezando la columna derecha del blog. Voy a estar mandando
la información la semana que viene. ¡No te lo pierdas que son poquitos lugares!
Abrazo
Victoria
---
Image
credits:
"Confusion Meter" by Stuart
Miles /freedigitalphotos.net
viernes, 10 de enero de 2014
On 12:53 by Unknown 2 comments
¿Te hiciste una lista de resoluciones u objetivos para el
2014?
Yo sí. Una larga lista. Los escribí prolijamente en mi diario. Durante
la segunda mitad de diciembre del año pasado me las pasé agregando nuevos mini
objetivos a mi lista, a medida que se me iba acordando de todo lo que quiero
lograr en el 2014.
·
Dejar
de tomar Coca Light
·
Meditar cada mañana y noche
·
Hacer yoga cada mañana
·
Bloguear con mayor
asiduidad
Y la lista seguía y seguía…
Hoy es 10 de enero. ¿Cuántas de tus resoluciones u
objetivos siguen en pie?
Lamento informar que de los míos sólo uno se mantiene a
flote, y esto se debe a que es para el único que tenía un plan accionable y
detallado para seguir diariamente Y ADEMÁS me motiva mucho: puedo ver su valor.
¿El resto? Bueno, se hundieron como el Titanic cuando se
chocaron con el primer iceberg motivacional.
¿Qué tan familiar te resulta esta situación?
Para mí es un tema de cada año. Una parte mía incluso se
estuvo riendo socarronamente mientras escribía mis objetivos en diciembre. Me
decía, “Acá vamos devuelta como cada año. ¿Cuánto te va a durar esto Vicky? Le doy un día. Como máximo.” La otra parte mía se mantenía firme en su
planificación y listado de altos ideales (a esa parte le encantan las listas),
ignorando los comentarios sarcásticos de la voz dentro suyo. “Este año estoy
realmente motivada,” pensaba, “y realmente veo el valor de instalar estos
hábitos en mi vida.”
Pero ¿tenía yo un plan específico para lidiar con los
icebergs motivacionales?
Te explico lo que son estos icebergs motivacionales. La parte tuya
que hace la lista de objetivos y metas y se entusiasma toda con los beneficios
que logrará al conquistarlos NO ES la parte tuya que va a estar haciendo el
trabajo en última instancia. (Escribí ya sobre este problema de personalidades
múltiples en otro post.) La parte planificadora NO es la parte
ejecutante; y la mayor parte del tiempo a la parte ejecutante NO le entusiasman
los planes de la parte planificadora.
¿Por qué es que a la parte
ejecutante no le divierten los planes de la parte planificadora?
Porque la parte planificadora por lo general no deja
instrucciones precisas y concretas sobre cómo seguir ejecutando el plan cuando
aparecen los icebergs motivacionales. Cuando todo está lindo y soleado, a la
parte ejecutante le gustan (o al menos no le molestan) los planes de la parte
planificadora. Pero, pronto, aparecen los obstáculos: estás cansada, con sueño
o hambre o aburrimiento, tu motivación anda bajísima, no tenés ganas de hacer nada, etc. Estos obstáculos imprevistos podrían haber sido fácilmente
previstos (después de todo son bastante obvios) y se podría haber planificado
cómo sortearlos.
¿Qué hacer entonces?
Primero, reducí
el número de objetivos que te propusiste. Enfocarte en UN objetivo, UN
hábito a instalar, será más fácil de manejar y planificar. Esto también
mantendrá tu energía enfocada en un objetivo en vez de dispersa en demasiados,
con la consecuencia de que acabás no llevando a cabo ninguno.
Segundo, planificá cómo vas a manejar los icebergs
motivacionales relativos a tu objetivo. ¿Qué cosas son las que son
propensas a descarrilarte? ¿Qué necesitás preparar y planificar con antelación
para ayudarte a sobrellevarlas?
Una de las mejores maneras de hacer esto es manipulando
tus condiciones externas para que te estimulen hacia tu objetivo, en vez de
complicarte la ejecución. Por ejemplo, si yo me hubiese tomado en serio el
objetivo de hacer yoga cada mañana, tendría que haber dejado mi yoga mat lista
en el living la noche anterior, con el espacio preparado, mi compu con mi video
de yoga favorito listo para poner play, mi ropa de gimnasia prolijamente
dispuesta certa de mi cama de tal forma que sea la primera cosa que veo al
despertarme, mi despertador puesto para sonar a la hora correspondiente, etc.
Así que pensá, ¿cómo podés manipular tus condiciones
externas para que te ayuden a mantenerte enfocada en tu objetivo?
Tercero, encontrá
cómplices, o sea, un grupo. Esto
es importantísimo para poder sortear los icebergs motivacionales. Puede ser tan
sólo una persona con quien compartís el proceso, no es necesario involucrar a
todos tus amigos y toda la familia (aunque cuantos más te apoyen y compartan tu
camino, mejor, claro está).
Cuarto, adquirí el conocimiento necesario, o sea, encontrá
un profesor. Puede ser realmente frustrante el tratar de
cambiar algo o hacer algo nuevo si no tenés el conocimiento necesario para
realmente progresar en tu camino. ¡Podrías incluso estar trabajando con
información equivocada para tu objetivo en particular! Por ejemplo, si yo
tuviese una hernia lumbar o estenosis de columna, o alguna otra patología de la
columna vertebral, realmente necesitaría conseguir un muy buen profesor de yoga
que supiese del tema antes de largarme a hacer las poses (y claro, ¡antes
debería consultar a un médico!). Mi profesor puede entonces diseñarme un
programa de posturas que se ajuste a mis objetivos y condiciones particulares.
Mejor aún, puedo retornar regularmente a clases con ella para medir mi
progreso, recibir nuevo conocimiento, y corregir cualquier desviación o mal
hábito que haya adquirido al practicar sola.
¿Es corregir tu postura uno
de tus objetivos para el 2014?
¿Te gustaría que lo fuese?
Si tu respuesta es sí, y estarás en Montevideo (Uruguay) en Febrero, te dejo la siguiente invitación.
Voy a estar haciendo una
serie de talleres de 3 horas sobre Postura,
Propiocepción y Respiración para grupos muy reducidos (sólo tú y una/o o dos e tus amigas/os).
Si te interesa, ingresá
tu nombre y tu dirección de email en el formulario que aparece en la esquina
superior derecha de este blog, y recibirás toda la información relevante en
las próximas semanas.
Nos vemos la próxima semana.
Abrazo.
Victoria
--
Image credit: "Titanic Ship Sinking At Night" by Victor
Habbick /freedigitalphotos.net
viernes, 20 de diciembre de 2013
On 10:55 by Unknown No comments
El domingo pasado tome mi última clase de Técnica
Alexander del año con mi mentora. Ella se estará volviendo para Inglaterra pronto,
y no volverá a Uruguay hasta tarde en el 2014. Así que decidí que tenía que aprovecharla lo más posible
antes de que se vaya.
Ese fue mi error.
Cuando funciono desde una mentalidad de escasez
no aprovecho las cosas. Estoy simplemente siendo una glotona, tratando de
ingerir todo lo posible con la esperanza de que se digerirá solo a su tiempo, y
que podré utilizar los resultados luego. ¡Suerte en pila! Generalmente, NO se
asimila en absoluto.
Me di cuenta de mi error cuando mi profesora
me pregunta (dándome una buena dosis de mi propia medicina) “Bueno Vicky, ¿qué
es lo que TU querés investigar hoy?”Un poco nerviosa de que me hayan atrapado
sin una pregunta energizada, dije algo vago sobre lograr más apreciación
sensorial en mi lordosis lumbo-sacra.
En seguida me di cuenta de lo no-específico
de mi pedido, y cuán desconectado estaba de una función real… y sobre todo,
cuán apagada sonaba mi voz al hacer el pedido. Esa pregunta simplemente no
tenía vida dentro mío.
Verás, en mi última clase con mi profe
habíamos estado investigando esta área en particular. Pero no la habíamos
investigado porque sí, habíamos llegado a ella por una pregunta muy específica
que yo le hice sobre otra cosa… Investigar la mecánica de la lordosis
lumbo-sacra fue el resultado de la investigación de mi pregunta original, y no
el origen de la cosa.
Al terminar aquella clase (hace más de un
mes) me había llevado un montón de información nueva, con la que estuve
trabajando sola, investigando, jugando.
Pero, (como dije la semana pasada), a esta
altura del año estoy un poco cansada. Definitivamente he dejado todas las
investigaciones intricadas de mis cuerpos físicos, mentales y emocionales para
después de las fiestas, cuando esté un poco más descansada y lista para
zambullirme dentro de alguna jugosa pregunta sobre el uso de mis cuerpos. Pero
en este momento… en este momento honestamente la lordosis lumbo-sacra me es
absolutamente indiferente.
Pero mi “mentalidad de escasez” me atrapó
cuando pensé que no estaré viendo a mi mentora por más de nueve meses. Así que
insistí en arrastrarme a mí misma y a ella por una clase de Técnica Alexander
en un día de calor extremo. Y tengo que asumir que yo ni siquiera estaba dando
mi 50% correspondiente al encuentro.
Entonces me pregunta mi profe luego de
ayudarme a soltar la bendita zona lumbo-sacra, “¿En qué actividad querés mirar
ahora a la mecánica de esta zona? Porque ya lo sabés Vicky, que las cosas sólo
cobran sentido en función, si no, es pura abstracción.”
Segundo foul.
Acá es donde mi cuenta que mi propio karma me
está persiguiendo. Yo me he pasado el año entero blogueando sobre cómo es
necesario mirar a las cosas en su contexto, de lo importante que es tener una
pregunta que te apasiona sobre algo específico, de forma de poder extraer la
lección universal desde un lugar de interés personal; y sólo así es que puedes
anclar firmemente la lección en tu experiencia personal.
Y aquí estaba yo, balbuceando de que no tenía ni la más pálida idea de en qué función
quería investigar a la mecánica lumbo-sacral; sintiéndome además como una
completa idiota y dándome cuenta que la lordosis lumbo-sacra en ese momento ME
IMPORTABA UN BLEDO.
Mi profe dijo un montón de cosas interesante
durante la clase. Yo, claro está, no me puedo acordar de casi nada en este
momento, porque no estaba 100% presente en mi lección. Eventualmente decidimos
terminar la clase e ir a almorzar y bañarnos en la piscina… ¡Ah! ¡Eso sí que
estaba bien vivito para mí!
¿Qué tiene que ver todo esto contigo?
Es ESE momento del año. Estamos todos
corriendo como pollos sin cabeza tratando de hacer todo lo que podamos antes de
que lleguen las fiestas y el fin de año. De repente nos acordaos de TODO lo que
tendríamos que haber hecho antes del final del 2013, y estamos como
enloquecidos tratando de apretar todo lo que podamos en las últimas semanas y
días antes de la Noche Vieja.
Así que
pará. Respirá. El mundo NO SE ESTÁ ACABANDO. Todo lo que
tenés que hacer va a seguir en tu lista de todos modos en la mañana del 1ero de
Enero del 2014; y seguramente puede esperara a que hayas descansado y acomodado
tu cabeza antes de que encares esos temas.
Así que
pará. Respiraá. Pensá en qué preguntas ESTÁN REALEMNTE VIVAS
en ti en este momento. ¿Qué te apasiona AHORA? Quizás sea descansar, o
reconectar con seres queridos para las fiestas, o comprar regalos de Navidad, o
disfrutar del ambiente festivo (y la rica comida).
Deshacete de la mentalidad de escasez que te
tensa, te arruga, te aprieta. Cambiate a la mentalidad de la abundancia que te
abre, te libera, de ensancha y te elonga, y te expande en todos los sentidos.
Yo sé que hubiese sido más productivo el
pasar mi tiempo con mi mentora simplemente ESTANDO allí con ella, disfrutando
de su compañía. Después de todo, es a ELLA que voy a extrañar. Empaparme en su
presencia (y en su piscina) era lo que estaba vivo en mí ese día. (…Porque ¿a
quién le importa la lordosis lumbo-sacra?)
¡Feliz Navidad a todos y un Muy Feliz Año
Nuevo!
¡Así que andá a amar a alguien, descansar y
disfrutar de la buena comida de las fiestas!
Victoria
--
"Cloud Question
Mark" courtesy of Ventrilock / FreeDigitalPhotos.net
"Christmas Greeting Card11"courtesy
of gubgib / FreeDigitalPhotos.net
sábado, 14 de diciembre de 2013
On 16:15 by Unknown No comments
“No me siento con
ganas de hacer esto hoy.”
¿Has tenido este pensamiento alguna vez?
Se te aparece justo cuando
sabés que deberías estar haciendo algo que es “bueno” para ti. Y no estoy
hablando de la típica excusa haragana. Hablo de esas veces cuando aparece el
pensamiento más como un pedido físico a la no-acción; y se crea una gran
batalla dentro tuyo. Si lo ignorás y hacés la cosa de todas formas, es como si
hubieses traicionado uno de tus anhelos más profundos sólo por seguir tus supuestos
“principios”. Si le prestás atención y no hacés lo que deberías hacer, la culpa
viene rápidamente a aplastarte con su peso.
Esa era mi situación ayer
mientras rumiaba la decisión de escribir o no mi blog. “Es fin
de año. Estoy cansada. Nadie lo está leyendo,
al menos no a esta altura del año que están todos en otra…” Mi lista de excusas
era larga, pero no tenían validez alguna; la única verdad era que, “Simplemente
no me siento con ganas de escribir
hoy”, y eso a pesar de que ya tenía el blog a medio-escribir, y era sobre un
tema que me apasiona: fines, medios y espejos.
Pero, “No me siento con ganas hoy.”
Entonces paré y escuché lo
que me estaba diciendo a mí misma. “No me siento con ganas de escribir hoy.” Interesante elección de palabras. Eran
ciertas, no me sentía con ganas para
nada en ese momento. Sentía ganas en verdad de dormir una siesta (lo hice),
comer porquerías (admito que lo hice también) y leer una novela para no pensar
en nada por un rato (lo hice). Me fui a dormir de noche sintiéndome culpable,
pero prometiéndome que escribiría el blog al día siguiente.
Sábado. Me desperté e hice
un montón de nada por un rato. Y todavía el pensamiento me perseguía
insistente, “Tendrías que escribir tu blog hoy Vicky”. “No me siento con ganas hoy tampoco,” me dije
airosa, y aplasté el pensamiento molesto bajo la lectura de un par de capítulos
más de la novela que había empezado ayer. Pero, el pensamiento apareceía una y
otra vez, así que decidí finalmente mirarlo de frente.
Verás, es que soy de esas
personas que se toman en serio eso de escuchar a sus voces internas. Estas
voces se las pasan discutiendo entre ellas, pero trato de encontrar cuál es la
que está defendiendo mis mejores intereses en ese día en particular… y cuáles
son simplemente viejos hábitos queriendo instalarse.
Ayer era verdad, estaba realmente cansada, me sentía mal,
mi mente estaba completamente fuera de servicio… necesitaba un descanso urgente
(y cuando duermo una siesta de varias horas, sé que mi cuerpo necesitaba un descanso…
porque no soy de dormir siestas). Así que ayer era cierto, no me sentía con ganas de escribir mi blog, y
era una sensación de todo mi cuerpo,
una especie de mensaje de mi ser completo que gritaba “PARÁ O TE VAS A QUEBRAR”.
Pero hoy, hoy era otra
cosa. La sensación de no querer
escribir mi blog era más una reacción
habitual, una resistencia típica a realizar trabajao que estaba
aprovechándose de mi muy honesta capitulación al descanso de ayer. Así que
agarré al mocoso gremlin de la oreja y le dije que se comportara o lo iba a
tener escribiendo blogs todos los días por un mes. Se fue ofuscado a un rincón
y me sentí libre de prender la computadora y sentarme a escribir.
¿Qué tiene todo esto que ver con la Técnica Alexander?
Todos tenemos sensaciones y
sentimiento, y son guías fantásticas para tener en cuenta. Sin embargo, las
sensaciones y sentimientos pueden ser gremlins tramposos, y tendrías que tomar
sus consejos con un grano de sal. Es por eso que ayuda el tener claros tus principios,
algo hacia lo que referirte cuando tus sentimientos se transforman en gremlins.
Tus principios son como un
espejo o un maestro; te harán saber inmediatamente cuando te estás yendo de
rumbo. Claro que sos libre de irte a donde quieras, pero ellos estarán allí
para recordarte cuál era tu intención original; y mantendrán alta esa bandera
todo el tiempo que necesites. Son tu faro que te guía de vuelta al curso que te
habías planteado cuando estés listo para ello. Sin juicios, solo recordatorios
de lo que tú dijiste que tú querías.
En mi caso era claro. Ayer,
mis sensaciones y sentimientos estaban siendo los campeones de mis principios:
yo creo fielmente en cuidar de mí misma, en cuidar de mi cuerpo, mente y alma,
y eso a veces quiere decir tomarme un DESCANSO. Hoy mis sensaciones y
sentimientos estaban comportándose como gremlins: yo creo en la
auto-disciplina, en ser fiel a mis compromisos; y luego de una noche de
descanso y un día entero de ocio no tenía ya ninguna excusa valedera para
justificar mi haraganería.
Entonces, ¿cómo distinguir una sensación confinable de
un gremlin?
Tres opciones para manejar:
1.
Escuchate a ti mismo. No escuches, las
excusas en tu cabeza: tu mente es excelente justificadora de cualquier acción
que decidas tomar emocionalmente; así que no puedes tomarte tus pensamientos
demasiado en serio. Lo que quiero decir es que escuches a tu ser completo. Es la sensación que tienes algo de todo
tu ser, un sentimiento sobrecogedor o simplemente un molesto gremlin?
2.
Recuerda tus principios fundamentales. ¿Qué tan alineada está esta sensación sobrecogedora con
tus ideales? Recuerda que una adicción puede hacerte sentir que realmente
necesitas algo que en verdad va en contra de tus principios fundamentales.
3.
Busca ayuda externa. Es difícil a veces decidir por ti mismo entre
sensaciones que compiten entre sí, porque estás atrapado en tus hábitos de
pensamiento, movimiento y emoción, y no puedes percibir la cuestión en su
contexto más amplio. Así que encuentra a alguien que pueda ayudarte a arrojar
luz sobre áreas que no estés viendo.
Ya es casi fin de año, y
estamos todos cansados y sobregirados (al menos así parece aquí en Montevideo).
Así que recuerda escuchar a tu cuerpo cuando te pide que pares, mantener tus
principios en mente cuando sentís que querés mandar a todo y todos al demonio,
e irte a tomar un té o café con una amiga cuando ya no puedes manejar tu propia
confusión existencial.
Y si los gremlins no me
atrapan la semana que viene, estaré escribiendo el prometido blog sobre fines,
medios y espejos.
¡Felices fiestas!
Victoria
viernes, 6 de diciembre de 2013
On 18:39 by Unknown No comments
Comprendo completamente esta pregunta. Dado
que me encanta aprender nuevas cosas sea leyendo, mirando o escuchando, me he
hecho esa misma pregunta varias veces. Para deleite de mi alumna-interna y
frustración de mi profesora-interna, he encontrado 4 buenas razones para ir a
clases que enseña otro profesor.
1. Un profesor experimentado en lo que tú estás tratando de
aprender puede percibir lo que tú no puedes… y eso te ahorra tiempo y
frustración.
Aunque me encanta aprender por mi propia
cuenta, tengo que reconocer que a veces puede resultar un proceso largo y
tortuoso, en especial cuando me tranco y tengo que experimentar con miles de
posibles variables antes de dar con la que necesita ajustarse. Así que ahora,
cuando me encuentro trancada en mi progreso, busco a alguien que llene dos
criterios básicos:
a. Es bueno en aquello en lo que yo quiero ser buena (este
criterio me ayuda a elegir una persona que ya ha caminado el camino que yo
quiero recorrer y por tanto ya se ha encontrado y sobrepuesto a al menos
algunos de los obstáculos que yo me estoy encontrando)
b. Sabe enseñar aquello en lo que yo quiero ser buena (este
criterio me ayuda a evitar a aquellos grandes ejecutantes cuya mejor explicación
sobre cómo llegar a ejecutar como ellos es “bueno dejame mostrarte cómo lo hago”.
No necesito que me muestres cómo tú lo
hacés bien, necesito que me expliques
lo qué yo estoy haciendo mal.)
En la jerga de la Técnica Alexander a la
gente le gusta hablar de “falsa apreciación sensorial” en el alumno. No me
gusta esa terminología , porque en mi mundo la palabra “falsa” implica que el profesor
tiene la “verdadera” apreciación sensorial… y eso es simplemente ridículo.
Los profesores no tienen la verdad. Lo que
los profesores tienen es experiencia en el camino que tú estás tratando de
recorrer. Tener más experiencia es algo así como tener más perspectiva. Por eso,
vas a un profesor para que te ayude a ampliar tu perspectiva. Y con una mejor perspectiva, podés ver cómo es
que encajan las piezas.
Una buena analogía sería la del puzle o rompecabezas.
Imaginate que estás armando uno y te trancas porque tenés un montón de piezas
azules que crean la imagen de un mar, y de repente te encontrás con una pieza
verde que parece ser de una imagen con pasto. Aunque tratás y tratás, no encaja
el pasto en el mar. Entonces, viene alguien que ya hizo ese mismo puzle antes
que tú y te dice, “¡Uy no! La imagen total no es una paisaje marítimo, es un paisaje de un lago, y el pasto iba abajo a la izquierda.”
2. Un profesor puede hacerse cargo de ciertas cosas para que
tú te puedas hacer cargo de otras cosas… y eso te ahorra energía.
Siendo
un poco demasiado orgullosa para mi propio bien, a veces me creo que “Yo me
puedo encargar de todo”, o peor, “Yo debería
poder encargarme de todo, porque si no, no soy lo suficientemente buena”.
Bueno, esa es simplemente una actitud detestable.
La
verdad es que todo es un sistema dinámico, y en todo sistema dinámico cada
parte tiene su rol. Tú necesitas cumplir tu rol de la mejor manera que puedas,
pero realmente no deberías tratar de
cumplir el rol de todos los demás.
Imaginate
si fueses a ver Romeo y Julieta de
Shakespeare y la actriz que hace de Julieta decidiese de repente que en verdad
no necesita al actor que cumple el rol de Romeo; ella puede cumplir ambos
roles. Bueno, puede que de allí surja una adaptación interesante de la obra
original… pero ya no sería el Romeo y
Julieta de Shakespare.
En una situación de aprendizaje pasa algo
similar. Por ejemplo, cuando yo
estoy en el rol de alumna de Pilates no quiero
tener que gastar energía mental decidiendo cuál ejercicio hacer luego de que
complete el que está en curso. Lo que quiero es poder concentrarme en mi ejecución,
en mejorar mi performance y control corporal. Confío en que la instructora va a
cumplir con su rol también, y por lo tanto ella sabrá tanto cómo darme una
secuencia coherente de ejercicios a realizar, y cómo corregirme la ejecución de
esos ejercicios.
3. Un profesor puede hacerte re-evaluar tus preconceptos sobre
lo que se está aprendiendo y enseñando… y eso te lleva al próximo nivel.
Esto
es en verdad una variante del punto número 1, aunque una variante un tanto
incómoda para ser honestos. No vayas a este tipo de profesor a no ser que estés
buscando un sacudón que te saque de tu complacencia (o si sos un masoquista por
naturaleza).
A
veces me encanta que me desafíen y me saquen de mi complacencia. Esto me ocurre
generalmente cuando me estoy volviendo demasiado confiada de mis conocimientos
y progreso. Es entonces que busco un profesor cuyo encare o estilo es
diametralmente opuesto al mío. El profesor entonces me sacudirá todas las ideas
(probablemente me enoje un poco, pero puedo bancarlo) y me abrirá los ojos a
nuevas posibilidades. Esto no quiere decir que yo tenga que adoptar toda su
filosofía y abandonar la mía. Lo que ocurre es que se expanden mis horizontes.
Pero,
a veces todo lo que necesito es aprender el tema o avanzar en el tema; no necesito
que me sacudan y paren de cabeza cuando no estoy ni siquiera segura de dónde
está mi cabeza en primer lugar. Si sé que el estilo de enseñanza del profesor
es del tipo des-estructurador, entonces me aseguro que como alumna sé en lo que
me estoy metiendo, que el profesor puede explicar satisfactoriamente sus
razones para utilizar los métodos que utiliza, y que estoy de acuerdo con él en
algún nivel. Si no… salgo corriendo, y rápido.
4. Ir a clase te da una fuente regular de feedback sobre tu
progreso… y eso te ayuda a mantenerte al firme en tu camino cuando la cosa se
pone dura.
El aprendizaje se puede dar en forma
individual o grupal. Sea cual fuere la forma, cuando me anoto para clases en
algo con un profesor no estoy solamente aprovechándome de su experiencia en la
materia, también estoy aprovechándome de dos importantes extras.
Para empezar, ir a clases me da una fuente
regular de feedback. Todo lo que uno hace con regularidad se acaba volviendo un
hábito (es parte de nuestra neurología), y por eso es bueno tener una fuente
regular de feedback sobre lo que estás haciendo para no estar habituando patrones
inadecuados. Esos pequeños ajustes que se realizan clase a clase me mantienen
en un camino más recto hacia mi objetivo.
Además, el ir a clase significa que es más
probable que haga uso de lo que aprendí entre clases. Esto ocurre por dos
razones:
1) Me gusta tener algo nuevo para investigar
en mi próxima clase, me gusta progresar;
2) Seamos honestos, está bueno tener una
fuente externa de motivación… ¿a quién le gusta llegar a clase y tener que
admitir que otra vez no hizo los deberes?
Y como un extra de extras, si las clases son grupales, tenés además todo el aspecto comunitario. Simplemente se siente bien formar parte de un grupo
que comparte tu entusiasmo por algo. Cuando estás aprendiendo con otros, también estás aprendiendo de los otros (¿quién dijo que tu único
profesor tiene que ser el que está a cargo del grupo?) y también estás
construyendo relaciones (y este es uno de los componentes de una vida feliz).
Así que ahora andá, tomás esa cosa en la que
querés mejorar, y buscate un profesor de
Técnica Alexander. Es muy probable que te pueda ayudar a destrabarte (después de todo, usamos nuestro cuerpo para todo, ¿no es
cierto?)
Como siempre, los comentarios,
las preguntas y los contra-argumentos son bienvenidos. Sentite libre de
compartir tus pensamientos en el espacio para comentarios que aparece abajo. Todos
aprendemos de todos, y tu comentario bien podría ser el momento “¡a-ha!” del
siguiente lector. ¡Comparte la riqueza! ;-)
Victoria J
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